Los datos oficiales

Grandes despropósitos en proyectos públicos inservibles han sido consecuencia no de la mala voluntad, sino de la demagogia, el populismo y hasta de la manipulación de datos.


Censo Inegi 


El Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) es un órgano constitucional autónomo que coordina un sistema nacional cuyos datos son considerados, de acuerdo con lo que establece la Constitución en su artículo 26B, datos oficiales.

Si queremos conocer nuestro país con mayor profundidad, recomiendo no sólo entrar a la propia página del Inegi, sino particularmente los invito a conocer la presentación que el Inegi ha desarrollado para exponer los resultados básicos del Censo de Población del 2020 en 116 láminas y que fue presentada el pasado 25 de enero. Esta documentación puede ser muy interesante para cualquiera, pero resulta indispensable para una persona que incida directa o indirectamente en la política para la construcción del Bien Común en México.

Grandes despropósitos en proyectos públicos inservibles han sido consecuencia no de la mala voluntad, sino de la demagogia, el populismo y hasta de la manipulación de datos, de allí la enorme importancia de conocerlos y entenderlos bien.

Doy unos sencillos ejemplos de la utilidad de los datos. Partamos de que somos oficialmente 126´014,024 mexicanos; el 51.2% somos mujeres y el 48.8% son hombres.

EDAD: somos un país joven, pero nos estamos haciendo más grandecitos. Si en el 2000 la edad mediana era de 22 años ahora es de 29. Cada entidad tiene su propio promedio de edad. En ese sentido, si tenemos que decidir dónde debe invertirse para crear una institución de educación superior y nuestra opción oscila entre Chiapas o la Ciudad de México, veremos lo importante del dato que la edad promedio de Chiapas sea de 24 años, mientras la edad promedio de la Ciudad de México es de 35 años. No será la única consideración, pero desde luego es fundamental saberlo.

DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN: uno de los grandes problemas que enfrentamos en nuestro país para lograr llevar el desarrollo a todos los rincones del territorio es, sin duda, la distribución de la población en términos geográficos. De acuerdo con el Inegi, tenemos solo 145 localidades con más de 100 mil personas y tenemos más de 185 mil localidades con menos de 2,500 habitantes. Entonces, en una política de salud, la construcción de un hospital, de una clínica o de un centro de salud debe tomar en cuenta ese dato. Los planes en materia de infraestructura carretera deben valorar que hay que comunicar a todas esas localidades para poder lograr un desarrollo regional equilibrado. De ahí que parezca evidente que la implementación de la vacuna del COVID de dos dosis se va a complicar mucho más en las señaladas 185 mil localidades (aunque, en realidad, la preocupación radica en que al parecer no han comprado vacunas ni de una ni de dos dosis).

DISCAPACIDAD: la población con discapacidad es de 20´838,108, para ellas deben estar dirigidas políticas públicas específicas y no tres mil pesos por persona. Porque ese dinero que se da individualmente sirve en el plano asistencial, pero no mejora en nada el desarrollo de una sociedad incluyente que necesita, por ejemplo, romper barreras arquitectónicas y comprar transporte público adaptado para poder movilizarse o construir sanitarios accesibles en lugares públicos.

SERVICIOS: los datos publicados por el Inegi también sirven para documentar nuestro esfuerzo como estado mexicano. Es decir, para documentar los resultados de políticas públicas de las últimas décadas. En materia de drenaje, en agua potable, de suministro de agua entubada, en acceso a la salud, por mencionar sólo algunos, los gobiernos “neoliberales” que tanto critica este gobierno avanzaron en estos rubros –y en muchos más– en favor del pueblo de México.

Una última cosa, a propósito del debate y posteriores descalificaciones a la reforma en materia de energía eléctrica, la Iniciativa Preferente a la industria eléctrica tiene una exposición de motivos con enorme carga de polarización. Señala que: “En el marco de la política neoliberal o neoporfirista” (no sé qué cause más sorpresa, si la contradicción o el anacronismo) se fue imponiendo un proceso para lograr “despojar a los mexicanos de la industria eléctrica nacional…”. En fin, quien redactó esa exposición de motivos debería asomarse a los datos que arroja el censo referido de los que se desprende que, precisamente en esos periodos a los que despectivamente descalifica, se logró el mayor avance para el pueblo de México porque en ese periodo se alcanzó que en el 99% de las viviendas en México tengan acceso a la energía eléctrica.

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