Carta a mi hija, a cuatro años...

Corregir el camino que desde la oposición está extraviado, va a requerir el esfuerzo de militantes, más allá de sus líderes, y de ciudadanos comprometidos con nuestra nación, más allá de los partidos.


 


Querida Ximena,

Tengo muy presente el día que cumpliste 18 años. Recuerdo que me pediste acompañarte a tramitar tu credencial de elector.

-quizá por mi formación política, ello significaba que podrías acudir a ejercer tu derecho a votar-, pero también recuerdo tu risa cuando me dijiste que más bien te serviría para sacar tu licencia de manejo.

No puedo evitar pensar que las prioridades para los jóvenes de tu edad no son las prioridades de mi generación, lo comprendo, pero me hiciste recordar que mi interés por la política se dio hasta que yo tenía 24 años. Recién egresaba de la universidad y el país convulsionaba por el asesinato del candidato priista a la Presidencia de la República. Ese magnicidio marcó un antes y un después en la política mexicana, y también en mi vida.

Yo encontré mi inspiración en Huejotzingo, Puebla, con Carlos Castillo Peraza, el PAN -partido al que decidí pertenecer- tenía muy claro el propósito de su existencia: aliviar el dolor ajeno y evitar el dolor evitable; otros jóvenes de esa época lo encontraron en Heriberto Castillo o en Cuauhtémoc Cárdenas, la izquierda en México también tenía su causa. Ahora, no sé en qué personaje puedan ustedes encontrar la inspiración para participar en la política, hemos perdido identidad.

Te he contado que a mi generación le tocó derrumbar el muro del presidencialismo autoritario, luego de una larga lucha que emprendieron otras generaciones. El México de los años 70 -cuando nací- representaba la voluntad de un solo hombre y la obediencia ciega de los soldados que lo acompañaban en los poderes legislativo y judicial. La división de poderes era un mito.

Estoy segura de que en el 2018, muchos jóvenes que sólo conocían los gobiernos del PAN y lo que se hizo llamar “el nuevo PRI”, encontraron en el candidato de Morena, en alguna medida, cierta esperanza, así es que no puedo culparlos o responsabilizarlos, mucho menos pedirles que se arrepientan de su voto si la única referencia que tenían era la de esos gobiernos ahora considerados “neoliberales”. Me aterra que tu generación aún no se dé cuenta del retroceso que sufrimos en estos cuatro años. Ese país que pensamos habíamos dejado atrás, hoy, con López Obrador está más presente que nunca, basta echar una mirada a los miembros de su gabinete y a su estilo de gobierno.

Me cuestiono todos los días qué debí haber hecho para que tú vivieras en un mejor país y qué me falta por hacer para ayudar a las nuevas generaciones a vislumbrar el desastre que significan los gobiernos populistas. “Nadie escarmienta en cabeza ajena”, pero no quiero dejar que sea el tiempo el que lo resuelva.

En los últimos días, en el marco del cuarto informe de gobierno, los spots gubernamentales dan cuenta de cuánta mentira se puede propagar con el uso de los instrumentos del Estado: nuestro sistema de salud está colapsado y el presidente festeja con falacias que no haya medicamentos ni quimios para quienes padecen cáncer, ni tampoco vacunas para los recién nacidos, ni la atención suficiente para quienes padecen enfermedades crónico degenerativas; salir a las calles, especialmente para jóvenes de tu edad, constituye un riesgo. En estos cuatro años, han desaparecido niños que podrían estar siendo explotados por grupos delincuenciales; los feminicidios han aumentado y los homicidios dolosos, prácticamente se duplicaron; regresamos a altos índices de pobreza, en donde se lucra con el dolor ajeno; más de 12 millones de personas perdieron su empleo; apenas les alcanza para comprar la canasta básica, a pesar de que se diga que el salario mínimo aumentó y poco se hable de que nuestro dinero vale menos.

Se miente en el informe con total descaro, “no somos iguales” se repite una y otra vez, y tiene razón, este gobierno ha cancelado las becas para los jóvenes aspiracioncitas; mientras se juzga o se lincha todos los días a cualquier personaje político de la “oposición” se justifican “las aportaciones voluntarias” al movimiento del presidente; se nombran directores y titulares de las secretarías de Estado a los hijos de los amigos del mandatario, sean funcionarios públicos o empresarios encumbrados -por cierto, los mismos que han estado siempre cerca del poder-.

Se echó por la borda todo lo que se había construido desde la pluralidad: desacreditar a los organismos autónomos, criminalizar a periodistas, desdeñar a científicos, atentar contra el medio ambiente y someter a los otros poderes, es la historia diaria que se narra desde el púlpito presidencial, lo peor es que se genera la imagen de un país alterno, ese donde todo es felicidad, donde “vamos muy bien”, aunque nos estemos desmoronando. Todos los días el presidente miente, nada de lo que dice es verdad, todo lo que dice es falso, su deporte favorito es batear la realidad y su único trabajo es contar la historia a su manera y cerrarle el paso a la democracia.

Querida hija, estamos a dos años de elegir un nuevo gobierno y estoy consciente que mi generación no debe echar sobre la tuya, la responsabilidad de lo que puede pasar en el 2024. Pero también al verte, tengo la esperanza que encontraremos un camino mejor para reconstruir el país maravilloso que es México. Me han dicho recientemente, amigos en los que confío, que poco se puede hacer desde una visión idealista como la mía, pero estoy convencida de lo contrario. Construir el porvenir posible empieza por personas que aún tienen ideales, mejorar nuestro entorno será con quienes no han permitido que la dignidad se extinga; corregir el camino que desde la oposición está extraviado, va a requerir el esfuerzo de militantes, más allá de sus líderes, y de ciudadanos comprometidos con nuestra nación, más allá de los partidos.

Como dice la cantante española Rosana: “llegaremos a tiempo, porque a pesar de que nos han disparado por fuera, todavía no nos matan por dentro”.

Te quiero.

Adriana Dávila Fernández

 

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