Dependencia, independencia, codependencia, interdependencia…

Es muy importante que tengamos una auténtica independencia política y que podamos tener una sana interdependencia en los demás campos.



Estamos a días de celebrar 200 años de la consumación de la Independencia de México. Una fecha que celebra la verdadera independencia de España, ya que el 16 de septiembre lo que celebramos es el inicio de la guerra de Independencia. Por razones más o menos oscuras, poco celebramos la consumación de la Independencia, el 27 de septiembre en 1821.

Algunos ven en esto un tema cultural: celebramos la iniciación de obras, proyectos y programas y posteriormente no nos preocupa tanto la terminación, puesta en marcha y funcionamiento efectivo de eso que iniciamos. Una manía muy propia de la clase política, de todos los signos y en todos los niveles. Pero no solo en la clase política: en la era dorada de las cámaras empresariales era notorio el gran esfuerzo por firmar acuerdos y convenios internacionales, mismos que después no se implementaban y no daban resultados. Tal vez porque la firma de los convenios es noticia y la operación exitosa de los mismos por años y décadas no da mucho de qué hablar y no sale en los medios.

Pero, en fin, la gran fiesta cívica es el 16 de septiembre, la gran liturgia del Grito de la Independencia, el desfile militar, los adornos de las casas con adornos patrióticos, la gran cena de la noche mexicana y mucho más. Una celebración genuinamente atesorada por los mexicanos.

Pero no falta quien cuestiona si realmente tenemos esa independencia. Muchos, sobre todo del lado izquierdo del espectro político, pero también en grupos de derecha, cuestionan si verdaderamente tenemos esa independencia política, pensando en el influjo que tienen los EE. UU. en nuestra política, pero también en los temas económicos, tecnológicos y culturales, donde hay una fuerte intervención de ese país y de otras potencias.

Pero no solo tenemos esas dependencias, totales o parciales. Existe también una buena cantidad de codependencias, donde hay muchos ejemplos. Por ejemplo: la economía de los Estados Unidos en la franja fronteriza entre nuestros países depende fuertemente de las compras de los mexicanos en esa zona. De modo que, cuando hay dificultades económicas en México, esos Estados padecen fuertemente. Pero no sólo en eso: buena parte de la economía de los Estados Unidos depende de la mano de obra barata de los mexicanos, sobre todo de los ilegales, pero también de los productos con alto contenido de mano de obra que exportamos a ese país. Y al mismo tiempo, nosotros dependemos de ellos en productos de alto valor agregado y con un gran nivel tecnológico. Sobre todo, en aquellos productos que son el fruto de una importante investigación y desarrollo. Por no hablar del hecho de que muchos de nuestros científicos e investigadores han desarrollado sus grados académicos más elevados asistiendo a universidades y centros de investigación en ese país.

Un caso que no es el único: es el mismo que ocurrió en la era soviética, cuando los países de Europa oriental tenían una fuerte codependencia con la Unión Soviética. Y como todavía ocurre entre países como Cuba y Venezuela.

Parecería que la relación más sana sería una de interdependencia. Como la que ocurre en la Unión Europea, con todas sus dificultades y aún a pesar del famoso Brexit. Una situación donde todos los países se han beneficiado de un reparto de actividades económicas, una serie de directrices económicas y sociales en común e incluso el hecho de tener una moneda única. Algo que ha sido muy difícil de lograr y que, a 70 años de los primeros convenios paneuropeos, todavía requiere de muchos ajustes.

Curiosamente, las formaciones de izquierda se oponen a este tipo de interdependencia. Y lo digo porque tanto Marx como Lenin veían como algo muy importante la creación de organizaciones internacionales, tanto políticas como económicas. De hecho, en sus tiempos a los comunistas se les acusaba de ser internacionalistas, en decremento de lo que se veía como un sano nacionalismo. Y ellos adoptaban gozosamente esa denominación: durante la Guerra Civil española, por ejemplo, a las brigadas organizadas por el Partido Comunista con miembros procedentes de otros países, se les llamaban las brigadas internacionales, en donde sirvió David Alfaro Siqueiros y llegó a ser coronel.

En fin: es muy importante que tengamos una auténtica independencia política y que podamos tener una sana interdependencia en los demás campos. Por más que muchos no se den cuenta, el futuro de la mayoría de los países está en lograr una sana convivencia que permita que cada uno y cada cual aporte a la comunidad internacional sus carismas, sus conocimientos y sus habilidades para el bien de todos. Sí, celebremos nuestra independencia, trabajemos porque esa independencia sea plena y beneficiosa para nuestro país, evitemos las codependencias que, finalmente, terminan dañando a ambos participantes. Y busquemos construir esta interdependencia que permitirá a todas las naciones prosperar, para bien de todos.


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