Secretario de todo, presidente de nada

Tenemos un mandatario que es "secretario de todo y presidente de nada". El mandatario toca el violín, el violoncello, las flautas, y no deja que nadie más toque ningún instrumento.


President de nada


En el ámbito musical, el director de orquesta es la persona encargada de coordinar a los integrantes para que, acorde a un tiempo y a un orden determinado, impriman el carácter de las notas que componen cada pieza o melodía. Se producen los sonidos, reflejo del trabajo conjunto del conductor que dirige al resto, con una visión determinada para transmitir, en su interpretación, los acordes ideales entre los instrumentos para escuchar la música.

En el concierto de las naciones, guardadas las proporciones ente los espacios musicales y políticos, es notorio el déficit que tenemos en cuanto a la dirección presidencial y los integrantes de su equipo. Un presidente que pretende "mal tocar" todos los instrumentos y un gabinete que, en el mejor de los casos, no se atreve a ejercer sus responsabilidades o, sencillamente, no sabe sobre el área asignada. Tenemos un mandatario que es "secretario de todo y presidente de nada".

Así es como ha funcionado lo largo de los 16 meses esta administración: el presidente toca el violín, el violoncello, las flautas, y no deja que nadie más toque ningún instrumento. Pero ha sido más que evidente que el adoctrinamiento ideológico, la soberbia y el rencor al pasado no han sido suficientes para controlar los problemas del país.

Más aún, como lo he reiterado en columnas anteriores y en otros espacios, esta forma de gobernar nos ha llevado a complejas y complicadas crisis de salud, inseguridad y económicas que ponen en riesgo la estabilidad social y el Estado de derecho. Y no, esto no es herencia del pasado neoliberal y conservador, esto arrancó con la cancelación del aeropuerto de Texcoco y la explosión de un ducto de Pemex en Tlahuelilpan, Hidalgo.

La pandemia del coronavirus ha evidenciado irremediablemente la incapacidad para gobernar con visión de Jefe de Estado, lo que ha agravado las crisis en las que nos encontramos. Mientras mexicanas y mexicanos esperamos ver que la curva de contagios no se eleve de manera desmedida, sentimos el temor de la nueva ocurrencia del día en las mañaneras, porque estamos expuestos a las necedades presidenciales que solo pretenden desviar la atención, en lugar de tomar decisiones radicales para controlar las emergencias en las que nos encontramos. Si ya veníamos mal, no quiero siquiera imaginar cómo será lo que está por llegar.

A la ya traqueteada crisis de salud que en estos momentos tiene al filo del contagio al personal hospitalario por falta del equipo de protección más elemental para que médicos, enfermeros, camilleros y administrativos realicen su trabajo –quienes lo han denunciado en las calles en más de una ocasión–, hay que sumar la noticia de que México pagó a China un precio significativamente mayor por cubrebocas y mascarillas que le vendió en febrero pasado, y todo porque en el “no pasa nada... abrácense... salgan a la calle...” no se tuvo la previsión de lo que nosotros íbamos a necesitar, a pesar de haber contado con el tiempo suficiente (de diciembre de 2019 a la fecha) para preparar los insumos.

Tampoco tenemos respiradores para atender a los enfermos que pudieran necesitarlos, y que, como dato adicional, al parecer el IMSS firmó un contrato, el pasado mes de marzo, para comprar dos mil 500 ventiladores a la empresa Levanting Global Servicios SA LLC, por un total de 93 millones de dólares, cuyo propietario está ligado a un fraude en Estados Unidos y a un intento de fraude a Pemex, contrato que se hizo sin que hubiera un proceso de licitación pública, solo porque el presidente decretó la compra de “materiales, equipo y servicios médicos a nivel nacional e internacional”.

Además de la corrupción y la opacidad de esta administración, otro aspecto que preocupa es el manejo de las cifras de los casos positivos de coronavirus. Según ha reconocido el gobierno, la cantidad de enfermos es sensiblemente mayor de la que se tiene registro, pues como no hay suficientes pruebas aplicadas, se calcula que el número de casos existentes es mayor al reportado, ya que cada uno debe ser multiplicado, en el escenario optimista, por ocho.

En el supuesto de que por cada enfermo declarado existen en realidad ocho más, ¿de cuántos casos positivos estamos hablando? Y lo peor de todo es que no existen ni las condiciones ni el equipo médico suficiente para atender la pandemia, con lo que el número de personas fallecidas puede incrementarse exponencialmente.

En cuanto a la crisis económica, al ya alarmante estado en el que se encuentran las micro, pequeñas y medianas empresas por falta de un plan emergente que les apoye para salir adelante, hay que agregar el obstinado afán del presidente de rescatar a Pemex y de continuar la construcción de Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía, recursos que, dicho sea de paso, podría destinar al rescate de las estéticas, carnicerías, pollerías, talleres mecánicos, lavanderías, papelerías, florerías y los changarros, además de cubrir las necesidades que en estos momentos son prioridad para el sector salud.

Ahora, como si no estuviéramos en medio de una crisis de inseguridad, porque el número de muertes violentas no disminuye ni con la pandemia, la Secretaría de Seguridad y Participación Ciudadana, anunció la asignación de recursos subsidio FORTASEG 2020 (Fortalecimiento del Desempeño de Seguridad Pública en municipios y demarcaciones territoriales de la Ciudad de México) y FASP (Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública) para la causa del coronavirus. En otras palabras, se autorizó el recurso para trabajos extraordinarios (apoyo a los casos de COVID-19) en las entidades federativas y municipios. ¿Y cómo nos van a proteger a los habitantes? ¿Con su sana distancia? ¿Con abrazos a los delincuentes que bajan del transporte público, recorren las calles o asaltan tiendas de autoservicio y/o conveniencia?

En resumen, hay alguien en Palacio Nacional que aspira a ser "secretario de todo". Los habitantes de este país quisiéramos que tan solo fuera presidente y asumiera la responsabilidad de conducir, dirigir, la orquesta política que la mayoría del pueblo le encomendó.


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