Malditos noruegos

Sheinbaum ha descubierto ante el mundo a los noruegos, pues entregaron un informe “deficiente, mal ejecutado, tendencioso y falso”, “un caminito ligado a Mexicanos contra la Corrupción”.



Primero fueron los españoles que desde hace siglos han saqueado a este noble pueblo mexicano. Se robaron el oro, las maderas preciosas, todo lo que encontraron se lo llevaron. No contentos con eso, han continuado su irrefrenable vocación por el bandidaje y se han apoderado –o eso han pretendido– de nuestra energía. Incluso la solar, ¡se roban los rayos de sol mexicanos!, y también el viento, se llevan el viento dizque para generar energía eólica. Pura robadera. Ya se les reclamó de manera directa y contundente.

Pero el mundo es grande y el mal habita en el hombre, eso se sabe desde tiempos inmemoriales y nuestro señor presidente López Obrador nos lo recuerda periódicamente. La maldición española que se asentó en estas tierras frutecidas no es la única calamidad. Los austriacos también anduvieron por acá con su imperio y enfrentaron al coraje de nuestro pueblo y el representante de los europeos fue fusilado –como debe ser en el caso de los traidores a la patria– en el cerro de las Campanas. Sin embargo, la ambición desmedida por la riqueza llevó a los austriacos a robarse algo que es nuestro: el penacho de Moctezuma. Ya se les dijo, ni más ni menos que en boca del presidente, que nos devuelvan el penacho, que no está bien que se queden lo que no les corresponde. El penacho es nuestro.

Y claro, qué decir del vecino yanqui, siempre dispuesto a tomar ventaja y aprovecharse a la mala de quien se deje. Solamente durante la amistad honesta de dos hombres de alma buena como AMLO y Trump, el abuso gringo se vio frenado. Pero ahí están, dispuestos también a quitarnos la energía, el petróleo y si pueden más territorios, pues más.

Como se ve y bien nos advierte nuestro tlatoani presidente, el asedio del exterior es incansable. Vivimos en los ojos de las demás naciones porque quieren lo nuestro, nuestras playas, nuestro litio, nuestras tlayudas y todo lo demás, pero no saben que defenderemos a la patria, así tengamos que morir en la batalla. Para eso somos mexicanos y estamos prestos al grito de guerra.

Gracias a la verticalidad y carisma de Claudia Sheinbaum, hoy sabemos que nos persigue una plaga escandinava: los malditos noruegos. Disfrazados de buenas personas, andan con sus pelos amarillos hablando de honestidad y derechos humanos, transparencia y cosas por el estilo. Doña Claudia, la corcholata favorita del líder, ha revelado la verdadera naturaleza corrupta de los noruegos. No han dejado de ser vikingos con impulsos primitivos. Se les contrató para que hicieran un análisis de la tragedia de la Línea 12 del Metro en la que murieron decenas de personas. Y resulta que los malditos noruegos están coludidos con las fuerzas del conservadurismo mexicano y señalaron en su informe que el actual gobierno no le daba mantenimiento al Metro. Esto, justificadamente, encendió la cólera de la señora Claudia, quien –como buena mexicana– había creído en los extranjeros de buena fe y hasta dijo, cuando los presentó, que era una empresa líder en el mundo con alta especialización. Es más, nada más lejano a un mexicano que un noruego con fama de eficiente, pareció decirnos la jefa de Gobierno. Los noruegos se la creyeron, como si ellos fueran tan buenos y su país estuviera tan bien y se pusieron a criticar. Pero Sheinbaum los ha descubierto ante el mundo, pues entregaron un informe “deficiente, mal ejecutado, tendencioso y falso”, “un caminito ligado a Mexicanos contra la Corrupción”. Malditos, seguro los compraron los del PRIAN. Claudia Sheinbaum ha desenmascarado ante el mundo la farsa noruega que duró siglos.

Sería bueno que nuestro guía moral increpe a los nórdicos acerca de sus bastardos intereses con la mafia de poder mexicana, por qué se han sumado a los que desean descarrilar los logros de la transformación morenista en México. Malditos noruegos, la pagarán por meterse con doña Clau.

 

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