Educación, lo más estratégico

La mera creación de nuevas universidades sólo resuelve el problema político de la inscripción de más estudiantes.


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La educación fue un tema que se trató muy superficialmente en el Informe Presidencial. Un asunto estratégico, si por ello entendemos los temas de largo plazo y que influyen en lo sistémico, en este caso, en el sistema de la sociedad en su conjunto. Precisamente por ser de largo plazo, la clase política le da poca importancia: difícilmente se verán resultados en un período de gobierno federal, estatal y mucho menos en el ámbito municipal. Las fallas tampoco se ven a corto plazo: un cambio en los programas escolares podría estar equivocado, pero las fallas no se verán rápidamente. Y los políticos buscan resultados visibles y rápidos.

En el Informe se trató el tema reportando la creación de 100 universidades, con 39 000 alumnos. Universidades minúsculas, con 390 alumnos en promedio. Poquísimo para resolver el tema de los 410 000 candidatos que rechazan las universidades públicas cada año. Se anunció además algo muy bueno: la participación de padres de familia en la educación pública. Aunque, como dice un documento de los obispos católicos sobre el tema, no se dice cómo se deberán seleccionar ni cuál será el presupuesto que se le asigne a su participación. Lo que no es poca cosa.

Detrás de esta visión de que todo estudiante que lo desee debe de cursar una licenciatura, hay un tema social no atendido. En este país, todos quieren llegar a cursar los estudios universitarios. Para ello hay razones de prestigio social y razones económicas. En los países desarrollados, predominan las personas que se gradúan como técnicos profesionales. En México lo intentó el CONALEP, pero el alumnado exigió que sus estudios fueran de licenciatura y se cambió el concepto. El conjunto de Universidades Politécnicas ofrece una salida opcional como técnicos profesionales. Pocos optan por esa salida.

En México faltan técnicos profesionales y, muchas veces, se encuentran a ingenieros, por ejemplo, haciendo esas funciones y, por supuesto, ganando menos que lo que debería ganar un ingeniero. En esto hay dos problemas: el económico y el del prestigio. En Europa occidental, la diferencia de percepciones entre un técnico y un ingeniero es de entre el 10% y el 20%. En México, puede ser hasta la mitad. Obviamente, todos quieren ganar más. En una época, los países escandinavos tuvieron escasez de ingenieros. Los muchachos preferían ganar un poco menos como técnicos; pero con menos responsabilidades y, de todas maneras, los impuestos hacían que la diferencia fuera mínima.

Además, el tema del prestigio social es muy importante. En México, como en buena parte de América Latina, tener un título universitario es como tener un título nobiliario o casi. El resultado es que tenemos graduados haciendo labores de otro tipo. Recientemente empleé dos plomeros, con licenciatura en Relaciones Internacionales. Y todos hemos oído de taxistas con diversos títulos.

No es un problema nada más de México. Hace bastantes años tuve la oportunidad de tener una larga conversación con el señor Hyung Sup Choy, uno de los artífices de la política económica y tecnológica de Corea, que ha sido tan exitosa. El señor Choi me dijo que tuvieron ese mismo problema. El tema social, decía, fue el más difícil. Con un poco de jiribilla, comentaba: “El gran problema fue convencer a las muchachas de que un técnico podía ser un buen prospecto de marido. Mientras no lo logramos, los muchachos sabían que las muchachas más bonitas preferían casarse con los que tenían licenciatura”. Y, por supuesto, los muchachos querían ser licenciados. Independientemente de los prejuicios machistas que esto revela, el punto de fondo era y sigue siendo el prestigio social.

El tema de la educación superior no es generar más licenciaturas. Como dije en otra columna, el problema aquí no es reportar actividades sino resultados. Fundar universidades es una actividad. Incluso graduar alumnos es una actividad. El resultado es que esos graduados respondan a las necesidades de los empleadores, tengan las competencias necesarias para que sean útiles a la sociedad y puedan mejorar su nivel de vida.

Finalmente, el gran problema de crear más universidades es la oferta de profesores de alta calidad y con el nivel requerido. Eso no se desarrolla rápidamente. Hay quien dice que los profesores de esas universidades nuevas los preparan en 15 días. No sé si sea cierto, pero ahí está el gran cuello de botella. Los profesores buenos no están sentados en sus casas esperando a que los contraten. Y con los salarios franciscanos que muchos perciben, están en el pluriempleo para irla pasando. La solución al problema de la educación pasa por mejorar sustancialmente las percepciones de los maestros, para que tengan tiempo de actualizarse, preparar debidamente sus clases y calificar concienzudamente.

Es cierto que la reforma educativa del presidente Peña no resolvía estos problemas. Pero lo que ofrece Morena no los resuelve tampoco. Sí, ya sé que me veo bastante neoliberal con estos conceptos. Pero creo que la mera creación de nuevas universidades sólo resuelve el problema político de la inscripción de más estudiantes. Y eso sólo sirve si los demás asuntos se resuelven.

 

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