El virus de la indiferencia ataca al presidente

El principal problema de este país es la impunidad.


Evade AMLO responsabilidad


Al momento de escribir estas líneas, la Caravana por la Paz, encabezada por Javier Sicilia y Julián LeBarón, camina rumbo al Zócalo de la Ciudad de México para volver a exigir un alto a la violencia e inseguridad que nos agobia a todos los que habitamos o transitamos en este país. Ellos fueron partícipes de la conformación del “Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad”, que nació en 2011.

El poeta Sicilia ha sido enfático en todos los foros: “No estamos contra el presidente (Andrés Manuel López Obrador) ni en contra de la 4T; nuestro enemigo es la violencia”. Palabras de sentido común y congruentes con su activismo. Y es, ante la gravedad del problema y la ineficiencia de resultados, que han solicitado audiencia con el presidente, que para este y otros casos que le incomodan, no es de todos los mexicanos.

Con evasivas, como ya es su costumbre, el inquilino de Palacio Nacional aseveró: “No los voy a recibir yo, los va a recibir el gabinete de seguridad para no hacer un show, un espectáculo; no me gusta ese manejo propagandístico… Tengo que cuidar la investidura presidencial, como decía don Adolfo Ruíz Cortines: no soy yo, es la investidura”.

¿Hacer un show? Show presidencial es anunciar que va a rifar el avión presidencial.

¿Manejo propagandístico? Propaganda es utilizar los medios del gobierno para responsabilizar al “pasado neoliberal” de las pésimas decisiones tomadas desde el primero de diciembre del 2018, ante la evidente falta de resultados. Es también utilizar aforismos como “gobernar no tiene ciencia”, mientras el sector salud presenta una verdadera crisis en la atención clínica, hospitalaria y de abasto de medicamentos, con lo cual se afecta a los pacientes que necesitan diagnóstico, tratamiento y medicinas.

¿Cuidar la investidura? Cuidarla es reconocerse como presidente de todas y todos, y como tal, evitar esos excesos verbales que polarizan a la población; es admitir que es responsable último de todas las decisiones de gobierno.

¿A qué le teme el gobierno y la 4T?

A enfrentarse a la realidad de víctimas de carne y hueso, con nombres y apellidos (cada una con su historia), afectadas por el incremento en la violencia e inseguridad públicas que, a la luz de los datos, derivan de la inexistente estrategia para combatir a los delincuentes.

A no tener forma de evadir el contraste entre “los otros datos” y la realidad en datos oficiales de este gobierno.

Al inevitable foro, espacio de discusión y difusión de la sociedad civil organizada que tiene derecho a la manifestación de señalamientos de hechos; del reclamo ante el incumplimiento de las promesas de campaña; de la queja por la insensibilidad de los dichos presidenciales y por la ausencia de propuestas concretas que abonen a terminar con la impunidad para inhibir la violencia.

En resumen, rehúye al diálogo público por la serie de ocurrencias con las que se ha gobernado en estos casi 14 meses. A esto le temen cuando se justifica que el presidente no tiene tiempo para recibirlos, lo que significa que los afectados de la violencia en este país no son su prioridad.

El poeta reprocha al presidente Andrés Manuel precisamente por desdeñar a las víctimas, por “darles la espalda” con su “nula” estrategia de seguridad, mientras este admite que hay “diferencias” con el dirigente del Movimiento por la Paz.

El primer mandatario incluso se negó a dialogar con él para evitar “exabruptos” o un “show”. Prefiere, como siempre, justificarse, decir que todo está bien, a pesar de las cifras de homicidios, secuestros y desaparecidos que día con día se incrementan.

Negarse a reconocer que Sicilia y muchas más personas son la voz de miles y miles de familias agraviadas que piden justicia y reclaman que desaparezca la impunidad, es no entender que muchas y muchos son los afectados que han recibido amenazas, agresiones físicas con objetos punzocortantes, armas de fuego e incluso receptores de balas. A muchos de ellos les alcanzaron los balazos, que a algunos los dejaron heridos y a 34 582 los abrazó la muerte en 2019.

El principal problema de este país es la impunidad. Mientras la procuración de justicia y la aplicación de la ley sean selectivas –y el presidente está repitiendo los esquemas que tanto ha criticado–, los criminales encontrarán recovecos legales para salirse con la suya. El problema es de todos. Frente a la incapacidad e insensibilidad del gobierno de garantizarnos paz y seguridad, ahora nos toca organizarnos para exigir nuestros derechos y garantías.

Lo cierto es que las y los mexicanos ya nos cansamos de muchos “shows” presidenciales. Nos urge un verdadero Estado de derecho.

 

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