Perlas electorales

El que traiciona una, traiciona dos. Las alianzas electorales con el PRI, a diferencia de las legislativas que son muy concretas, nunca se sabe hasta dónde llegan.



Son varios los temas a comentar sobre estas elecciones. Ya tendremos el tiempo y el espacio de ocuparnos de las más importantes. Por lo pronto, va un resumen con algunos de los resultados de los comicios.

Nada es eterno. En democracia no hay victorias ni derrotas para siempre. El impulso del triunfo lleva fácilmente a la soberbia –que es la hermana tonta del éxito– y sin darse cuenta comienza la bajada. En política, lo normal es el carrusel que sube y que baja, salvo que alguien descomponga el motor. Así pues, que si el presidente López Obrador quería algo eterno, será el recuerdo de su triunfo en 2018, porque eso nunca se repetirá. La historia muestra que lo que sigue después de un triunfo así, siempre es para abajo. En esas estamos.

La caída de la capital. Es legendario que para ganar una guerra se tiene que tomar la capital. No hay triunfo total sin esto. Basta recordar a Aníbal, que decidió no tomar Roma y las terribles consecuencias para él de esa decisión, o el paseo de los ejércitos victoriosos sobre las capitales derrotadas. Durante casi tres décadas lo que ha representado a la izquierda mexicana –cualquier cosa que eso sea en estos momentos– ha gobernado en la capital. Aquí han sacado su agenda, de aquí han salido sus líderes, aquí han logrado sus mayores victorias y han tenido –por lo menos en el caso de Cárdenas y López Obrador– la ciudad a sus pies. Y es aquí donde ha comenzado su inevitable declive de una manera alarmante para ellos. Porque esta ciudad le dio la vuelta en la mitad de las alcaldías y curiosamente a manos del panismo, que toma un lugar que nunca había tenido en la CDMX. Cuenta el hartazgo y la soberbia de sus gobernantes y de su clase política, pasándose los puestos durante 30 años. Y también, que esta ciudad es la caja de resonancia nacional y aquí vive el Presidente y su equipo y aquí también se les califica. Así que ha comenzado la caída. Falta ver si la oposición se queda pensando como Aníbal o decide atacar.

El que traiciona una, traiciona dos. Las alianzas electorales con el PRI, a diferencia de las legislativas que son muy concretas, nunca se sabe hasta dónde llegan. Se puede entender que hasta el día de las elecciones, pero pues uno imagina un poco de decoro para los aliados. El presidente del PRI, conocido como Alito, no aguantó ni 48 horas y ya dijo que está listo para dialogar con el presidente López Obrador. No hubo siquiera necesidad de que Santiago Nieto le congelara una cuenta, él solito fue a ponerse a los órdenes. Para los que pensaron que el aliado más fácil era el Verde, el presidente del PRI ya los rebasó.


El PAN recupera el color. Azul pálido, demacrado los últimos años, el panismo no atinaba a colocarse en el electorado. No es que haya tenido grandes líderes o grandes propuestas, simplemente la ciudadanía decidió volverle a dar una oportunidad. Sus triunfos en Chihuahua y en Querétaro refrendan confianza y la enorme victoria en la CDMX y recuperar el llamado corredor azul en Estado de México, son triunfos relevantes. Su alianza funcionó, pero deben repensarla. También cambiar a su directiva. Es el momento de darles las gracias y que se vayan bien.

El polarizador polariza a todos. Así es. El presidente no cesa de acusar e insultar a los que considera sus adversarios. No se detiene en si son políticos o no. Para él los adversarios de su proyecto son las clases medias mexicanas. Y como todavía no acaba con ellas, salieron a votar. Es el presidente quien las sacó de su casa y las hizo votar por quien nunca pensaron. Nadie sabe para quien trabaja.


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