Una nueva revolución recorre el mundo

Esta es la expresión acabada del nuevo socialismo que se impulsa para Latinoamérica.


Mujeres


Durante las últimas semanas hemos visto cómo se producen oleadas violentas en el mundo. Manifestaciones de protesta que inicialmente eran pacíficas, se trastornan en violentas olas de destrucción desproporcionada, en algunos casos, en relación con aquello que demandan o a lo que se oponen. Este fenómeno se ha manifestado lo mismo respecto de gobiernos que se califican de derecha o de izquierda. Parecería repetirse el fenómeno del 68 con las revueltas estudiantiles que incidieron en la transformación de las mentalidades.

Muchos se sienten sorprendidos por lo que está sucediendo y no encuentran explicación a este fenómeno que parecería ser espontáneo, pero no es así. Más allá de algunos aspectos circunstanciales que más bien parecen pretextos, nos damos cuenta de que, en el fondo, en el cambio de época que estamos viviendo ha irrumpido con fuerza un ataque a fondo contra los principios y valores en que se ha sustentado la civilización occidental, otrora cristiana.

Más que una agresión a los sistemas políticos de corte democrático, lo que vemos es una ofensiva contra Dios y la criatura que hizo a su semejanza: el hombre. La revolución en las calles, lo mismo en París, España, Nicaragua, Bolivia o México, se han enfocado a un objetivo común: las iglesias.

Como sabemos, la irrupción de los grupos musulmanes radicales, cuyo paradigma es ISISE, se lanzaron que especial furor contra los templos cristianos, sin importar si en ellos se encontraban personas inocentes. Las noticias nos hacen llegar la información sobre cómo niños, mujeres y hombres, nuevos Macabeos, son ejecutados de manera inmisericorde, uno a uno, por negar a renegar de su fe.

En París, por ejemplo, antes del incendio de Notre Dame, se supone por un accidente, hubo agresiones previas hacia algunas iglesias, sin que se sepa bien a bien, quiénes fueron los autores. El incremento a la tarifa del transporte ha sido el gran pretexto en Chile para la realización de movilizaciones masivas donde se destruyen muchos bienes, pero en particular se realiza una ofensiva contra los templos, donde se lanzan líquidos inflamables que aceleran la combustión. Son actos vandálicos que demuestran un verdadero odio al cristianismo.

En Nicaragua no ocurre algo menor. Ahí, donde el sandinismo ofendió a san Juan Pablo II cuando realizó un viaje a Centroamérica y Daniel Ortega gobernaba, hoy que ha vuelto al poder ha retomado su camino anticristiano en una verdadera persecución a la Iglesia, impidiendo a los fieles ingresar a los templos. Esta es la expresión acabada del nuevo socialismo que se impulsa para Latinoamérica.

Nuestro país no es la excepción. Hordas de mujeres embozadas en pañuelos verdes y jóvenes que ocultan sus rostros, han intentado dañar las iglesias y han pintorrajeado sus muros. Más daños habrían hecho si no hubiera habido quienes valientemente hicieron un muro humano de protección. Algo similar ocurrió en Argentina, donde mujeres como hienas, con el busto desnudo, insultaban, agredían y escupían a quienes estoicamente protegieron sus templos.

Se trata de una ofensiva contra el espíritu en todas sus dimensiones, la religiosa y la cultural. Así podemos entender, también, las agresiones que han hecho contra la Rectoría de la UNAM y la librería adyacente, o contra librerías del Centro Histórico, porque la cultura es “fifí”.

Atila se queda chico frente a este fenómeno, cuando menos el papa León I logró convencerlo de que no saqueara Roma. Sin embargo, sabemos que las revoluciones modernas, desde la Francesa, han sido más bárbaras que los hunos, y en México no fuimos ajenos a ellas como producto del jacobinismo liberal del siglo XIX y la persecución del XX.

Hoy, con la ideología de género, el ataque es al centro del hombre mismo, a su identidad, con la pretensión de realizar la última revolución contra Dios, como dijo el papa Benedicto XVI, erigiéndose en su autocreador, negando y rechazando lo que ya es, para asumir de manera artificial, lo que no es.

A eso nos enfrentamos en México y en todo el mundo.

 

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