Likes y dislikes de AMLO

Los personajes de la oposición muestran por ahora que no serían capaces de conducir una verdadera oposición unida, una ciudadanía unida para oponerse al mal.



Hace algunas semanas que tomé la decisión de ya no escribir más críticas directas contra López Obrador. Es inútil. El tipo o es un psicópata de camisa de fuerza, o es un mañoso y malvado individuo que se ha trazado un plan de destrucción nacional que incluye el ser visto y tratado como psicópata de camisa de fuerza. Cada vez que algún mexicano escribe algo contra él, o se burla de sus limitadísimas capacidades como gobernante, es como si le hubieran dado un “like” en sus redes sociales. Y viceversa. Por eso en esta ocasión mejor reflexionaré sobre qué hubiera pasado si los millones de ciudadanos que no votamos por AMLO hubiéramos actuado como deberíamos haberlo hecho al enfrentar la realidad de tener un individuo como el Peje en la Silla Presidencial. No sé cuál hubiera sido el resultado, pero me animo a pensar que hubiera sido muy distinto a la realidad nacional en este momento, a los tres años del inicio de la presidencia de ese individuo.

Hace unos días, cuando la oposición en bloque en la Cámara de Diputados rechazó la iniciativa de la Ley Eléctrica impulsada por el Presidente, la mayoría absoluta de la ciudadanía aplaudió entusiasta mientras se secaba -¡fiuuuu!- el sudor de la frente. Entre los comentarios que siguieron a esa demostración de solidez contra la barbarie, estaba el de “sí se pudo”. Pero, ¿por qué es ahorita que sí se puede, y por qué no se pudo desde que inició la locura de la Cuatro Te? ¿En realidad no era posible hacer lo mismo desde que este psicópata -y/o- sagaz bandido recibió la banda tricolor?

Cuando el interfecto decidió, previa la pseudo consulta popular, derribar el NAIM, hubo muchas voces que desde la prensa denunciaron el hecho; un grupo de abogados presentó demandas en contra de dicha medida. Pero las empresas directamente involucradas en la construcción del aeropuerto sólo reclamaron su dinero, y la población mexicana en general no hizo otra cosa que criticar a AMLO desde las mesas de los cafés, y lamentarse por tener un presidente capaz de hacer burradas de esa envergadura. Nos quedamos viendo, mano sobre mano. Y AMLO denunció las críticas como pataleo de la oposición. Más “like” para sus redes.

Cuando el COVID llegó a México y AMLO, por consejo de su torpe gurú en Salubridad, se dedicó a minimizar el peligro, lo único que logró con ello fue que las cifras de contagios y muertes crecieran de manera trágica. Se escribieron muchos artículos criticando tal estupidez, pero ni AMLO ni sus funcionarios rectificaron. Las cifras son prueba clara de la irracionalidad de tal cosa. Pero la ciudadanía, y los partidos políticos, en general, no hicieron otra cosa que seguir criticando en los cafés. No hubo ningún acto masivo de repudio por la letal política del gobierno. Dejamos morir a miles, incluyendo a los médicos y enfermeras que murieron a consecuencia de la austeridad republicana. Dejamos libre al asesino de nuestros compatriotas. Una vez más, las críticas se convirtieron en “like” para el presidente.

Y lo mismo sucedió cuando las medicinas se acabaron. Cientos de niños enfermos de cáncer y no sé cuántas mujeres afectadas por otras enfermedades graves perdieron la vida.

¿El culpable? AMLO. Pero nada pasó, fuera de algunos bloqueos callejeros y algunas denuncias que, claro, no prosperaron. AMLO consideró que se trataba de un ataque de sus opositores y prefirió nadar de muertito. Pero lo mismo hicimos los demás. Nos quedamos callados ante tal sinvergüenzada presidencial. Las críticas de la prensa se transformaron en “likes” para el presidente.

Y lo mismo ha venido sucediendo ante otros arrebatos de locura del inquilino de Palacio Nacional. Ni las denuncias de corrupción de los miembros de su gabinete, de su hijo, de sus hermanos, primos y tíos, ni sus sospechosas relaciones con la familia de los capos de la mafia. La ciudadanía ve todo eso, se entristece y se enoja, critica, pero no pasamos de eso. Puros “like” para el Peje. Todo el asunto de las construcciones de Dos Bocas y del Tren Maya ha sido una magnífica oportunidad para que AMLO reciba más “like”. Pero, mientras, México va en picada que vuela. Las escenas de la destrucción de México pasan ante nuestros ojos como si estos fueran los de un pasajero que ve pasar el paisaje a través de la ventanilla de un avión que cae de las nubes.

Cuando FRENA intentó una acción masiva en contra del Gobernante loco, los demás partidos y grupos rehusaron unirse. Fue una llamarada de petate. Claro. Y los posteriores intentos de unión de parte de la ciudadanía son breves, raquíticos y muy esporádicos, aunque siguen las abundantes críticas periodísticas, que únicamente sirven para darle municiones al presidente. Más “like”.

El problema es que ya sólo quedan tres años para que la ciudadanía se una de verdad y logre detener los proyectos turbios del loco, o perverso, presidente. Y si bien la unidad del bloque opositor se anotó un buen punto en su desempeño legislativo, esto no es suficiente para detener a AMLO. Toda la ciudadanía debe unirse. Al menos esa parte -¿mayoritaria?- de la ciudadanía que está consciente de la amenaza encarnada en el Peje y sus esbirros. No basta, evidentemente, una unidad periodística. La presencia en la calle de hombres y mujeres, viejos y jóvenes, las acciones masivas públicas y fuertes, prolongadas, pero pacíficas, de rechazo, también son necesarias. Los cacerolazos y otras actividades semejantes deben sonar más fuerte cuando el Peje llegue de visita. Y, lo más importante, es urgente la presencia de un verdadero líder, capaz de mantener unidos a los partidos. Los personajes que los partidos de oposición muestran por ahora no serían capaces, aunque sean populares, de conducir una verdadera oposición unida, una ciudadanía unida para oponerse al mal.

¿O nos conformaremos con seguir levantando nuestros pulgares en favor del Peje?


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