Ahora sí, a votar

En primer lugar, vote. No importa por quien: vote. Es importante que la clase política se dé cuenta de que la ciudadanía está cambiando.



Ahora sí, finalmente llegó el momento de votar. Parecía como que era un periodo muy largo, pero ya nos quedan sólo unos cuantos días para nuestro sufragio. Es más, ya las autoridades han pedido que no se haga propaganda política en estos días, que se supone que serán de reflexión. Intentaré cumplir con ese mandato: haré algunas reflexiones muy generales.

En primer lugar, vote. No importa por quien: vote. Es importante que la clase política se dé cuenta de que la ciudadanía está cambiando. Que ya no es sólo el “círculo rojo” al que le interesa quién vota y por quién vota. Si todos votáramos, es más: si una mayoría aplastante votáramos, ese sería un mensaje muy poderoso para una clase política acostumbrada a una ciudadanía poco participativa a la que, aparentemente, le importa poco su deber ciudadano. De modo que, por lo que más quiera, vote.

Tal vez por la situación actual: la pandemia, el cambio de gobierno por el que estamos pasando y que ha provocado filias y fobias muy espectaculares, el hecho es que hay una efervescencia política fuera de serie. Una efervescencia política que no se parece a la que hubo en otras épocas. Hace algunos años el interés político se medía por la participación en los mítines. Era claro que parte del juego era llevar el mayor número posible de personas a las manifestaciones. La fuerza política se medía por el número de acarreados a esos eventos. Y había acarreados de todos los tipos: acarreados corrientes y acarreados de angora. Y todos contaban. Hoy los mercadólogos políticos se encuentran que el modo de medir a través del número de gente que se pone en la calle, ya es poco relevante. Las encuestas, un evento medianamente reciente, han demostrado en todos los países que son poco confiables. Y el número de “hits” y de “likes” en las redes sociales tampoco son indicadores precisos. Pero lo que es un hecho es que se han desarrollado una gran cantidad de grupos dedicados a promover sus ideas políticas mediante las redes sociales y también se han desarrollado contiendas cibernéticas, muchas veces feroces, a las que me cuesta trabajo llamarles debates, porque les falta el aspecto de razonamiento y les sobra el aspecto de encono que los caracteriza.

Otro asunto: voten de manera informada. Sé que no es fácil: la mercadotecnia política ha hecho un arte de confundirnos con argumentos falaces. Posiblemente sabemos nombres, caras debidamente arregladas mediante el “Photoshop”, muchas declaraciones, pero difícilmente conocemos a fondo a las personas, a la realidad de ese candidato que nos está pidiendo nuestro voto. Hay organizaciones ciudadanas que se han dado a la tarea de construir tablas comparativas de los diferentes candidatos, mostrando sus plataformas, las ofertas de cada uno, de manera que podamos hacer una comparación relativamente confiable. Y no ha faltado quienes han contratado a matemáticos para ayudarnos a hacer el cálculo de votar del modo que más dañe a los candidatos o partidos que no nos gustan. Todo ello, en nombre del llamado voto útil. O sea, el modo como los votantes pueden ayudar a limitar el poder de las mayorías.

Vote por convicción, no por enojo. En cuestiones ciudadanas, el que se enoja pierde. Y hemos visto una y otra vez que cuando los ciudadanos votamos con el hígado, después nos arrepentimos de nuestro voto. El enojo, en cuestiones políticas, ciertamente es un mal consejero. El enojo nos hace fácilmente manipulables. Y yo creo que esta ha sido una de las lecciones de estos primeros años del siglo XXI. Vote pensando en el largo plazo, vote pensando en candidatos que verdaderamente nos representen. Que, hasta donde sea posible, tenga usted la convicción de que ese candidato piensa de manera similar a lo que usted piensa o siente, que busca lo que usted desea para nuestra Patria.

Ciertamente, estas elecciones tienen que ver con el apoyo a la democracia, a una auténtica democracia, o el apoyo al autoritarismo. Esta disyuntiva, probablemente, es el tema central que debemos de tratar de dilucidar al elegir a nuestro candidato. Pero, por otro lado, si logramos dar a la clase política el espectáculo de una ciudadanía muy interesada en cuestiones políticas, muy decidida a cumplir con sus deberes ciudadanos, lo pensarán dos veces antes de seguir jugándonos las malas pasadas a que nos tienen acostumbrados.

Y no se olvide usted de que nuestro deber ciudadano no termina el día de los votos. Si usted está decidido a ser verdaderamente ciudadano, tome la decisión de continuar interviniendo en política, auditando el desempeño de las autoridades por las que estamos votando. En muchos países se dice que el día de las votaciones es el día de fiesta de la democracia. Pocas veces ha sido así en nuestra Patria. Pero de nosotros depende, de nuestra decisión, el que efectivamente el día de las votaciones sea un día de alegría, de encuentro entre ciudadanos, y de entierro del odio que nos han tratado de inocular repetidamente.

 

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