Los miserables

Tras la falta de medicamentos para niños con cáncer, López-Gatell acusó a los adversarios de pertenecer a grupos de derecha internacionales que buscan la desestabilización del gobierno lopezobradorista.



Hugo López-Gatell y los moneros Hernández y El Fisgón protagonizaron un nauseabundo y condenable programa en la televisión pública la semana pasada. No obstante, lo patético del programa y sus personajes es un episodio que define con nitidez la vileza moral del gobierno de la cuatroté.

La ruindad de López-Gatell es evidente. Irresponsable y cínico, el designado para combatir la pandemia por el presidente ha pasado por todas las etapas de la degradación sin ruborizarse. La decadencia es lo suyo. No hay viaje que no emprenda al servilismo y la indignidad; es incapaz, como dice el meme, de dejar de humillarse cinco minutos. En su aparición en el programa televisivo, el también llamado ‘doctor Muerte’ por el resultado de sus políticas públicas, acudió nuevamente a la radicalización política de sus fracasos y a su defensa deshilvanada del gobierno de López Obrador. Acusó a los adversarios de pertenecer a grupos de derecha internacionales que buscan la desestabilización del gobierno lopezobradorista. Dice Gatell que en esa lógica de golpismo hay que inscribir las demandas de las medicinas para niños con cáncer. No se trata de las vidas de los infantes, sino de la estabilidad del régimen; no se trata de la ineptitud galopante del gobierno sino de la propaganda oposicionista. Lo importante siempre será la labor del señor presidente que es incuestionable y solamente desde la perversidad puede señalarse alguna fisura de tan enorme obra.

Cualquiera puede darse cuenta de la desesperación del gobierno. Llevar el asunto de las medicinas infantiles a niveles de ideologización es haber perdido la brújula. Eso, por un lado. Por el otro, la retórica del golpismo, de las dictaduras, de los rasgos fascistoides ha estado presente en este gobierno no solamente por los dichos del presidente, sino en los hechos de su gobierno. Por supuesto, este tipo de conversación es pública, pues el propio presidente y su equipo lo circula ampliamente. Hacer comparaciones con las dictaduras latinoamericanas no es una buena idea, sobre todo porque el gobierno cada vez más se refugia en argumentos de los 70 como si tratara de entrar en el túnel del tiempo.

La televisión pública en México ha experimentado durante este gobierno un pavoroso proceso de ideologización en el que solamente cabe la defensa del proyecto gubernamental como parte de su programación estelar. No hay diferencia entre John Ackerman y los ‘moneros’ como conductores de televisión. Fue la toma militante de medios que comenzaban a respirar por sí mismos. El daño será irreversible. Basta tener el suficiente odio para conseguir algún programa y hacer propaganda con dinero público.

Se sabe: basura llama basura. Así pues, hubo cumbre de la mezquindad y se pusieron a platicar en televisión Hernández, El Fisgón y López-Gatell. Los dos primeros hacen caricaturas, el tercero es una caricatura. Nada bueno puede esperarse cuando se reúne la bazofia política que ahora es patrocinada por dinero público. Los moneros son personajes públicos menores, esparcidores de veneno babeantes de rabia, pequeños sirvientes ideológicos del poder presidencial. Pero López-Gatell no lo es, su papel público ha sido relevante y se puede contar en miles de muertes. Aunque, claro, como dejó ver el programa de televisión, juntos son un grupo de miserables.


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