El incendio que hundió al Titanic

El dinero que Pemex podría usar para dar mantenimiento a las plataformas, se va a ocupar para construir la refinería Dos Bocas.



El otro día, esta ñora estaba hablando con una de sus primas. Así típica llamada por teléfono como si fuera 1999. En la plática esta ñora que no le gusta para nada hablar de política de repente dijo que seguro cuando inició el sexenio el espérense-tantito-veracruzanos-ya-casi-está-listo-un-plan-de-rescate-que-les-daré-a-conocer-en-quince-días-más se creyó era como Jack de la película “Titanic” que gritaba “I’m the king of the Word” mientras veía el horizonte. La imaginación de la ñora se niega a incluir a la no primera dama en la escena.

Pues la prima de la ñora, además de estar de acuerdo y comentar con una gran convicción propia de su mente muy analítica (oh sí, esa prima tenía el “Baldor” como libro de cabecera) que Jack sí cabía en la tabla; agregó que nuestro-king-of-the-Word-tropical nunca había notado que su trabajo era en realidad comandar el barco y no nomás sentirse lo máximo. Aunque siendo compresivos (la prima es muy buena gente) era entendible que nomás le gustara estar en la proa sintiendo el vientecito si se considera que nunca había comandado nada más grande que una chalupa en Xochimilco.

Luego pasó a dejar a esta ñora más helada que Jack cuando la Rose no lo dejó subir a la tablita, al explicarle que el Titanic real no se había hundido por el iceberg en sí, sino por un incendio que debilitó la estructura antes y que, por eso, todas las protecciones que sí se habían puesto para evitar que se hundiera incluso con choque de ese tipo fallaron.

Eso no fue lo que precisamente dejó helada a la ñora, después de todo eso ocurrió hace más de 100 años, sino que México tenía un incendio interno que nadie estaba viendo y que tenía el potencial de debilitar toda la estructura interna y hundirnos quizá, incluso, sin la ayuda de un iceberg. Y que lo peor es que el incendio lo estaba causando y avivando el hablo-de-Anaya-por-horas-con-tal-de-no-hablar-de-ninguno-de-los-problemas-reales-del-país gracias a su ciego amor por Pemex.

La prima le explicó a la ñora que Pemex dependía para financiarse de la venta de bonos. Los bonos funcionan como un préstamo: donde, por ejemplo, le dan 100 pesos a la empresa que se compromete a que los devuelve completitos en cinco años; pero anualmente se paga un interés de 10 pesos. Los pagos de intereses y de los bonos en sí, precisó la prima, van a salir de las ganancias de Pemex. Además, los que tienen esos bonos durante esos cinco años pueden vendérselos a otros, pero si las condiciones de la empresa han empeorado quien nadie los va a querer comprar a 100 sino que le bajan a 95 o hasta menos.

Ya que la ñora entendió eso, la prima agregó que tanto el precio inicial de los bonos como los precios de recompra se ven influidos por la opinión de las empresas calificadoras que son como las suegras: “con ella no salgas se ve que no ha invertido en mantenimiento se le van los cachetes y le van a salir unas patas que no son de gallo sino de pavorreal”. O, “mira m’hijo, aquella sí te conviene es bien ordenadita con su lanita, pagó bien puntual las tres tandas a las que la invité”.

Obvio, si la suegra tiene mala opinión, para los nuevos bonos de Pemex debe ofrecer un margen de ganancia muuucho mayor y recogerá menos dinero. Quizá los siguientes bonos los tenga que ofrecer a 90 pesos y pagando 20 anuales en lugar de 10. O sea, le sale más caro tener financiamiento. También, cuando resulta que la suegra tenía razón y el matrimonio es un desastre o la empresa está a punto no tener ni para sueldos, todos los que tienen bonos ahora los quieren vender y el precio sigue bajando porque además hay mucha oferta. Además, los mayores compradores de bonos de todo tipo son los Fondos para el Retiro de los gringos viejitos, los cuales tienen la obligación de vender (aunque sea a precio de remate) los bonos de las empresas a los que las calificadoras-suegras les ponen mala calificación.

La ñora ahí sí demostró que tampoco anda tan perdida, pues comentó que claro que nadie va a creer que Pemex vaya a tener dinero para pagar: primero porque el petróleo ya no es un gran negocio como lo fue antes. Segundo, porque Pemex ha bajado su producción, es decir, tiene menos mercancía que vender, porque por falta de mantenimiento se están dando incendios en plataformas lo que hace que esas plataformas dejen de producir y, claro, todavía menos mercancía. Tercero, porque el dinero que podría usar para dar mantenimiento se va en a montones y montones en construir una refinería Dos Bocas que es como invertir en comprar un motor nuevecito para un Datsun 74.

A final, la prima dijo que Pemex cada día se acerca más a la orilla del precipicio donde los futuros viejitos gringos van a inundar el mercado con sus ofertas de bonos y eso precipitaría (por eso es precipicio) que Pemex llegue a la quiebra, que sería gravísimo y con muchas consecuencias. Pero la historia de terror podría ponerse peor, porque según le dijo la prima, el quiero-que-los-periodistas-nomás-escriba-cosas-lindas-y-como-a-mí-me-gustan trae la idea de que con tal de proteger a su adorada Pemex podría hacer que todas esas deudas sean “avaladas” por el gobierno mismo. En otras palabras, pretende dar la orden de ir directo al iceberg que golpearía a México-Titanic que ya está debilitado por el incendio interno que no sólo está siendo controlado, sino que se le echan crecientes toneladas de dinero de los impuestos construyendo Dos Bocas y otras tonteras. Casi estamos pagando para que Pemex fracase más rápido.

La ñora está orgullosa de su prima, pero no sabe si le va a perdonar que ahora además de su insomnio por si manda o no a los escuincles, perdón, bendiciones a la escuela el lunes, ahora vivirá con el corazón en la boca (en las Dos Bocas) por Pemex, el incendio que nadie pela.

 

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