Uniones homosexuales, torciendo lo dicho

A ello hay que sumar a quienes quieren que el papa corrija o se desdiga tanto de lo que dicen que dijo, como por su franco desconocimiento de la posición oficial de la Iglesia.


Torciendo lo dicho


¿Otra vez? Sí, otra vez. El papa Francisco dice una cosa y ponen otra diferente en su boca. Esta vez se trata de las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Pero el asunto va aún más lejos, y todo eso provocó un gran escándalo, especialmente por publicar y difundir la mentira de que aprobaba el matrimonio civil homosexual, cuando lo dicho es exactamente lo contrario. Los escandalizados por dejarse manipular por prensa y redes sociales que mienten sobre lo dicho por el papa, han sido incapaces, como en tantos casos de noticias falsas, de verificar la verdad de los hechos, sin intentarlo siquiera.

El papa negó, en las declaraciones que aparecen en un reportaje, que la Iglesia acepte el matrimonio homosexual civil (del religioso imposible, al parecer no hay duda). Lo que el papa dijo es que, como seres humanos, los homosexuales deben ver protegidos ciertos derechos humanos en la legislación civil, lo cual se puede hacer bajo figuras jurídicas diversas, pero NO igualándolas al matrimonio real entre una mujer y un hombre, digamos el matrimonio natural, que se ha mantenido a través de los siglos en todas las culturas. Y que ahora partidarios de la ideología de género quieren cambiar, y en ocasiones lo han logrado legislativamente, como un matrimonio “igualitario”. Un concepto absurdo ante el que la humanidad ha mantenido, como digo, a través de los siglos universalmente.

La torcedura de lo dicho por Francisco llevó a muchas personas, católicas o no, a preocuparse o escandalizarse, algunos al menos poniendo en duda que lo publicado en medios y redes sociales fuera cierto. Y entre los ya acostumbrados a injuriar a este papa, pecando en ello si son creyentes, vuelven a mencionarlo como hereje, anticristo y otras lindezas semejantes, y lo hacen escandalizados por lo que el papa nunca ha dicho: que está de acuerdo en el matrimonio homosexual civil.

A ello hay que sumar a quienes quieren que el papa corrija o se desdiga tanto de lo que dicen que dijo, como por su franco desconocimiento de la posición oficial de la Iglesia. Entre ellos, hay sitios en la Red que manifiestan su desconocimiento de la verdad católica y las enseñanzas de la Escritura y de la Iglesia, en perfecta concordancia con la misma. Uno de ellos, con un falso apego a la Iglesia, de los Estados Unidos, pide a sus seguidores que firmen una carta al papa pidiéndole que corrija o se desdiga de lo dicho, alegando que la Iglesia no acepta las uniones homosexuales, cuando es falso. Lo que la Iglesia siempre ha mantenido, sobre todo ante las arremetidas de quienes defienden lo que llaman “matrimonio igualitario”, que los derechos humanos de estas personas deben de ser protegidos, aunque sea en alguna forma de unión. Confunden las palabras matrimonio y unión. Deben revisar un diccionario, para empezar.

La diferencia entre matrimonio y unión civiles es totalmente clara, menos para quienes fanáticamente atacan al papa Francisco desde su asunción a la silla de san Pedro. Es lamentable que católicos desinformados o de absoluta mala fe, ataquen al papa, ya no digamos por lo que no les gusta, sino por lo que dicen que dice, en muchos temas y ocasiones, cuando eso es totalmente falso. Otros más, ya en otro plan, dicen que el papa debe aclarar sus palabras, cuando no existe nada que aclarar, sus dichos son perfectamente claros, para quienes lo leen o escuchan sin prejuicios o incultura del lenguaje.

Ante toda esa torcedura de las palabras de Francisco, simplemente hacen oídos sordos a algo esencial de las mismas, que es el deber de las familias de acoger a quienes tienen preferencias por su mismo sexo, y no echarlos a la calle. Que los homosexuales tienen derecho a vivir en el seno de la familia de la que forman parte, aunque los demás miembros de dicha familia, en especial los padres, no acepten dichas preferencias, y sin que lleguen a aceptarlas, deben amarlos como hijos o hermanos. Esto es el centro de lo pedido por el papa, y que sus atacantes simplemente deciden ignorar o lo ignoran por no haber querido ver todo el contexto de su comentario, concentrándose en atacarlo por lo que NO dijo.


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