El hijo de don Pri y doña Soc

Los daños que se están haciendo a México se agravan de tal modo que un día de estos van a ser irreversibles.



El ñor tiene desde hace años un compañero de trabajo, un tipo que era buena onda, de esos que cuentan chistes hasta en los funerales; pero se lo agradeces. La verdad es que era un gusto platicar con el “compañor” en las reuniones.

Sus antecedentes familiares no eran los mejores, tuvo un papá muy autoritario, don Primitivo y una mamá muy sumisa doña Socorro, pero le decían doña Soc, porque además era muy sociable En una reunión por el aniversario de la fábrica, el compañor le contó a esta esta ñora que su mamá se fue empoderando y se separó de don Pri, como le decían sus cuates. El compañor juraba y juraba que no repetiría los mismos errores en su matrimonio.

Por los pleitos en su familia, la verdad es que no habían tenido un gran desarrollo económico, pero se pusieron las pilas, el compañor le echó los kilos a escuela (y también a la barbacoa porque echó un pancita muy redondita) con lo cual se pudo preparar y llegar al número 15 en la empresa donde trabaja con el ñor.

Pero luego este compañor, que no sabe esta ñora por qué se le hace tan parecido a México con eso de que era el lugar 15, se fue a tomar unos cursos que disque de superación personal, no crea que a los “estates” con esos de las siglas impronunciables como los de Mario Delgado o la candidata ventrílocua (dicen que es el marido el que habla por ella) de Nuevo León. Este compañor se fue a Cuba, que porque era más baratón.

Esta ñora sospechó desde el inicio que le habían dado gato por liebre, porque en lugar de regresar así con técnicas súper modernas y dispuesto a usar la tecnología más avanzada para que la fábrica produzca más (el ñor es el encargado de almacén), pues resulta que no que llegó en zen, que “fabricar es bien fácil”, que “nomás necesitamos hacer un agujerito aquí” y ahora “yo voy a comprar hasta las herramientas más sofisticadas de ingeniería, aunque yo nomás sepa de administración” y así.

Luego el compañor empezó a echar cobijas a los paneles solares de la fábrica de junto que porque daban reflejos que lo deslumbraban en su oficina y que no se valía que usaran la luz del sol así nomás para ellos y que pobres paneles que se iban a deprimir porque en la noche no servían. Luego se trajo a unos cubanos y a un boliviano así como para que pasearan por la fábrica, cosa que ni le gustó nada al ñor porque nomás andaban de vaquetones en la cafetería.

Sin embargo, ahí la llevaban, campechaneando el asunto, cuando vino la pandemia y el parón de actividades. Se tuvo que bajar el sueldo a todos, o eso pensaban, porque apenas la semana pasada se enteraron de que al jefe de comunicación no le bajaron el sueldo, al contrario, ¡la empresa fue aval para un préstamo personal! que porque el pobrecito de Epi –cualquier coincidencia es totalmente intencional– le había estado yendo muy mal.

De pilón, esta ñora supo que el compañor además está haciendo lo mismo que juró no hacer cuando estuviera casado, le pone unas gritoneadas espantosas a su esposa, le redujo el gasto a ¡doscientos pesos! que dice que es lo único que trae en la cartera porque todo lo demás lo había depositado en banco, que ahora iban a ser muy austeros en el gasto.

Luego cuando se enfermó el hijo y la pobre mujer le rogaba que le diera dinero para ir a comprar las medicinas. El compañor se negaba y se negaba, le decía que no se preocupara, que le diera tecito de cola de caballo y frotaditas de alcanfor en lo que él hacía un cuidadoso estudio de mercado para encontrar las medicinas más baratas aunque fuera en Ucrania.

La pobre mujer estaba considerando empeñar unos aretitos que le había regalado el compañor años antes para escaparse a comprar la medicina. ¡Para qué son los bienes sino para remediar males! El compañor la vio y le dijo que por supuesto que no se preocupara, que él iba a empeñar los aretes para comprar las medicinas.

Pues sí, no es difícil adivinar que a estas alturas el pobre niño está con una crisis terrible de salud, las medicinas siguen sin aparecer… y la esposa del ñor todavía no entiende a dónde carambas se fue todo el dinero que las medidas de austeridad, más el empeño de los aretes y no sé qué tantos recortes más… ¿Será que los emplea en pagarle a un montón de vecinos que cada que sale de su casa le repiten que el compañor es más grande que Quetzalcóatl?

Esta ñora espera que la esposa del compañor se dé cuenta de no puede seguir con él y que tienen que hacer algo como su suegra en el pasado para librarse del don Pri venido a menos, por el bien de ella y de su hijo. Y hacer terapia fuerte para romper esa dependencia a buscar malos maridos. Sí hay hombres buenos como el ñor, apunta esta ñora. Hay que saber elegirlos, nomás.

Por lo pronto, el ñor y varios más de la fábrica, ya están haciendo el papeleo legal para documentar los enormes perjuicios que se están causando en la fábrica para ver qué pueden hacer también para apoyar a que lo despidan pronto, porque el daño que se está haciendo a México, perdón, a la fábrica se agrava de tal modo que un día de estos va a ser irreversible.

 

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