¿Y si se volviese a caer el sistema?

Existe la probabilidad moral de que el sistema se vuelva a caer como ocurrió en 1988 y Morena arrebate el triunfo a la mala.



Existe la posibilidad matemática de que aunque en las ya muy cercanas elecciones los tristemente célebres 30 millones de ciudadanos persistiesen en su locura y volviesen a votar a favor de Morena, la victoria electoral corresponda a la absoluta mayoría de mexicanos y la bancada morenista y sus parásitos legislativos pierdan la mayoría en la Cámara de Diputados. Pero asimismo existe la probabilidad moral de que el sistema se vuelva a caer como ocurrió en 1988 y Morena arrebate el triunfo a la mala. No se puede olvidar que el autor intelectual y principal protagonista de aquel ya legendario y vergonzoso fraude -uno más en la historia nacional- pertenece al selectísimo grupo de personajes con acceso al oído y a la mente de AMLO. Tampoco es posible ignorar que el resto de miembros de dicho grupo nunca ha sobresalido en la política mexicana por sus virtudes morales ni por su amor a la legalidad. Nadie puede ignorar tampoco, a dos años del triunfo de Morena en las pasadas elecciones, que dicho partido y su gurú no están muy interesados en la ley cuando se trata de imponer sus criterios y voluntades. Es evidente, en consecuencia, que la probabilidad de que tal fraude se repita en la venidera jornada electoral no es un mero temor de la imaginación. Los cada vez más radicales y cotidianos ataques presidenciales al INE, al poder judicial, a los medios informativos, a los contrincantes electorales y a todo aquel que critica el acontecer gubernamental del Poder Ejecutivo; la violencia asesina que ha permeado las campañas electorales actuales; el descarado “olvido” oficial de las bolsas de dinero del impío hermano del presidente, evidente delincuente electoral, etcétera, son señales claras de lo anterior. Es realista, entonces, pensar que las probabilidades de fraude electoral son elevadas.

Esto, sin embargo, no es lo único que podría preocuparnos a sólo unos días de la jornada electoral. La anterior consideración nos lanza una pregunta: ¿Qué va a hacer México -los mexicanos- si esa probabilidad se convierte en realidad? ¿Intentaremos defender por todos los medios la legalidad y el triunfo de los auténticos funcionarios electos y no pararemos hasta lograrlo? ¿O nos vamos a quedar callados mientras los malandrines cantan victoria y los organismos de impartición de justicia cierran los ojos, ignorando o justificando la trampa? Terminaremos bajando los brazos como en el 1988? El presidente y sus canchanchanes estarán contando con esto último. Así hemos actuado los mexicanos en muchas ocasiones en la historia moderna de nuestro país, ¿por qué habríamos de actuar de otro modo?

¿Será posible que México actúe por fin de otro modo?


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