El cuento de los tres cochinitos, a la mexicana

Los animalitos del bosque se espantaron… ¿no que la amenaza venía del malvado lobo de la Dictadura? ¿Cómo un cochinito iba a amenazar a sus propios hermanos cochinitos?


Control a lo cochino


El cuento de los tres cochinitos es uno de los más conocidos por todos los escuincles, perdón, bendiciones y como ayer fue día del niño y hoy es día del trabajo conviene mucho recordarlo para festejar este día. Pero ustedes conocen a la ñora, les va a contar la versión mexicana de este cuento.

Había una vez un país que quería ser una república, con tres Poderes, representados cada uno por un cochinito el cual iba a construir su casita para protegerse del malvado lobo de la Dictadura. Los tres cochinitos comenzaron más o menos al mismo tiempo, pero como en el cuento cada uno eligió materiales diferentes.

El Poder Judicial fue el cochinito que construyó su casita con paja. Era cálida en invierno, pero olía horrible en verano. El cochinito tomaba la vida con una lentitud que parecía tortuga, y fue engordando y engordando mientras contemplaba cómo algún animalito del bosque le hacía un hoyito a su casita, a veces, ante un agujero mayor tomaba pajita y lo rellenaba con parsimonia. El cochinito comenzó a invitar a varios de sus hijos a vivir ahí. Total, nadie miraba la casita de paja a no ser que tuviera un problema.

El cochinito del Poder Legislativo se hizo una casa con madera y la dividió con sus muchos hijos que se rotaban el ocuparse de las diversas tareas de mantenimiento de la casa y de hacer manuales de uso para los demás. Era una casa mucho más grande, con muchas sillas también de madera, se armaban unas pachangas muy buenas en ella. Se invitaba a cochinitos de otros lugares para que se instalaran. ¡A veces hasta guamazos se armaba en la casita de madera del Poder Legislativo! Los animalitos del bosque que miraban las pachangas de la casita de madera a veces no entendían lo que pasaba, pero les gustaba pensar que en teoría cualquiera llegar ahí y opinar y participar.

El cochinito del Poder Ejecutivo fue construido por un cochinito muy trabajador, hizo un caserón con muchos cuartos con ladrillos, con tejas, con vidrios blindados. Muchos animalitos del bosque recibieron comida y se alojaban ahí. El cochinito del Poder Ejecutivo era quien más decía estar preocupado por proteger a todos de la amenaza del malvado lobo de la Dictadura. Hablaba y hablaba de la importancia de sus hermanos cochinitos Judicial y Ejecutivo.

Pasaron muchos años, y cada cochinito había sido sustituido por sus descendientes. En la casita del Ejecutivo llegó un cochinito muy comeloncito y con unos dientes muy largos, se veía más peludo que los demás y le encantaba darse vueltas por el bosque felicitando a los animalitos por la excelente comida que ofrecían… luego, se dedicaba a plantar arbolitos alrededor de la casita con una sonrisa plácida, como la que tienen los bebedores de cerveza justo antes de echarse una siestecita en la hamaca… ¡Y cómo gastaba! ¡Prometía repartir dinero a todos! ¡Un padrino echando bolo en el bautizo se quedaba corto! Muchos animalitos estaban muy felices recogiendo moneditas.

El cochinito del Poder Legislativo y sus anexos estaban en general muy divertidos con el cochinito del Ejecutivo y le festejaban todas sus gracejadas. Las voces de los que poquitos que no estaban de acuerdo, casi ni se oían ahogadas por el estruendo. En cambio el cochinito y sus poquitos familiares del Poder Judicial estaban calladitos, de hecho, recibieron algunos cochinitos enviados por el Ejecutivo a vivir con ellos… se los pidió con una sonrisa tipo Joker y un cerillo encendido que les mostró qué tan rápido se podía prender la paja.

Ante esto los animalitos del bosque se espantaron… ¿no que la amenaza venía del malvado lobo de la Dictadura? ¿Cómo un cochinito iba a amenazar a sus propios hermanos cochinitos?

Pensaron que habían entendido mal, sobre todo cuando el cochinito del Ejecutivo empezó a mandar muchas cervezas y botanas a la casa del Legislativo para apoyarlos en sus pachangas. Les gustó tanto que cuando el Ejecutivo les pidió que le entregaran completita la madera de toda la casa para los rieles de un trenecito que iba a poner en su casa, luego les pidió los cristales las ventanas para completar una sala de aeropuerto que iba a poner en el centro de su casa, y finalmente, les pidió todas las sillas para formar una refinería que quemaría toneladas de dinero cada día.

Los animalitos del bosque, los que se dieron cuenta de lo que estaba pasando porque muchos nada más contemplaban la casa del Ejecutivo y sus discursos de forma pasiva, voltearon a ver a la casita del Legislativo y le comenzaron a gritar: ¡El lobo no viene de fuera! ¡El lobo está ahora en la casita del Ejecutivo! ¡Se nos coló y ustedes no pueden permitir que les destroce la casa! ¡Que se apropie de todo! ¡Que nos deje pobres y sin futuro!

Sí, el Ejecutivo mandó una ley que le da el control absoluto de todo el dinero de la nación bajo el pretexto de una emergencia. El COVID-19 es hoy la emergencia, mañana puede ser lo que sea. Como el periodo ordinario de las Cámaras ya acabó, se queda a cargo la Comisión Permanente. Ésta tiene la facultad de convocar a un periodo extraordinario para seguir aprobando leyes. Sin embargo, por su composición los legisladores de oposición que forman si se ponen firmes, si asisten todos y todos votan en contra de hacer ese periodo extraordinario la ley no pasará y por lo menos en esta ocasión, se contendrá que las casitas de los tres cochinitos que deben funcionar en armonía como una República, no desaparezcan bajo la amenaza del cochinito-lobo que hoy es el Ejecutivo. Y colorín colorado… ojalá este cuento hubiera acabado.

 

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