Los migrantes, una moneda de cambio en la política exterior

Nuestra política es de un solo hombre que no atiende ni a la tradición diplomática mexicana ni al involucramiento de otras instancias que por gobernanza deberían estar presentes.



Las relaciones internacionales son de los temas más complejos que cualquier dirigente de un país debe afrontar; pero no lo hace necesariamente solo, o por lo menos, no es así en el diseño de la división de poderes planteado en la Constitución donde se plasma que el Senado mexicano tiene como responsabilidad: "analizar la política exterior desarrollada por el Ejecutivo Federal con base en los informes anuales que el Presidente de la República y el Secretario del Despacho correspondiente rindan al Congreso”.

Si este intercambio se ha dado, es poco conocido y no se nota la presencia del presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el senador Héctor Vasconcelos, un aliado de hace años del presidente de la República de hecho estaba destinado a ser el secretario de Relaciones Exteriores, pero se dice que prefirió quedarse en su escaño para ocupar precisamente esa posición. En otras palabras, como en otros temas, el actuar del Ejecutivo se está dando en solitario y en la única compañía, al parecer, de quien se quedó en lugar de Vasconcelos con el puesto de secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

Sin embargo, uno de los temas que más preocupa a Estados Unidos, con el que compartimos una de las más extensas fronteras en el mundo, junto con la seguridad es la migración, especialmente, la originada en Centroamérica. Tema que internamente no recae en Relaciones Exteriores sino en la Instituto Nacional de Migración (INM) que depende de la secretaría de Gobernación.

Cuya intervención se dio al inicio del sexenio, pero luego se borró. En los primeros días de esta administración, cuando en Gobernación estaba Olga Sánchez Cordero, y parecía que habría un cambio significativo cuando se anunció con bombo y platillo que México facilitaría el paso a cualquier centroamericano en un intento de desafío al endurecimiento a la postura de Trump que insistía en que México pagaría el muro. La valentonada duró muy poco y la historia de cómo se doblegó a Ebrard y al presidente fue retomada hace muy poco por el mismo Trump.

Quizá la versión dada por Trump sea un tanto exagerada en cuanto a la narración; pero que en los hechos retomó la que había sido la actuación de Peña durante su sexenio; pero se fue más lejos porque se hizo con nuevos bríos, sin disimulo y con la ausencia del INM. La Guardia Nacional que se engañó para convertirla en una extensión de las Fuerzas Armadas ha sido dedicada a contener a los migrantes que cruzan el país como tarea prioritaria. Subrayar que se trata de un cuerpo militar es muy importante pues por diseño las fuerzas de esa naturaleza no están preparadas para afrontar su misión con una visión del respeto a los derechos humanos. Los migrantes no son enemigos del país tratando de invadirlo, fundamentalmente son seres humanos que están buscando una mejor calidad de vida. Claro, habrá excepciones; pero merecen un trato digno en una situación extremadamente compleja y no deberían ser moneda de cambio para las negociaciones de las relaciones con Estados Unidos.

Sin embargo, así lo han sido, no sólo con Trump. En el primer acercamiento oficial del presidente mexicano con Biden en marzo del año pasado, detener la migración también fue tema central. Y con todo, el problema sigue creciendo. En el mes de marzo autoridades estadounidenses detuvieron a 210, 000 migrantes, siendo el mes con mayores detenciones en veinte años, y con un incremento del 24 por ciento respecto al mes anterior. Es probable que las cifras de abril que se estarán por conocer sean todavía más elevadas.

Esas cifras parecen haber despertado las alertas y convocado la llamada con Biden del viernes pasado. Así como el viaje de Marcelo Ebrard quien el lunes anunció por TW que volaba a Washington para entrevistarse con el secretario de Estado, Anthony Blinken, y con Alejandro Mayorkas de Homeland Security para tratar de concretar inversiones en Centroamérica y el sur de México. En el panorama general facilitar la inversión en los países centroamericanos para fomentar el empleo y evitar la necesidad de abandonar sus lugares de origen es parte de la solución, aunque negociarlas con los encargados de seguridad es por decir lo menos curioso.

Sin embargo, desde hace ya años, lo que quiere decir eso en del lado mexicano es replicar los programas (acá fracasados) de “sembrando vida” o “jóvenes creando el futuro” y esa propuesta es más bien fruto de una visión paternalista del gobierno de nuestro país que pretende imponer—incluso sin que lo hayan pedido— sin analizar las condiciones concretas de la región. Si nos vamos a extremos podrían ser calificadas de “injerencistas” y no buscan en el fondo atender a la situación humana que está detrás de la migración, sólo asumir un supuesto liderazgo.

Si se analiza con atención es más bien una fachada además pintada con colores ideológicos, pues ahora se presenta entrelazada con la “defensa” de la presencia de Cuba, Venezuela y Nicaragua en la Cumbre de las Américas, países donde se vive claramente bajo esquemas dictatoriales.

Como muchas cosas más en la administración actual, todo empieza y acaba con un show de palabras, pero pocas acciones y las pocas que hay no van en consonancia con una política de respeto a la dignidad y los derechos humanos de los migrantes, van a hacer ruido y vender una imagen que cada día cuesta más mantener. Además, es una política de un solo hombre que no atiende ni a la tradición diplomática mexicana ni al involucramiento de otras instancias que por gobernanza deberían estar presentes. Por todo ello no se prevé que los migrantes dejen de ser la moneda de cambio de la política externa de nuestro país en lo que resta de este sexenio por lo menos.

 

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@yoinfluyo 

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