Atacando a los arrepentidos

No podemos seguir con la siembra de odio desde el gobierno y de la oposición.


Se necesita unidad


Recientemente leí un tuit que me afectó fuertemente. Después, lo confieso, lo perdí; me arrepiento porque el tema se presta a una buena reflexión.

El autor comentó que votó por Morena. A dos años de la votación de 2018 está arrepentido y, en un “hilo” de Twitter da las razones. Sus motivos son respetables y, además, bastante racionales. El hombre se mostró arrepentido, sin buscar justificaciones: reconoce que la culpa es suya y solo suya. Se dijo dispuesto a enmendar.

Vi las reacciones a su escrito. Me imaginé que los adeptos a AMLO se lo iban a comer crudo. Y, efectivamente, así fue. Pero, para mi sorpresa, muchas de las críticas llegaron del bando contrario. Lo más tierno que le dijeron fue: estúpido. De ahí para arriba, pasando por todo su árbol genealógico y el fin que le espera por los crímenes que, –dicen,– ha cometido.

¿Por qué esa actitud? Uno esperaría que estuvieran felices y que desearían que muchos siguieran su ejemplo. Yo creería que los opositores a Morena apoyarían a los que se arrepintieran de su voto en 2018. Pero, increíblemente, en este caso no fue así.

Por supuesto, lo acusaron de todos los problemas del país. Su actitud fue la de lograr que a ese arrepentido le quede claro que no tiene perdón posible. Que su error fue tan grave que ya no tiene remedio. Que debería renunciar a sus derechos y obligaciones políticos, renunciar a votar y ser votado. Y dejan clarísimo que no lo volverán a aceptar como ciudadano. Una reacción tan fuerte, tan exagerada.

Espero que sea un caso aislado, pero me temo que hay mucho de esto. ¿A qué está jugando la oposición? Tal vez no se han dado cuenta de que no se le puede ganar a Morena si no logran captar a los que están arrepentidos de su voto por AMLO. Para poder emprender la reconstrucción del país, se necesita empezar por que el Congreso sea un contrapeso efectivo para el poder ejecutivo. Para ello, se necesita que la oposición logre en el 2021 una votación informada, copiosa y convencida.

Desgraciadamente, eso no se va a lograr con insultos ni rechazos. Así no se logra la unidad que nuestro país necesita. Cuando la oposición acusa al presidente de polarizar a la ciudadanía, no se dan cuenta de que están haciendo exactamente lo mismo. Han entrado a ese juego y, muy posiblemente, no son hábiles para jugarlo. Porque no se puede ganar ese juego. Dividir a la ciudadanía es fácil. Construir la unidad del país, con justicia, con sabiduría, no es cosa sencilla.

Tendríamos que partir de que no hay 30 millones de mexicanos que quieren el mal del país. Sí, hay los que buscan sus intereses particulares y que no les importan sus conciudadanos. Pero no son la mayoría. Ni en el gobierno actual ni en la oposición. Hay que reconocer que los votos de los ciudadanos tuvieron motivos nobles. Los que estuvieron y están convencidos a la fecha de que el país no puede seguir viviendo en la corrupción. Los que temían los resultados de las medidas que, por llamarles de algún modo, son populistas. Los que no creían en las ofertas de los ganadores ni las de los perdedores. Los que no quieren dejar un país dañado a nuestros hijos.

La pandemia nos tiene tan distraídos, tan angustiados, que no estamos pensando en que necesitamos una verdadera cruzada de reconciliación nacional. No podemos seguir con la siembra de odio desde el gobierno y de la oposición. Porque, desgraciadamente, el odio germina con facilidad, ahoga las buenas propuestas e intenciones y termina volviéndose contra quienes lo sembraron.

¿Qué soy un iluso? Puede ser. Prefiero ser un iluso, incluso prefiero que mis ideas fracasen. Pero no quiero tener que arrepentirme de haber llevado a nuestra sociedad a vivir en la división y el encono.


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