¡Qué pena con Montesquieu!

La mentira, la humillación y la prepotencia caracterizan al poder en nuestro país y no solo en la Cámara de Diputados.



¿Por qué nos decimos República si somos capaces de insultar con la frase “no seas igualado”? La idea de que todos somos iguales les parece una aberración a los diputados de Morena. ¿Por qué nos llamamos demócratas si el propio gobierno nos advierte que los Derechos Humanos forman parte del neoliberalismo y no de la dignidad de la persona humana? ¿Por qué los funcionarios de este gobierno dicen protestar la Constitución y no respetan la separación de poderes?

Nuestro México está pasando por una etapa en donde el principio de igualdad no forma parte ya ni siquiera del lenguaje; por eso escuchamos a un diputado del partido-gobierno de Morena decirle a un compareciente -como fue el caso del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova- reclamarle a través de una orden “¡no me toque!” “igualado”. Todos somos el lenguaje que usamos; Morena es este tipo de cargas semánticas, no nos equivoquemos. Sobra decir que, con independencia del penoso hecho, el verdadero “ganón” en este suceso fue el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova.

Pero en la Cámara de Diputados pasa todo esto y más. Un diputado del PRI le reclamó a la secretaria de Medio Ambiente que culparan a los menonitas de la deforestación. Y, al llegar su turno, esta contestó con voz fuerte que era “ridícula su intervención”, para después hablar de la minería que no tenía que ver nada con los menonitas. Ese es el nivel de las discusiones en la cámara. Unos días antes, Manuel Bartlett se comportaba como verdadero majadero con las diputadas Marijose Gamboa y Claudia Campusano del GPPAN y, después, el director de Pemex no quiso quedarse atrás e hizo lo mismo. En la Cámara de Diputados parece que hay una competencia para ver quién trata peor al “adversario” en lugar de ser un espacio democrático para el diálogo y el debate.

Al enorme problema de la falta de respeto y dignidad que permea los diálogos en la cámara baja, debemos añadir la evidente y grave falta de división de poderes. La división de poderes es la premisa base de un gobierno demócrata. Es una condición de posibilidad para que lo demás funcione como se debe. La falta de esta se agrava en México cuando el actual presidente tuvo todo el Congreso y una Suprema Corte que está sometida al poder ejecutivo. Los legisladores del partido-gobierno morena no tienen ningún reparo en adular y defender al poder ejecutivo hasta en lo indefendible. La consecuencia de la falta de separación de poderes es el abuso y la prepotencia que vemos todos los días.

La mentira, la humillación, la prepotencia caracterizan al poder en nuestro país y no solo en la Cámara de Diputados, podemos ver otros ejemplos:

Hay prepotencia cuando el presidente de México, desde los micrófonos del poder, una vez más arremete contra la clase media y le dice “mal agradecida” y se enoja porque los ciudadanos preguntamos qué vacuna nos van a poner. Y no sólo eso, sino que imita y se burla de ellos.

Hay prepotencia y humillación cuando un Juez Federal le pide a la Fiscalía General de la República investigar a un abogado defensor de una persona que no se presentó a una audiencia. Este solo hecho ilustra el traslape de poderes y la violación de las garantías de un abogado por el solo hecho de serlo. La propia Consejería Jurídica Federal debería intervenir por tratarse de un hecho que amenaza al ejercicio de la defensa jurídica.

Fortalece a la prepotencia y a la actitud humillante del poder el hecho de que los jueces obedezcan los dictados del Poder Ejecutivo en los tiempos marcados por el este último. Por ejemplo, el caso de Rosario Robles y el de Emilio Lozoya. Fortalece también la prepotencia el hecho de que el propio Fiscal permite que se le vea como un dependiente del poder ejecutivo.

Hay prepotencia cuando no se admite el error, como sucede en materia de seguridad. En Playa del Carmen, a plena luz del día, hay persecuciones y matan; un hecho así exhibe claramente que de nada ha servido la estrategia de abrazos y no balazos. Sin embargo, el presidente se limita a decir que la culpa es del pasado.

Lo que pasa en nuestro México es un escándalo y el gobierno debería sentirse frustrado. Pero no es así, está muy enojado y han decido enojarse contra todo aquél que no le rinda “caravana” y que no lo adule. Por eso la prepotencia, la mentira y la humillación empiezan a ser parte de la vida cotidiana en nuestro país. No podemos ni debemos acostumbrarnos.

El sistema de contrapesos y equilibrios que es la División de Poderes fue ideada por Charles Louis de Secondat (Montesquieu), y es la piedra angular de todas las democracias de occidente. Ahora que acaba de pasar la fiesta del Día de Muertos debimos poner una ofrenda a tan importante pensador que, viendo lo que pasa en México, debe de dar golpes de furia en su tumba.


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