¿Narcoestado?

No, no hay manera sensata, histórica, de asegurar que el gobierno de Felipe Calderón fue un narcoestado. Como se dice popularmente, sólo son ganas de fregar.


Narcoestado


A ver… según Andrés Manuel, en su obsesión de culpar de todo a Felipe Calderón, y en vista de que su secretario de Seguridad Pública, García Luna, está sujeto a juicio en Estados Unidos, apenas en periodo de pruebas, sin haberle probado nada aún, deduce muy sofísticamente (es decir, contra la lógica) que la administración de Calderón fue un “narcoestado”.

Una nueva oportunidad para dar cauce a su eterno odio a Felipe. Acusa sin pruebas, pero aprovecha el espacio publicitario que tiene en Palacio Nacional para acusarlo, intentar denigrarlo.

Pero ¿qué es un narcoestado? Es aquel país en donde las decisiones políticas son dictadas por los capos de la delincuencia organizada del narcotráfico. Ejemplo: Venezuela, el gobierno es el mayor cártel ¿Sucedió eso en el gobierno de Calderón? Ningún rastro o señal de que así haya sido. Fuera de las presuntas transas y protección de García Luna y socios a algunos cárteles, lo que vivió México fue una lucha para detener precisamente el control territorial de gobiernos locales por poderosos cárteles del narco.

Su administración buscó y detuvo a una lista importante de capos de la delincuencia organizada, algunos de los cuales fueron extraditados a los Estados Unidos. Los decomisos de drogas, de dineros y otros recursos materiales de la delincuencia organizada fueron más que notables. Igualmente lo fueron la destrucción de laboratorios de drogas sintéticas y de sembradíos de marihuana y amapola.

Si se descabezaron cárteles, en vez de dejarlos que vivieran su vida criminal sin problemas, ¿cómo podría deducirse que probablemente había una connivencia, si no es que sumisión a los capos? Pero eso no se vio en ningún momento. No, no hay manera sensata, histórica, de asegurar que el gobierno de Felipe Calderón fue un narcoestado. Como se dice popularmente, sólo son ganas de fregar.

Pero veamos ahora la administración morenista de Andrés Manuel y sus actitudes y medidas frente al narcotráfico. Dijo en campaña y lo ha repetido en la presidencia: que “se acabó la guerra” contra la delincuencia organizada. Y que el gobierno ya no perseguiría a los capos, aunque sí lo ha hecho en casos aislados. Y efectivamente así ha sido, los capos y sus organizaciones hacen lo que les pega en gana, y el gobierno de Andrés Manuel no hace prácticamente nada al respecto. El “no hacer” incluye algo inocultable: que los decomisos de drogas se cayeron estrepitosamente, y la pregunta es, con las mismas estructuras de control (supuesto control, ahora) de aduanas, territorios y fronteras ¿cómo pueden justificarlo? Ni siquiera lo intentan.

Tras las perpetuas críticas por “los muertos de Calderón” y los de Peña Nieto, los homicidios causados por los sicarios del narcotráfico (además ya diversificado), “los muertos de López Obrador” son muy superiores, y sin señal de descender en número. Y es más propio hablar de “los muertos de López Obrador” que de “los de Calderón”, pues mientras que Felipe buscaba acabar con las bandas del sicariato, Andrés Manuel les da plena libertad ¡tienen derechos humanos, dice! La inacción oficial ha permitido tantos “muertos de López Obrador”.

Más que las acciones de Andrés Manuel, sus omisiones para combatir al crimen organizado, su “nada de nada”, es algo muy, pero muy sospechoso de que haya “arreglos” entre el gobierno federal y los capos, y hasta posible sumisión. Pero aún hay más.

Aunque se trata de hechos muy específicos, el trato de Andrés Manuel con gente de El Chapo y su familia, son demasiado para no buscarles una explicación. Que el presidente vaya a la zona de acción del cártel de Sinaloa, sin que se haya visto razón alguna, que haya comido con gente muy cercana al cártel de El Chapo, que haya públicamente tenido conversaciones con el abogado principal del delincuente, que haya, completamente contrario a su costumbre, bajado de su camioneta a saludar de mano a la madre de El Chapo, y le hay ofrecido atender “su carta”, dice mucho, pero mucho.

De su decisión delincuencial de ordenar la liberación de Ovidio Guzmán, algo abiertamente contrario a Derecho, tras mentir al respecto (primero, no supo nada por ir en avión) ¿qué explicación se puede dar? Hasta ahora no existe más que la sospecha de un “arreglo”. Nunca se había visto algo semejante.

Pero hay que sumar algo clave: el propio cártel de Sinaloa dijo a los medios que cada vez que Andrés Manuel fuera a Sinaloa, no tendría nada que temer, que ellos lo protegerían.

Dice Andrés Manuel que, si Calderón está limpio de los posibles delitos de García Luna, no tiene nada que temer. Y Felipe ha respondido una y otra vez que no tiene nada que temer, lo que justamente le molesta y reclama, son las injurias de quien que ocupa la presidencia de México.

Ante todos estos hechos y omisiones (más que sospechosas), sería más aceptable calificar al gobierno de López Obrador de tener en sus manos un narcoestado, que las administraciones de Calderón o de Peña Nieto. ¿De qué otra manera se pueden explicar las políticas de este hombre, si no es por connivencia con los grandes capos del narcotráfico? Démosle unas salidas tiradas de los pelos e incompletas: miedo profundo al narco, debilidad de carácter, enorme incompetencia para gobernar, o el deseo de no jalarle la cola al tigre narcotraficante, que se mantenga tranquilo. De todas formas, pierde. La más razonable respuesta es: narcoestado. ¿Sólo una sospecha? De acuerdo.


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