¿Qué hacer con el PRI?

El señor Alito amenaza con “exhibir” a algunos de sus compañeros de partido que no están de acuerdo con la entrega que hizo de su proyecto a AMLO.



Nada, no se puede hacer nada. Hay que dejarlos que arreglen o desarreglen sus cosas solitos, sin ayuda.

¿Qué hacer con el PRI? Esta pregunta parece rondar por varios lados. Una vez que ha quedado clara la inviabilidad de la alianza con ese partido, vendrá la revuelta interna y ahí pues no hay mucho que hacer. Comprar palomitas, echarle porras a alguien. Cosas que tienen que ver más con un evento pugilístico que con un asunto político-electoral.

El pleito será duro. La última vez que se pelearon en serio en ese partido acabaron asesinados su candidato a la Presidencia y el secretario general. Mala cosa para la política y la vida nacional si se repite un pleito de esas dimensiones. Las acusaciones van y vienen. El señor Alito, que es un impresentable, incluso en el PRI –lo que nos habla del tamaño demencial del malhechor–, amenaza con “exhibir” a algunos de sus compañeros de partido que no están de acuerdo con la entrega que hizo de su proyecto al presidente López Obrador. Uno de los casos de abyección más notorios de las últimas épocas.

Todo indica que la oposición interna para el actual presidente del PRI está formada por varios expresidentes de ese partido y del grupo parlamentario en el Senado, que lidera Osorio Chong, archienemigo del señor Alito. Ese pleito no será un intercambio de algodones ni un pleito en el ágora griega. La cosa será de arrabal, navajazo y lodazal. No es para menos. El líder de su partido ya le dijo al conjunto en el Senado que nunca se paran en una campaña, que Monreal es más oposición que ellos y cosas de esas. Es probable que la bancada senatorial priista, junto con algunos otros elementos priistas que ahorita no participan de la vida pública, forme la línea neoliberal de ese instituto político. El señor Alito y el señor Moreira ya dijeron que ellos están con el pueblo y, por lo tanto, con López Obrador. No será fácil que quiten a estos dos individuos de sus cargos. Posiblemente se animen, más bien, a emprender una campaña en contra de sus compañeros rebeldes que, muchos de ellos, sirvieron en el gobierno anterior y tienen gran amistad con ciertos panistas. Era lo que se conoció como el PRIAN, que al parecer ha llegado a su fin de esta manera.

La rendición del señor Alito al presidente López Obrador no nos debiera llamar la atención. Lo que hizo fue de lo más priista que se puede ver: entregarse al presidente. Al priismo históricamente lo aglutina el poder, y los presidentes son los grandes detentores del poder. Para bien o para mal, los presidentes, tanto los panistas como AMLO, han necesitado del acercamiento, el apoyo, la negociación con el priismo, y éste ha ido, en ocasiones para salvar el cuello, en otras para recuperarse de la derrota y algunas más por puro oficio político. Claro que las formas siempre contaron. Hay un abismo entre la manera de operar, de comportarse en público y en privado, de, por ejemplo, Manlio y Gamboa, que las del señor Alito y Rubén Moreira. Estos últimos son una genuina expresión cavernícola de la política, la versión troglodita de cualquier manual de negociación.

No se puede hacer gran cosa por el PRI. Depende absolutamente de ellos, de lo que hagan y decidan para Coahuila y Edomex y respecto a su directiva –que, de entrada, ya les atrofió la alianza en esos estados–. Es posible que el PRI tenga ya las horas contadas como un partido fuerte y de presencia nacional. Tenderá a diluirse, a desaparecer. Y les quedará ser oposición testimonial y llenar huecos de otros partidos. No es una lástima, no es una pena, es algo lógico en la vida de un partido que se inventó y reinventó en el poder y ahora ya no tiene a dónde ir. Suele suceder.

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