Revisando el rol de lo militar en México

Los métodos de trabajo de la milicia y los de la policía civil son muy diferentes, incluyendo diferentes conceptos de la disciplina.


 


Las funciones militares, las de los ejércitos de tierra, mar y aire, han sido las mismas durante cientos, miles de años: hacer la guerra. Pero las acciones militares pueden ser ofensivas o defensivas.

Por una parte, la historia está llena de loas a quienes han emprendido exitosamente la conquista militar de otras naciones, como ejemplifican Alejandro Magno, Gengis Khan, Napoleón Bonaparte y muchos más, y como de los aztecas sobre sus vecinos. Con esta consigna de dominio, se formaron imperios como el romano, durante varios siglos, hasta que se vieron destruidos no siempre por nuevos ejércitos, sino principalmente por su decadencia social y política.

El afán de conquista llevó a la humanidad a la llamada Primera Guerra Mundial, entonces conocida como “La Gran Guerra”. En toda la historia militar del mundo, este no había conocido semejante destrucción y muerte, millones de muertos, directa o indirectamente causados por las hostilidades militares.

Luego vino lo peor, la guerra liderada por Adolfo Hitler, que causó mucho mayor destrucción, y cuyas víctimas se han estimado superiores a sesenta millones de personas. Ante la agresión extranjera, se presenta la defensa militar de la patria o de las naciones amigas.

La mayoría de los países tienen algún ejército, incluyendo fuerzas aéreas y navales, para defenderse de potenciales agresores. Estos cuerpos militares generalmente no pretenden atacar a ninguna otra nación, son fuerzas defensivas.

Los ejércitos bien entrenados, armados y pertrechados deben cumplir una misión más importante que hacer la guerra: desalentar la agresión enemiga. Pocos países han decidido que no necesitan un ejército, como es el caso de Costa Rica, confían en que no serán atacados o invadidos, y las fuerzas del Estado son para mantener la paz interior, son fuerzas de policía.

México tiene Fuerzas Armadas: un ejército nacional, con su fuerza aérea y una marina de guerra, para su legítima defensa. Pero, ¿necesitamos de ellas? ¿Podemos concebir un plan militar de ocupación de esta patria por parte de otra u otras naciones? Muy difícilmente. Pienso que las Fuerzas Armadas mexicanas inhiben una posible (nueva) intervención militar del vecino del norte, pretextando la seguridad mexicana y la protección de sus ciudadanos e intereses en México.

En una concepción digamos purista de lo militar, en México, como en otras naciones, mucha gente dice que el ejército debe quedarse en sus cuarteles, no intervenir en actividades de orden común, que estas se deben encomendar solamente a las fuerzas de policía.

Pero si así fuera, tendríamos cientos de hombres (y cada vez más mujeres incluidas), entrenados, pagados y mantenidos por el presupuesto nacional, con todo y su gasto en armamento y demás materiales de guerra. ¿Para qué? Lo más probable es que para nada. ¿Vale la pena semejante esfuerzo militar de cuartel?

Para responder a esa pregunta debemos incluir otra concepción de lo militar, diversa de hacer la guerra: ayudar a la población civil en casos de desastre, por ejemplo. Para ello están entrenados y contando con medios materiales convenientes. Pero también, y toral, debemos incluir la preservación, por el uso legítimo de la fuerza del Estado, de la paz interior.

No podemos tener sentados en sus cuarteles a esas decenas de miles de hombres y mujeres esperando que algún “extraño enemigo” osare “profanar con su planta” suelo mexicano. De hecho, esto no sucede, la milicia y la marina coadyuvan con los civiles en la lucha más bien contra enemigos internos del Estado, la delincuencia organizada (no “extraño enemigo”, son bien conocidos).

Afortunadamente, hasta ahora, México no padece el terrorismo que asola a otras naciones, aunque tengamos casos aislados clasificables como terroristas. Tampoco tenemos guerrillas de gran fuerza militar, que se vean o sientan capaces de derrocar al gobierno, aunque existan grupos que se entrenan y dan algunos golpes para demostrar su presencia y su creencia de la necesidad de que los pobres tumben a quienes consideren la oligarquía gobernante.

Sin embargo, el ejército es el recurso para enfrentar grupos numerosos de sicarios que atacan comunidades y cuerpos de policía. La capacidad de combate militar es el único recurso del Estado para enfrentar a esas bandas de sicarios, que, para el caso, actúan como grupos de guerrilleros. Los militares tienen adiestramiento, disciplina y muchos tipos de armamentos que los ponen en condición de superioridad de combate sobre el sicariato (como helicópteros artillados). Para estos enfrentamientos, el ejército o la marina de guerra tienen capacidad de inteligencia para ubicar y seguir a los grupos de sicarios (incluido satelitales). También vigilan mares y espacio aéreo contra tráfico ilegal. En otros países protegen de piratas marinos. La policía no tiene ni ese entrenamiento ni esos medios de armas o equipos.

Pero en la lucha por tener paz interior, y contener los esfuerzos de la delincuencia organizada, que en otras naciones ha podido llegar a controlar al Estado y asumir sus funciones, la autoridad ha llevado a la milicia a cumplir funciones estrictamente policiales. Esto es objeto de preocupación de mucha gente, pues una cosa es la policía y otra la milicia, y esta enorme diferencia se nota tanto en el aspecto jurídico como en los hechos. La formación policial y militar es distinta.

Los métodos de trabajo de la milicia y los de la policía civil son muy diferentes, incluyendo diferentes conceptos de la disciplina. A través de los siglos, al militar se le ha enseñado a obedecer sin discutir las órdenes (suponen que la superioridad está mejor informada), lo que puede llevarlos a la comisión de delitos tipificados. El mundo está lleno de tristes ejemplos. Es mucho más fácil que una fuerza militar (del país que sea) obedezca la orden de atacar y disparar a la población civil, digamos en un acto multitudinario. Cuando las fuerzas policíacas lo han hecho, es porque también se les ha inculcado, indebidamente, el principio de que las órdenes no se discuten, aunque obedecerlas constituya un delito, un acto infamante, como intimidar, golpear o asesinar civiles.

Conviene tener muy presente el rol o papel que la milicia puede desempeñar en una sociedad que no está en guerra extranjera, y apoyar las acciones de apoyo a las comunidades en peligro o eventos de desastre. Que les proteja y apoye con sus recursos humanos y materiales. Y que, en el combate contra las bandas de sicarios y protección del orden en respaldo a las fuerzas públicas civiles, se apeguen, militares y marinos, pero en especial sus altos mandos, al estricto respeto a las leyes y derechos humanos. Incluyendo la resistencia a órdenes de autoridades civiles de tomar acciones que constituyan delitos, pues se dan estos casos.

El respeto y admiración de la ciudadanía para la milicia depende de su estricto respeto a la ley y servicio a la sociedad.


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