Del bote apartador a la responsabilidad personal

La calle dejó de ser de todos.


Política


Un día que la ñora caminaba por su colonia se topó con un bote de detergente en la calle, frente a la tiendita de la esquina. A esta ñora le llamó la atención que tenía escrito: “Vecino, favor de no robarse el bote”. En la cabeza de esta ñora de inmediato surgió la respuesta: “Vecina, favor de no ponerlo, la calle es de todos”.

O por lo menos, así se entendía. La ñora recuerda que cuando era escuincla, perdón, era la bendición de su mamá, las ñoras barrían las banquetas porque se consideraba un servicio a la comunidad. O por lo menos, en muchas calles de la ciudad y del país pasaba lo mismo.

Con el tiempo en lugar de sólo usar escobas, las ñoras pasaron a usar cubetas y botes de detergente, pero ya no para limpiar sino para apropiarse del espacio. Quizá fue el aumento de los autos que hizo que el espacio para estacionarlos se volviera tan disputado… pero también de pronto se volviera un “derecho” el poseer el espacio de banqueta y calle frente a la propiedad donde uno vive. La calle dejó de ser de todos.

Tanto en el caso de la dueña de tiendita, como de los miles o millones de vecinos que han creado incluso complicadas instalaciones de tubos y herrería, se trata de la adquisición de un derecho que no se tenía, —y que no se tiene en realidad— y que la gente considera oportuno “defenderlo” sobre todas las cosas. Y ese mismo mecanismo es el que se da con las políticas de gobierno donde por alguna circunstancia que comienza a dar indiscriminadamente y sin reglas dinero a la gente. Se convierte en un derecho, y la gente considera oportuno defenderlo con lo que sea. En el país, independientemente de si —Dios guarde la hora— esto se convierte en una dictadura o continúa bajo el esquema de sexenio, se están adquiriendo falsos derechos de acceso a becas, apoyos económicos, despensas y demás ayudas que no implican nada al que los recibe y que no estará dispuesto a dejar de recibirlos así como así.

Ciertamente, no se trata sólo de los vecinos sino de los viene-viene, o los vendedores ambulantes que se han apropiado de las banquetas y las calles. En este sentido, la ñora todavía no sale de su asombro cuando conoció que en cierta colonia donde abundaban los viene-viene y se había anunciado poner parquímetros, los vecinos preferían a los viene-viene porque ya los conocían y según ellos hasta los cuidaban.

En este caso también hay una alteración sutil del “orden natural”, porque no sólo se trata del uso ilegal que un viene-viene hace de un bien que no es suyo: la calle; sino del “poder” que se le otorga para cuidar la seguridad de los demás y así se “gana” el apoyo de los vecinos. El mecanismo detrás no es muy diferente del narco que da “protección” o hace obras a favor de una comunidad y que se gana así el respeto e incluso la complicidad de todos.

La ñora anda pues muy filosófica y sociológica, pero a veces es necesario revisar y reflexionar sobre esos cambios sutiles que están alterando a la sociedad de manera imperceptible y que como tentáculos se extienden como el ¿derecho al aborto?, ¿derecho a que los pagan impuestos me paguen además mi “derecho” al aborto? ¿derecho a que me den gratis condones o anticonceptivos? ¿derecho a que los demás sean “corresponsables” de mis decisiones? Por mencionar algunos que parten precisamente del comportamiento más íntimo de la persona y de las que sólo cada uno debería ser titular y absoluto responsable desde el primer (y anterior) momento. Y de ahí, un montón de temas que deberían ser revisados, reflexionados y puestos a discusión para recuperar por una parte un verdadero uso de la libertad personal y, por el otro, de las implicaciones sociales y comunitarias de la misma. Porque al final es igual que la dueña de la tiendita se quejaba de que “alguien” le volaba los botes que ilegalmente ella pone para apropiarse de algo que no le pertenece. Si no los pone, no se los vuelan.

Disculpen a esta ñora, que en lugar de beber ponche y andar relajada, le da por profundizar ante algo tan básico como un bote vacío de detergente apartando lugar en la calle. Pero nadie se preocupe, esta ñora se va a lavar porque aunque no lo crean, sí, también hay ya un mercado negro de botes de detergente vacíos y el de la ñora quedará disponible con dos lavadas más.

 

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