Las palabras del Presidente

Nunca antes un mandatario había convertido el insulto en eje de su discurso público de la forma en que la que lo hace López Obrador.



El discurso político no siempre nos descubre a quién lo dice. Digamos que, a Peña Nieto, más allá de su imagen de galán, era más fácil saber cómo era en sus dislates y torpezas a la hora de improvisar que en cualquiera de las piezas que leía con trabajos en diversos eventos. En el caso de los populistas funciona al contrario: el discurso es parte esencial del mensaje y de la personalidad. No importa que no se trate de consumados oradores, personajes de personalidad rotunda, es lo de menos, la poca estructura puede ayudar si se sabe manejar las emociones, fomentar los rencores, alimentar los odios, señalar enemigos. Analizar el discurso de ese tipo de liderazgos es conocerlos.

Quizás uno de los más agudos analistas de discurso público que hay en México es Luis Espino. Con sutileza, Espino suele poner la lupa en las palabras de nuestros personajes, en su estilo y en la manera en que estas van de la mano con sus acciones. Las palabras de consuelo, las consignas de batalla, los anuncios de políticas públicas, las respuestas a las crisis, las reacciones ante tal o cual evento, todo pasa por sus lentes.

Por supuesto, para quien, como Espino, se dedica a escudriñar entre las palabras de los poderosos, AMLO es una mina de oro. La sequía que ha de haber vivido con el maniquí del sexenio pasado se ve compensada con creces con la verborrea sistemática del tabasqueño. Tanto así que acaba de sacar a la venta un libro más que pertinente: López Obrador: el poder del discurso populista (editorial Turner). El libro, lejos de ser un pesado estudio sobre el lenguaje, es un accesible y sorprendente recorrido por el mundo verbal en el que se mueve con soltura nuestro presidente.

Creer que descalificar a AMLO de manera simplista puede ayudar a ser una oposición, es un error en el que ha caído la mayoría de sus adversarios durante años. Creer que decirle populista le ofende es otro error. Las cosas que dice el presidente parecen simples y, en muchas ocasiones, hasta tontas para quienes gustan de la política de altura, sin embargo, es de altísima efectividad. Querer ver esta presidencia y, más aún, a este presidente, con los ojos de antes es un gravísimo error. Espino nos lleva a un recorrido por ese liderazgo que es una mezcla de demagogia, sencillez, ramplonería, mentiras, distorsiones, franqueza, negación, necedad y precisión que logra ser el discurso presidencial presente en millones de hogares y en todos los medios a través de las famosas mañaneras.

Como un ejemplo de los temas que aborda en su libro está el insulto como una columna de la presencia presidencial: “Nunca antes un mandatario había convertido el insulto en eje de su discurso público de la forma en que la que lo hace López Obrador. Hay que decir que los insultos que profiere el presidente no son los términos más soeces que los mexicanos usamos para maldecir. Se tratan, en su mayoría, de palabras anticuadas y en desuso, que muchas veces obligan a quienes las escuchan a buscarlas en el diccionario. Ese aspecto en apariencia benigno y juguetón de los insultos del presidente ocultan muy bien su verdadera naturaleza como armas para destruir a personas e instituciones, comenzando por la destrucción de su imagen pública”.

El libro es una aportación relevante en tiempos en que el portador de ese discurso parece ir encontrando paredes en algunos lados. La lectura del trabajo de Luis Espino arroja luz sobre la complejidad de un personaje aparentemente plano, pero que domina con estrategia discursiva al país, y de la misma manera tiene condenados a sus adversarios a moverse entre las ruinas. Lean el libro, conozcan a su presidente.


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