Y apenas comienza

Los partidos políticos están podridos, por lo tanto los ciudadanos se aprestan a buscar personas, liderazgos que le signifiquen una salida, que abanderen una causa y no necesariamente una doctrina política.



La encuesta publicada el día de ayer en El Financiero sobre la imagen de los partidos es clara y precisa. Están del nabo, sobre todo los llamados de oposición, básicamente el PRI y el PAN. Morena va de la mano de su líder el presidente y está muy por encima de sus oponentes. Es claro que el contraste que hace López Obrador con sus adversarios le da resultados. Escondidos en sus mañas y triquiñuelas, panistas y priistas no atinan a proyectar nada hacia afuera como instituciones. La imagen desastrosa que los llevó al basurero en 2018 sigue vigente, tan es así que la imagen negativa del PAN es de 67% y del PRI 77%.

¿Esto significa que los de Morena son diferentes y son un referente para los ciudadanos? No lo creo, simple y sencillamente la imagen de ese partido por el momento está ligada a la del presidente y tienen el valor que el hombre de Palacio le quiera dar. No son mejores, son iguales y en algunas cosas quizá peores, pero la ciudadanía se fastidió de los partidos que llegaron al gobierno antes del 2018. El PRI y el PAN no parecen tener claves para salir adelante, para proyectar una imagen diferente. No se pueden mover del paredón en que los puso el presidente, ahí reciben las descargas de quien no se cansa de señalarlos como hacedores de la desgracia nacional.

Sin embargo, uno puede preguntarse a qué obedece que los partidos estén tan abajo: PAN en 14 y PRI en 12, y en algunos estados la competencia para ganar los gobiernos locales sea bastante cerrada (también de acuerdo con la encuesta de El Financiero publicada esta semana). Es claro que todo apunta a que los partidos como instituciones cuentan poco y que son las personas las que hacen relevante la imagen de los mismos, en este caso los candidatos. Los partidos parecen aportar poco a los candidatos, casi nada, pues los datos indican que su voto duro es poco significativo. Son las personas las que se han vuelto cada vez más relevantes. Es el caso de AMLO y de Salgado Macedonio en Morena; también es el caso de María Eugenia Campos en Chihuahua o Mauricio Kuri en Querétaro por parte del PAN; en el caso del PRI es claro también que su candidato en Nuevo León, Adrián de la Garza, rebasa por mucho la imagen de su partido.

En México, durante muchos años los partidos fueron instituciones que se convirtieron en verdaderas plataformas electorales, un candidato partía de una base cercana al 30%, cuando menos, para empezar su contienda. Nada mal. Eso parece haber llegado a su fin. Serán ahora los candidatos los que den vida a los partidos, y en el caso de Morena veremos su deterioro cuando así lo decida el propio López Obrador. No sería raro encontrar en una encuesta ahorita que Ricardo Anaya tenga mayor aceptación que el PAN o que Meade tenga una mejor aceptación que el PRI.

Toda vez que los partidos están podridos –Morena también lo está, basta ver una foto de Mario Delgado para imaginar el hedor–, los ciudadanos se aprestan a buscar personas, liderazgos que le signifiquen una salida, que abanderen una causa y no necesariamente una doctrina política, una visión ideológica. Quizá veamos que poco a poco se les dice adiós a los partidos a la antigüita y llegan los movimientos y los liderazgos con causa. Eso también lo vio a tiempo López Obrador e hizo su movimiento. Los ciudadanos han decidido castigar esas estructuras partidistas que se convirtieron en fábricas de corruptos y mediocres. Por eso vale la pena preguntarse si estamos viendo el final de los partidos tal y como los conocimos.


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