La transición traicionada

Uno de los logros ciudadanos durante el último tercio del siglo pasado fue impulsar una transición política que permitió la alternancia del poder, desplazando de momento a parte de la familia revolucionaria de algunos ámbitos del poder.



Concepciones de la política hay muchas. Desde las más elevadas concebidas por los filósofos y las bien realizadas por políticos virtuosos y santos, hasta las más ruines, maquiavélicas e inhumanas. Las primeras se caracterizan por el servicio y la búsqueda del bien común. Las segundas se basan en la ambición, la soberbia, la falta de escrúpulos y el afán de poder para someter, humillar y desahogar resentimientos, complejos y venganzas. Entre estos dos polos, existen muchas vertientes donde se mezclan, en distinta proporción los beneficios y males de una y otra, porque en los humano no todo es perfecto y salvo raras excepciones, tampoco es intrínsecamente perverso.

En México hemos vivido esa mezcla en distintas proporciones a través de nuestra historia. Los frutos de la Revolución Mexicana, con todo y sus promesas de bienestar y su retórica de justicia, tienen más bien un sabor amargo que grandes realizaciones. A pesar de todo, México logró avances importantes durante el Siglo XX, pero eso se debió a que los mexicanos, la sociedad, logró superar obstáculos y limitaciones que impedía el sistema. De quienes hicieron posible esos resultados positivos, se podría decir como del Cid Campeador, que grandes ciudadanos y qué país tendríamos si hubiéramos tenido buenos gobernantes.

Uno de los logros ciudadanos durante el último tercio del siglo pasado fue impulsar una transición política que permitió la alternancia del poder, desplazando de momento a parte de la familia revolucionaria de algunos ámbitos del poder. Sin embargo no todos los espacios fueron liberados de su influjo y control. Algunos, al perder lo cargos, miméticamente infiltraron a la otrora oposición y se le unieron dizque compartiendo propósitos de reforma y dispuestos a sumarse en el esfuerzo. Lamentablemente, los antiguos adversarios por generosa ingenuidad, en el mejor de los casos, les cedieron espacios y muchos terminaron contagiados por los males del sistema, al grado de desacreditar la alternancia y permitir el retorno del antiguo grupo, dizque renovado, pero más bien reciclado en sus antiguos males, al grado de terminar por hartar a la ciudadanía.

Ante esta situación, desde el rincón del resentimiento y la frustración, surgió un grupo de ex priístas, desplazados y resentidos con su partido de origen, diagnosticadores certeros de los males de su antiguo partido, pues lo habían vivido en su momento, y ofreciendo acabar con ellos. Fue así como agrupados en Morena, con un discurso simplón, pero llegador, lograron convencer a la mayoría de los mexicanos que ellos tenían la solución de raíz a los problemas nacionales. Fue así como se instalaron en el poder, con un racimo de apetitosas promesas que, sin embargo, han ido traicionando una a una, aunque simulen haberlas cumplido, exhibiendo sin vergüenza como han ido destruyendo, poco a poco, lo positivo que había, pero sustituyéndolo con simulaciones muy alejadas de lo grandioso que se había prometido.

Del saco de los rencores se han ido asestando golpes aquí y allá que dañan a personas o instituciones que estorban a los propósitos autocráticos de quien detenta el poder. En algunos casos los golpes han sido directos, en otros se ha logrado la cooptación, a unos más se les ha ido desplazando para colocar nuevas fichas en lugares estratégicos en donde si bien no han mostrado grandes realizaciones, se han mostrado sumisos a los deseos del poder.da

Pero la gran batalla se ha enfocado contra el Instituto Nacional Electoral, sucesor del Instituto Federal Electoral, contra el cual el presidente ha enfilado ataques continuos por el resentimiento de su derrota en el 2006, y aunque los funcionarios y las reglas de entonces no son las mismas e, incluso, muchas de las reformas que se aplican obedecieron a su demanda, el rencor no se olvida y se ha gestado toda una estrategia de desprestigio, a pesar de que gracias a la existencia del INE han sido posibles las alternancias en municipios, estados y la federación en los distintos órdenes de gobierno, al grado de haber hecho posible la llegada de Morena y sus secuaces al poder.

De las palabras se ha pasado a los hechos, y con el estrangulamiento económico al INE, que le impide cumplir con eficiencia sus funciones, en particular la consulta ciudadana de revocación del mandato, se han afilado los cuchillos con los que se prepara el sacrificio del Instituto mediante una reforma electoral aún oculta, y la posibilidad de un juicio político a los consejeros del Instituto, llevando a una situación de hecho que permita desplazarlos y colocar consejeros a modo para controlar la elección del 2023, al modo del viejo PRI, que vendría a ser la cereza del pastel del proceso de deterioro político que estamos viviendo.

De esta manera, los oportunistas beneficiarios del proceso de transición, lo están traicionando para reinstaurar el viejo sistema que añoran, si es que los ciudadanos se los permitimos.


Te puede interesar: La cuesta del 2022

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

@yoinfluyo

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.