La moda de la felicidad

Nuestros jóvenes lo discuten constantemente. ¿Por qué tú no me das permiso de salir de noche, o de irme de vacaciones con mis amigos, si todo el mundo lo hace?


La moda no es vestir, es moral


La moda, con toda seguridad, es el dictado de las grandes mentes que, como diría Paul Moraud, sienten, presienten y ofrecen el futuro en el presente.

Los diseñadores, los dictadores, cortan en seco con las convenciones, arrancan de raíz los excesos, huyen de la mera anécdota y van a la esencia.

De entre todo este cosmos de ofertas, cada quien elige lo que le acomoda. Y qué bueno que ello suceda, porque, indiscutiblemente, lucir bien, sacar un óptimo provecho de las cualidades físicas y minimizar los defectos es una inyección espiritual necesaria.

Pero la moda va más allá de los trajes y las fragancias: llega incluso al lenguaje, a las actitudes, a la moral y a las costumbres.

Nuestros jóvenes lo discuten constantemente. ¿Por qué tú no me das permiso de salir de noche, o de irme de vacaciones con mis amigos, si todo el mundo lo hace?

Lo que la mayoría hace tiende a convertirse en norma, en pauta a seguir, aunque con ello corramos al precipicio. Pero, eso sí, todos juntos.

Ante ello, ¿por qué no inventar la moda de la felicidad, de la esperanza?

Debo confesar que nunca se me había ocurrido semejante planteamiento. Jamás había pensado en ser dictadora de la moda en ese sentido.

Fue en una homilía, cuando un sacerdote habló de ello. En ese momento caí en la cuenta de que tenía razón. Si cada uno de nosotros somos la sal de la tierra, tenemos que ponerle sabor a la vida.

Y ponerle sazón significa ejercer un liderazgo que imponga la moda de la congruencia, de la comprensión hacia los demás, de la búsqueda de la felicidad, de volver a llenarse el alma con la belleza de los paisajes, de los libros, de la música, del diálogo, de la solidaridad, del trabajo bien hecho.

El sacerdote preguntaba a los feligreses: ¿por qué no imponer la moda de la felicidad?

Claro que no es un asunto sencillo. Para estar a la vanguardia en el vestir sólo se necesita un poco de ingenio; la madurez personal, en cambio, es una búsqueda continua de nosotros mismos.

Pero vale la pena… claro que sí, puesto que para eso nacimos los seres humanos.

 


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