Indolencia presidencial

Urge un presidente que aplique la ley a los criminales que nos lastiman y mancillan.


Defensa de mujeres 


La semana que concluyó fue una semana negra para las mexicanas, no sólo por las cifras de inseguridad que día con día aumentan, sino por una serie de actos insensatos, insensibles y especialmente indolentes encabezados desde Palacio Nacional.

Ocupados en el gabinete por la “organización” de una rifa que no existe, han evidenciado una vez más que éste no es y no será un gobierno que apoye a las mujeres, no obstante el discurso público quiere hacernos creer algo distinto.

Ante la realidad dramática que golpea al titular del Poder Ejecutivo, la falta de respuestas es incomprensible, y las reacciones increíbles. Los asesinatos de mujeres en el país, al presidente, le parecen “ataques” de los “conservadores”, de los “fifís”, que a su parecer no son sus gobernados, pues él decidió que es presidente sólo del “pueblo bueno”. Nada más lejano a la verdad.

El asesinato de mujeres en México es una realidad. No están matando por razones de género. Ese concepto que el mismo presidente desconoce, minimiza, ignora, sanciona y se niega a atender. ¿Cómo pedirle a gobernadores, alcaldes, sociedad en general que comprendan esta lucha de muchos años? ¿Cómo pedirles que intensifiquen sus acciones para evitar más muertes?, si el ejemplo que arrastra es el del hombre con más poder público en México, que no el más respetado.

El decálogo que dio el viernes en su conferencia de prensa matutina para combatir la violencia contra las mujeres desde el gobierno de México es la muestra más evidente de la insensibilidad y falta de compromiso del presidente, no por lo que dice, sino justamente por lo que no dice.

“Estoy en contra de la violencia.

Se debe proteger la vida de hombres y de mujeres.

Es una cobardía agredir a la mujer.

El machismo es un anacronismo.

Se tiene que respetar a las mujeres.

No a las agresiones a mujeres.

No a los crímenes de odio contra mujeres.

Castigo a responsables.

Garantizar la seguridad de las mujeres.

Garantizar la paz y la tranquilidad en México”.

¿Quién podría pensar algo distinto en su sano juicio? Estas expresiones las esperamos de un vecino, de un amigo, de una persona común, pero es el presidente de la República, y cuenta con los recursos materiales, económicos y humanos, así como con los instrumentos del gobierno federal para combatir esta violencia feminicida. No se puede jugar con ello.

Si el presidente cree que es suficiente hablar sobre el respeto que –según él– le merece el movimiento feminista, con desdén, con soberbia, con ese hartazgo de abordar el tema una y otra y otra vez, frente a las manifestaciones sociales de tantas mujeres que exigen justicia, a nombre de las mujeres que son asesinadas cada día, está en un error.

Ni mencionar la omisión de la jefa de gobierno de la capital, más ocupada en cuidar monumentos y preocupada por el deterioro de la imagen presidencial. Y en el colmo de la insensibilidad, un funcionario de la Ciudad de México no logra entender el ciclo de terror en el que estamos las mujeres, y envía un mensaje digital de feliz cumpleaños con una muñeca ensangrentada. Lamentable.

¿Cómo se puede proteger a las mujeres cuando no hay propósito ni recursos para cuidarnos, defendernos, salvaguardar nuestra integridad física, emocional, patrimonial?

La minimización de las mujeres no es de ahora. Empezó con la asignación del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2019, del que, de manera desafortunada y caprichosa, desapareció muchos programas sociales que beneficiaban a las mujeres, así como instancias de atención y defensoría de las mujeres.

En nombre de la austeridad, terminó con las Unidades de Género de las dependencias de gobierno, todo para repartir los recursos públicos de manera discrecional a sectores vulnerables, sin un estricto control de reglas de operación y, mucho menos, supervisión, tal es el caso de la entrega de becas a estudiantes que, en teoría, ese dinero debe servir para apoyar su proceso educativo. Y lo mismo sucedió con el PEF 2020.

Sería de suponer que con todas las reformas legales, con sus medidas de austeridad y con los cambios hechos en la administración pública, a estos casi 15 meses de gobierno, la corrupción y el ejercicio del gasto público debieran estar más que controlados y, consecuentemente, tener resultados de beneficio común.

Urge un presidente que aplique la ley a los criminales que nos lastiman y mancillan. En pocas palabras, un presidente que gobierne con seriedad, sin insultos para sus adversarios políticos, con menos palabras en el discurso, más resultados y mayor sensibilidad.

Urge un presidente.


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