Los chavorrucos

Doña Claudia va a cumplir 60 años en unos días. No es precisamente una castañuela, una mujer que se vea “bien chispa”, “a toda madre”, salerosa y platicadora, amable y dicharachera.



La verdad es que llegada cierta edad debiéramos pasar a alguna oficina donde, a la par de informes sobre la pensión, tratamientos geriátricos, casas de retiro y cosas por el estilo, se entreguen algunas dosis de sentido del decoro y de amor propio.

Esto viene a colación por la irrupción de las corcholatas en las redes sociales. Estamos hablando de personas que no son precisamente unos jovenazos. Y no está mal, no es crítica, yo tampoco lo soy. Tratar de parecer alivianados, “buena onda”, de estar al tanto de lo que sucede en la actualidad y aparentar ser moderno en toda la extensión de la palabra es algo que no les queda.

Doña Claudia va a cumplir 60 años en unos días. No es precisamente una castañuela, una mujer que se vea “bien chispa”, “a toda madre”, salerosa y platicadora, amable y dicharachera. Y no tiene por qué serlo. Sus atributos para ser candidata –o corcholata, como les dice el presidente despectivamente– son otros. Muy serios, por cierto: mujer de ciencia, dedicada, consistente con sus causas y motivaciones. Pero claro, los asesores –porque siempre dicen que son los asesores– los obligan a hacer videos, bailes: “osos” en redes sociales para generar likes y “tener alcance”. De esa manera pusieron a doña Claudia a transmitir un video espantoso, tremendamente aburrido, en el que la señora se veía más incómoda que en una reunión con panistas. Por supuesto, no digo que pongan a Sheinbaum a explicar problemas de física en Twitter, pero tampoco creo que fuera necesario hacerle pasar tremendo papelón. Hay quienes dicen y argumentan el éxito de Mariana Rodríguez –cuyo esposo es gobernador de Nuevo León–, y sí, es exitosa y es todo un caso. Pero, para empezar, tiene 26 años, las redes le quedan y se mueve con facilidad en ellas. No es el caso de la señora que gobierna la CDMX.

Marcelo está para llorar. Se ve que no tiene idea del asunto. Invitó a que le escribieran “Whats’up”, luego sacó un video en el que anunciaba que asistiría a una junta que no recordó de qué se trataba y prometió contestar los mensajes que le llegaran. Ya en la campaña de 2018 fue objeto de burla porque contestó un tuit fake de una artista porno que pedía oportunidades para estudiar y él le comentó que habría grandes planes con AMLO. Desde hace años se comentaba que Marcelo “no tenía buena tele”, esto es que no pasaba bien por las cámaras. Así hay personas. Al parecer tampoco tiene “buenas redes”. Marcelo tiene 62 años. Quizás ya no está en situación de andarse haciendo el alivianado, el que “trae onda”. Mejor que saque sus fotos con Salinas de Gortari para que se arme debate del bueno.

Adán Augusto promete armar momentos de risa loca. Al parecer el tipo es simpático, según dicen. El hombre tiene 58 años. Se ve que le vale madre la carrera de corcholatas, pero está contento echando desmadre sin miedo al qué dirán, con todo rumbo al éxito. Llegó tarde pero sin sueño, como dicen por ahí, y ya prometió, él sí, contestar mensajes y estar presente en la onda de las redes.

Lo dicho. Para todo hay edades. Creel y Zaldívar son también ejemplos de videos que mueven a la compasión con ellos y a tratar de entender que pasan por momentos difíciles. Uno puso un video haciendo ejercicio en un gimnasio vacío y el otro sacó uno en el que explica por qué toma leche o una bebida parecida. En fin, se sabe que para la decadencia no hay límite, aunque algo divertido puede traer.


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