Los retos del docente

Si entendemos que la educación y la práctica docente son un fenómeno social (Pansa, Pérez & Morán, 2013), podemos entonces entender que la educación es un pilar.


Docents


Por Iván Gutiérrez Bautista

El siglo XXI se perfila como uno de los escenarios futuribles más transformadores en la historia de la humanidad, estos nuevos entornos vislumbran el cambio como una constante permanente en la forma que concebimos al ser humano y sus formas de relacionarse en sociedad; en este mismo sentido, una nueva realidad se configura en los salones de clase, advierto que no es exclusivo de este ámbito, antes bien, preciso que ahora mismo pasan por los salones de la instituciones, tanto de instituciones públicas como privadas, una de las generaciones más complejas cuyas características particulares no pueden pasar inadvertidas, aunque por ninguna razón me atrevo a negar que estos mismos desafíos también son propios, en su justa dimensión, de cada generación. Esta nueva realidad conlleva tres retos esenciales para los docentes que, sin duda, fortalecen la idea de una constante mejora cualitativa en la educación; desarrollo de inteligencia socio-emocional, fortalecimiento disciplinar-pedagógica y, en congruencia con las nuevas transformaciones, permanente formación en las nuevas tecnologías, especialmente relacionadas a la educación.

Es incuestionable que el desarrollo de la persona debe ser integral, que la educación y las instituciones que para tal efecto se han construido en el devenir del tiempo han sido objeto de constantes transformaciones, sobre todo desde mediados del siglo XX, por otra parte, este nuevo siglo plantea consecuentemente nuevos horizontes jamás antes pensados, perfila como única constante el cambio, es decir, el escenario futurible de la educación nos trae más incertidumbres que certezas, no obstante, la realidad conocida plantea una serie de retos en la aulas, escenario en el que los alumnos conforman la consecuencia al mismo tiempo que encarnan la causa, este nuevo escenario no suprime el valor intrínseco que la educación da a la figura del docente sino que replantea de fondo el papel que este jugará.

Sostengo que son tres retos los que el docente de ahora, en aras de responder de forma determinante a este esbozo de realidad, debe desarrollar integralmente, estos retos no son exclusivos aunque sí, a la luz de los argumentos aquí expuestos, son prioridad determinante en el desarrollo de la actividad docente; desarrollo de inteligencia socio-emocional, fortalecimiento disciplinar-pedagógica y permanente formación tecnológica. Es importante delimitar que nuestro análisis se centra en la educación ofrecida por las instituciones de carácter público, pues en el ámbito de la educación privada otra realidad impera.

Este primer reto, desarrollo de inteligencia emocional, juega un papel clave en el desempeño del docente frente a grupo, incluso fuera del mismo, el desarrollo de este factor clave no responde con exactitud a ciertas particularidades de esta generación que al día de hoy se encuentra cursando algún nivel de educación, sino que va más allá de una generación en particular, trasciende la misma esfera de la educación, de ahí viene su importancia. Cuando Daniel Goleman en 1995 publicaba su obra Inteligencia Emocional, en un contexto más empresarial que educativo, no imaginó el alcance de su obra, la cual a la fecha ha vendido más de cinco millones de ejemplares y ha sido traducida a más de cuarenta idiomas, no es de menor importancia el hecho.

Si entendemos que la educación y la práctica docente son un fenómeno social (Pansa, Pérez & Morán, 2013), podemos entonces entender que la educación es un pilar, por no decir que el más importante, en el desarrollo integral de la persona y que por tal hecho, de ella devienen grandes complejidades que conviene entender y atender en todas sus dimensiones, especialmente en las socio-emocionales, de esto deviene que casualmente en la memoria de los adultos se recuerda con mayor facilidad el papel que jugaron profesores que tendían ser hiperdisciplinados y hasta agresivos en su forma de enseñar. Las nuevas generaciones de niños, jóvenes y adolescentes, están sujetos a un sin fin de realidades, tan diferentes entre sí, que en contraste con el pasado y por el rol que juega ahora el docente en la educación, exige de él un grado mayor de fortalecimiento, especialmente en aquellas habilidades blandas (soft skills) que, sin duda, permitirán consolidar con mayor eficacia estrategias de enseñanza-aprendizaje, esto es fundamental en una educación humanista.

El segundo reto que plantea las nuevas generaciones de alumnos estriba directamente en el fortalecimiento disciplinar-pedagógico del docente, aunque guardo ciertas diferencias con algunas ideas de Freire, coincido con su concepción de rigor metódico, (Freire, P. 2004). El ejercicio docente implica asimilar una serie de habilidades y conocimientos, los cuales deben estar bajo permanente construcción, ante una generación con infinidad de fuentes información lo que corresponde es una alta dosis de formación, no obstante, a sabiendas que es poco relevante evidenciar la ignorancia del profesor, situación a la que está expuesto el profesor todos los días por la llegada de innumerables dispositivos tecnológicos conectados a internet, lo que corresponde es educar para su uso, corresponde educar para saber discriminar lo que es cierto de lo falso o lo valioso de lo irrelevante.

El fortalecimiento disciplinar-pedagógico no puede centrarse solo en la acumulación del conocimiento o en el mejoramiento de la técnica de enseñanza, sino que en comunión con el desarrollo de la inteligencia socio-emocional, se puedan construir dinámicas de interacción y socialización del conocimiento con alta eficacia.

En un tercer momento, la permanente formación tecnológica, como un reto indiscutible que afrontar, implica más que un proceso de capacitación y adiestramiento de herramientas tecnológicas, especialmente virtuales, este reto implica esencialmente reconocer en la tecnología un aliado que guarda una condición natural en las nuevas generaciones, en la que los docentes no pueden ser ajenos; educación y tecnología no puede pensarse por separado. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala en su proyecto Entornos de Aprendizajes Eficaces, que la tecnología implementada en ambientes educativos, fomentan el desarrollo eficaz del aprendizaje considerablemente, incluso trasciende en un plano social, ante esto, resulta más que justificada la formación tecnológica como un acto de asimilación estratégica en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Estos tres retos, fundamentalmente responden a un escenario emergente, los cuales no excluyen ni suprimen a otros, esencialmente identifica aquellos que requieren, a la luz de las nuevas transformaciones, un vital esfuerzo de fortalecimiento.

En conclusión, la mejora de la educación consiste en guardar permanentemente una actitud de crítica y autocrítica, especialmente desde el profesor, el éxito de la misma educación esta esencialmente en asimilar integralmente el espectro de factores con los que esta se relaciona, identificar algunos de los retos es un medio no un fin en sí mismo. Formar y coadyuvar en el desarrollo integral de la persona con una educación humanista centrada en valores, actitudes, conocimientos y habilidades, no solo del alumno sino del profesor, y en consecuencia de la misma sociedad, es en principio un sistema virtuoso de mejora, sin embargo más allá de esto, identificar los retos, los señalados aquí y los que seguramente el lector tiene en mente, es un ejercicio que plantea un reenfoque bastante obvio a la vez que complejo, sin embargo, lo postulado aquí no es absoluto ni tampoco pretendo negligentemente agotar el tema un par de párrafo.

 

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