Hay que desmitificar a la ciencia

La ciencia avanza cuando demuestra que una explicación no se sostiene, cuando falla en algunos casos o que no se puede demostrar cuando tenemos instrumentos más precisos.



Espero que este artículo no sea el que cause que pierda varias amistades. Lo cual, por supuesto, lamentaría mucho. Voy a necesitar de mis escasas capacidades para darme a entender, para evitar confusiones innecesarias. Tal vez debería de empezar por decir que creo en la necesidad de la ciencia. También debo decir que no creo que la ciencia sea un mito, aunque sí creo que en el manejo y la comunicación de lo que significa la ciencia se manejan muchos mitos. Mitos que hacen daño, en primer lugar, a la propia ciencia y a los académicos. Y es por ello por lo que creo que, para que la ciencia sea un instrumento útil para la sociedad, es importante quitarle los mitos que, con cierta frecuencia, los medios de comunicación, el público en general y hasta los propios académicos le han asignado.

Sin ser exhaustivo, los principales mitos tienen que ver con la infalibilidad de la ciencia. No es que lo digan de esa manera, pero se expresa de diversos modos. Por ejemplo: en un debate, el argumento de los académicos es: “Esto es científico”. Y con esto ya no se sienten obligados a demostrar nada. Basta que ya tenga la bendición de los académicos. Quedan dispensados de argumentar o de demostrar cuáles son las razones a favor de sus dichos. O, por ejemplo, decir o implicar: “La ciencia no se equivoca”. Como si no hubiera multitud de ejemplos de cambios en los criterios científicos, conforme se avanza en el conocimiento. Y, por supuesto, que hay equivocaciones.

En realidad, la ciencia busca incrementar el conocimiento. Lo hace buscando explicaciones a fenómenos que ocurren pero que no entendemos. Estrictamente la ciencia ofrece explicaciones parciales, provisionales, que dependen de las capacidades de los instrumentos que usan para medir los fenómenos que pueden explicar. Y también depende de las condiciones en que se realicen sus experimentos, el rango de lo que se puede medir en esos momentos. Un buen ejemplo es el de la mecánica newtoniana, que explica razonablemente los fenómenos que se podían medir en los tiempos de Newton. Pero, cuando sabemos de las partículas subatómicas moviéndose a velocidades similares a la velocidad de la luz, muchas de esas “leyes” ya no se aplican. Seguirán siendo útiles dentro del rango de masa y velocidad que se podían medir en la época de Newton y siguen siendo válidas para diseño de estructuras, equipo, y hasta aplicaciones militares.

De hecho, la ciencia avanza cuando demuestra que una explicación no se sostiene, cuando falla en algunos casos o que no se puede demostrar cuando tenemos instrumentos más precisos. A un nivel más casero, muchos de los que ya no somos jóvenes, recordamos cuando nos dijeron que era un hecho “científico” que comer huevo y en particular yema de huevo era muy dañino y causaba problemas cardiacos. Los restaurantes empezaron a ofrecer omelettes de claras de huevo y a la fecha lo siguen haciendo. Los médicos prohibían el huevo a los adultos mayores. Pero, hace relativamente poco, nos dicen que eso no es así; que no hay peligro en comer huevo entero todos los días y que es muy sano. Y esto, también es “muy científico”. Lo cual no sería un problema si todos entendiéramos el alcance del método científico.

Entiendo que esto le plantea un problema de credibilidad a los académicos. Imagínense a las autoridades sanitarias diciéndole a la población, respecto a las medidas contra el COVID 19: “Las soluciones que les pedimos aplicar están basadas en explicaciones parciales, provisionales y están sujetas a que, conforme conozcamos mejor la pandemia, podrían cambiar radicalmente. Es lo mejor que podemos recomendar con lo que sabemos, pero seguimos investigando y muchos están tratando de demostrar que esas no son las únicas explicaciones posibles o que son erróneas”. Al día siguiente estarían quemando al Dr. Gatell con leña verde.

Pero, en la realidad así ocurrió. Al principio nos dijeron que era muy necesario tener tapetes sanitarios, usar goggles, sanitizar superficies y otras medidas más que pueden ser útiles en otros casos, pero no para esta pandemia. Medidas que, de hecho, mejoran la salud pero que no son específicas para esta infección. Y es que, al principio, ignorantes del modo como se transmite este virus, se recomendaron soluciones provisionales que sirvieron para otras pandemias.

Yo creo firmemente que la academia, los investigadores, ganarían credibilidad si reconocieran los límites de la ciencia, si se decidieran a desmitificarla. Por desgracia, creo que estamos muy lejos de ello. Pocos académicos están dispuestos a renunciar a su prestigio, últimamente demeritado por las medidas de “pobreza franciscana” a las que han sido sometidos. Tampoco es muy claro si esta situación, esta desmitificación que de hecho está ocurriendo en partes de la población, no está en la raíz de esos fenómenos como los grupos antivacunas. La desmitificación está ocurriendo y no de la mejor manera. ¿No valdría la pena un esfuerzo lograr que la ciudadanía entienda bien los alcances y los límites del saber científico? A no ser que usted piense que la población no puede asimilar estos asuntos y que tales hechos deben ser tratados de un modo esotérico, dejándolos únicamente al alcance de unos pocos iniciados.

 

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