La arrogancia

Hace algunos años Sergio Aguayo quiso ser diputado por mayoría. Por supuesto, perdió. A la mejor ahora que le gana a AMLO en “aprobación social” nos da una sorpresa.



“AMLO no puede con los intelectuales, le ganamos en aprobación social”, esto dijo el académico Sergio Aguayo en una entrevista con Latinus. Es, por supuesto, una declaración bastante estúpida, pero la gente muy inteligente hace y dice cosas que hacen dudar de su inteligencia.

¿Por qué dijo eso el señor Aguayo? No lo sabemos. ¿Qué hace el señor Aguayo dando entrevistas y hablando sobre su popularidad y aprobación social?, sepa. ¿Por qué se asume como el intelectual al que se dirige López Obrador?, a la mejor porque todavía no lo menciona en las mañaneras tan seguido como a Aguilar Camín o a Krauze. ¿Es Sergio Aguayo el intelectual que detesta López Obrador?, no creo que lo tome en cuenta y ni que lo lea, cosa que sí hace con los otros dos y un puñado de columnistas. ¿Lo dijo Aguayo para llamar la atención?, al parecer, sí. No queda otra explicación, pues el perfil que ha tenido siempre ha sido mesurado y se circunscribe a sus opiniones publicadas.

Pero más allá de las motivaciones que haya tenido el académico y articulista, la declaración pinta a una clase intelectual, académica, que se siente muy por encima de cualquiera. Es un micromundo que se alimenta a sí mismo, una sociedad de elogios mutuos que, ciertamente, gozó de amplia influencia en el pasado. No en términos de lo que dice el presidente, pero sí eran leídos y escuchados –como, me parece, debe ser en una democracia moderna con una clase gobernante que escucha y dialoga–.

La arrogancia es mala compañera. El dicho de Aguayo da sustento a lo que pasa en muchos lados con los intelectuales y académicos: el repudio a los expertos. Subidos en su ladrillo de superioridad no sólo en materia de conocimiento, de estudios, sino que andan por la vida con un aura de superioridad moral que solamente puede terminar en el rechazo. Cuando el presidente, envenenado por sus fobias, junta a los intelectuales con la clase política del pasado no hace más que abonarles el rechazo de una buena parte de la ciudadanía que los siente distantes, que hablan de cosas que solamente ellos entienden, “lejanos al pueblo”, no hacen periodismo ni libros “para el pueblo”. Esto no es exclusivo de nuestro país, sucede en todos lados. La figura del intelectual ha entrado en crisis desde hace unos años. Han sido sustituidos por comentócratas, youtubers, tuiteros, debatientes, personajes de los medios que tienden al efectismo, a la frase corta, pero pegajosa más que al desarrollo de ideas o al análisis de profundidad. Son parte de lo que se está llevando este vendaval de las redes y el inmediatismo.

Ser más populares que el presidente, según dice el académico Aguayo, parece no servirles de mucho. Cada vez son menos leídos, se compran menos sus libros, se les paga menos y cada vez son menos influyentes. Quizá las declaraciones de Aguayo tienen que ver con un reclamo para que les devuelvan la autoridad que se suponía que tenían. De cualquier forma, las declaraciones de este hombre –de limpia trayectoria, con obra publicada– son poco menos que desafortunadas porque le dan la razón al presidente que habla de ese microclima en el que había unos que se sentían poderosos y otros que les hacían creer que lo eran para estar todos contentos.

Hace algunos años Sergio Aguayo quiso ser diputado por mayoría. Por supuesto, perdió. A la mejor ahora que le gana a AMLO en “aprobación social” nos da una sorpresa.

 

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