6 de junio de 2021: De vida o muerte

AMLO, Morena o la 4T amenazan la vida de todos y cada uno de los ciudadanos de esta nación.



“No vale nada la vida
La vida no vale nada
Comienza siempre llorando
Y así llorando se acaba.”


Creo que todos los mexicanos hemos oído y/o cantado alguna vez “Camino de Guanajuato”, de José Alfredo Jiménez. El verso citado al inicio del presente texto pertenece a dicha canción y presumiblemente expresa la actitud valiente, osada, intrépida que se supone debe caracterizarnos. Esa y otras muchas canciones del folclore nacional así describen al auténtico mexicano, al que nos gloriamos en presumir ante el mundo. Las películas nacionales de la primera mitad del siglo pasado resaltaban una y otra vez ese rasgo del mexicano. ¿Quién no ha pasado buenos momentos frente a la tele, gozando en blanco y negro de las aventuras de Jorge Negrete, Pedro Infante, Luis Aguilar y otros tantos modelos del arrojo característico de la virilidad nacional? La vida no vale nada. Hay que arriesgarla –y entre más elevado el riesgo, mejor– si se quiere presumir de haber vivido significativamente. El joven mexicano que no es capaz de provocar –si es con groserías, mejor– a otros para pelear apostando la vida, no puede presumir de serlo. “Viva México, cabrones”, la clásica bravuconada que adorna los sombreros de muchos aficionados que asisten a los partidos de la selección nacional es uno de tantos gestos que reflejan esta actitud de desdén por la vida.

En años recientes esa glorificación del desdén ante la muerte, del desprecio a la vida, se ha trocado en actitudes y acciones de muchos mexicanos, especialmente jóvenes, con las que desafían bravucones a la muerte: consumiendo drogas, por ejemplo, en plena consciencia de que les pueden causar la muerte o dedicándose a la sumamente peligrosa profesión de traficante de tales drogas, etcétera. Pero todo lo anterior palidece ante el desenfrenado y desinhibido desdén por el virus mortal del COVID 19 y sus hijuelas. La Semana Santa dejó de ser santa por el número de compatriotas que han olvidado el mandamiento de “No matarás”, el cual obviamente incluye el suicidio. Ahí están, como testimonio de esa osadía, los aeropuertos y carreteras atestadas de arrojados turistas que sin el menor sonrojo se quitan el cubrebocas y se apiñan en bares y playas desdeñosos de la sana distancia.

¿Qué? ¿No les causa miedo el saber que en cualquier descuido el virus los puede matar? ¿De verdad su vida no vale nada? Esto es lo más extraño: el hacer algo sabiendo con certeza que en ello hay un altísimo porcentaje de peligro mortal, confirmado por los astronómicos números de fallecimientos que México ha acumulado. Los toreros, boxeadores, bomberos, alpinistas, pilotos de autos de carrera y otros que arriesgan la vida cuentan al menos con medios y procedimientos que disminuyen el riesgo, pero quien se enfrenta a la pandemia haciendo exactamente todo aquello que incrementa el riesgo y la indefensión... ¿Qué decir de ellos? ¿Son valientes?

Hay, sin embargo, en este momento otro peligro mortal, que posiblemente envalentonará a más de uno de esos mexicanos osados. Querrán afrontarlo como afrontan los otros desafíos: poniendo en riesgo su vida. Lamentablemente este peligro del que hablamos no únicamente reclamaría la vida de esos temerarios ciudadanos, sino la de toda la nación. Se trata de esa amenaza que ensombrece la vida de todos y cada uno de los ciudadanos de esta nación y a la que comúnmente se le conoce como AMLO, Morena o 4T. Cualquiera que piense que el día seis de junio próximo es día de reposo, de pasársela viendo el fut, o libando con los cuates, sin salir a votar por los candidatos de los partidos que no están al servicio de Morena, estará rifándose el pellejo propio y el de su familia. Existe la posibilidad de salir a la calle sin cubrebocas y no contagiarse del virus del COVID, pero no existe la posibilidad de entregarle de nuevo a Morena y a sus chupasangres la mayoría del Congreso de la Unión sin que México fenezca. Es asunto de vida o muerte.

Este seis de junio no te hagas el valiente. Protege tu vida y la de los tuyos. O ¿seguiremos cantando que la vida no vale nada?

 

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