Un hotel y un agujero negro

Hoy Pemex y CFE son la bomba de tiempo que al estallar cancelará nuestra viabilidad como país. Esto ocurrirá sin duda si seguimos sin tener un Congreso que sí sea un contrapeso a tanta locura.



Hacía mucho que esta ñora no sabía de unos amigos que conoció en la universidad. Son dos hermanos que pertenecían a una familia de mucha lana, armaban unos pachangones… que mejor ni acordarse con detalle porque el ñor luego anda pidiendo explicaciones.

Los papás de los ñoramigos fallecieron hace un par de años con poca diferencia, así que ellos dos y una hermana mayor heredaron la fortuna familiar. O lo que solía ser la fortuna familiar: un hotel que era de lujo –sí, gente chismosa varios de los pachangones tuvieron como escenario ese hotel– en una zona de aguas termales.

Los ñoramigos estaban de lo más entusiastas contando que habían invertido un montón de dinero en hacer una extensión del hotel con nueva alberca, chapoteadero y bar. Esta ñora estaba a punto de preguntar si el bar estaría junto al chapoteadero, cuando de pronto uno de ellos comentó que su hermana mayor no estaba de acuerdo con que gastaran tanto dinero en ampliar el hotel, porque desde hacía un par de años que las aguas termales habían registrado niveles muy bajos, pero que ellos estaban convencidos de que si hacían otra perforación seguro salía muy pronto y con un popotito mucha agua.

Luego el otro agregó que su hermana también insistía en que las cosas habían empezado a ir mal desde que se había construido una autopista y que sobre la carretera sobre la que quedaba el hotel ya no pasaba casi nadie. Uno decía que todo se solucionaría ahora que cambiara el presidente municipal que les había prometido obligar a todos los del pueblo a acudir forzosamente una vez al mes al hotel.

Luego, contaron que habían corrido a unos inversionistas que les habían sugerido dejar el negocio del hotel y dedicar esa tierra a la fundación de una universidad privada. Pero que ellos no querían nada privado ni nada que no fuera seguir con el negocio que tanta gloria había traído a su familia.

Esta ñora que pocas veces se queda sin palabra, no podía pronunciar ninguna por el asombro y sobre todo porque la historia le sonaba conocida. Los ñoramigos aprovecharon el inusual silencio para rematar diciendo que el día anterior habían corrido al Director de Obras, que era un ingeniero con la obligación de ver qué señalar los errores en la construcción y el gasto porque le había con el chisme a su hermana, (así dijeron ellos: chisme) de que pensaban vender unas tierras donde ella cultivaba flores para exportación, negocio muy exitoso, para financiar la construcción de la nueva ala y que eso llevaría a quiebra a la familia completa y estarían endeudados hasta sus bisnietos si hacían eso.

Después de terminar la llamada, y tomarse un tequila despacito, esta ñora por fin captó a qué historia conocida le sonaba: ¡a Pemex! Que había sido un negocio exitoso (o eso nos dijeron en la escuela) que había permitido que el gobierno metiera mucho dinero de sus ganancias a otros proyectos, y fue tanto el dinero que le sacaron que dejaban poco para reinvertir en la empresa. Para sacarla adelante, se abrió a la inversión privada de manera consensuada y ordenada como la aplastante mayoría de las empresas petroleras del mundo que alguna vez habían sido estatales.

Pero luego llegó el en-las-mañaneras-se-me-cuelan-“espontáneos”-con-corte-militar-pero-no-recibo-ni-a-mujeres-ni-a-campesinos y decidió que a Pemex aunque pierda millones y millones, le seguirá metiendo dinero de los mexicanos, todo el dinero que haga falta. Incluso absorbiendo la enorme deuda de la empresa para que la paguemos los mexicanos: un fobaproa oleoso para que entienda mejor.

Esta ñora leyó por ahí que si por alguna fórmula mágica hoy se congelaran los intereses de la deuda de Pemex y no se endeudara más ni perdiera más dinero, y las ganancias actuales se dedicaran sólo a pagar deuda, tomaría 120 años en pagarse.

Eso sin contar con que el juego-beisbol-en-lugar-de-visitar-un-hospital-con-niños-con-cáncer decidió que haría una refinería nomás por el gusto de inaugurar una y recordar su infancia junto a los pozos petroleros de su tierra. No le importaron las advertencias de que la carretera ya no pasa por ahí, porque los autos eléctricos y las energías limpias son lo de hoy.

De pilón, el me-preguntan-hasta-cuánto-papel-de-baño-gasto-en-el-Palacio-donde-todos-los-mexicanos-pagan-porque-viva argumentó ahorros para “correr” a una de las calificadoras, Fitch Ratings, para que dejaran de decir que es una pésima idea invertir en una empresa que se parece más agujero negro que va absorbiendo hasta los negocios buenos de su alrededor.

Esta ñora como todos los demás mexicanos aprendió que Pemex era de todos nosotros, pero nunca lo vio materializado en un cheque. Lo que hoy sí ve esta ñora es como este hoyo negro está acabando no sólo con las finanzas públicas a una velocidad asombrosa, sino que está a nada de convertirse junto con la CFE, en todo lo contrario de lo que alguna vez se dijo que fueron: palanca del desarrollo. Hoy Pemex y CFE son la bomba de tiempo que al estallar cancelará nuestra viabilidad como país. Esto ocurrirá sin duda si seguimos sin tener un Congreso que sí sea un contrapeso a tanta locura. La ñora invita a comentar este tema con todos los que se topen y concientizarlos de la importancia de ir a votar como nunca el próximo 6 de junio.


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