La verdadera lección de Agustín de Iturbide

Durante su sexenio, Luis Echeverría emitió un decreto donde se estableció que Vicente Guerrero fue el único consumador de la Independencia, así sin más.



Se cuenta que Ramsés II, uno de los más célebres faraones de Egipto, se apropió de templos y estatuas poniendo su nombre en ellos para que pareciera que habían sido construidos durante su reinado y enaltecer aún más sus logros.

En México, estamos viviendo una situación similar en el marco de la conmemoración de los 200 años de la consumación de la Independencia. El 27 de septiembre se montará un triste espectáculo con el cual se buscará borrar, o por lo menos, deslavar el nombre de quien logró la hazaña, se adjudicarán sus logros a otros y se contará una versión de fantasía de la historia real para evitar ensalzar a quien por varias razones les resulta incómodo al grupo en el poder: Agustín de Iturbide.

Para su desgracia, y la nuestra por los efectos negativos de la alteración de nuestra historia, la voluntad popular hizo que al presidente actual le tocara encabezar el gobierno en 2021. Su ceguera ideológica lo ha orillado a empañar la gesta de la Conquista e inventar celebraciones para que la herencia indígena “gane”. Y ahora busca librarse de la sombra de Iturbide. Cabe señalar que no está solo en su desprecio; durante su sexenio, Luis Echeverría emitió un decreto donde se estableció que Vicente Guerrero fue el único consumador de la Independencia, así sin más.

Este gobierno es una repetición más burda y mezquina de otros que manifiesta o subrepticiamente anticlericales han dominado. Estos gobiernos ideologizados no pueden perdonar ciertos “crímenes” como mostrarse como católico, como es el caso de Iturbide. Con el agravante de ser hijo de su tiempo al haber creído el camino de México no era ser una república al inicio, sino una monarquía. Tal como muestra el poco atinado uso por parte de Sedena en unos afiches de una imagen alterada del Acta de Independencia donde han sustituido Imperio Mexicano por República Mexicana, franqueada, eso sí, por Iturbide y Guerrero.

Además, en los pocos documentos oficiales de la misma Sedena donde las acciones de Iturbide se mencionan van siempre acotadas por diversos recordatorios: “era un ambicioso”, “había sido muy cruel persiguiendo a los insurgentes antes”, “quería desde el inicio la corona del país para él”, y otras semejantes. Para más, entre los corifeos de este gobierno no falta el que buscando agrandar su “maldad” le reclame su “traición” al ejército realista para lograr la Independencia. A eso llegan.

En medio de tanto ruido, es importante recordar algunos hechos: primero, el ejército realista no estaba formado por españoles que llegaron del otro lado del océano a impedir la Independencia, estaba formado por nacidos aquí; aunque los jefes militares solían ser españoles como Félix María Calleja, bajo cuyas órdenes estuvo en 1802, el mismísimo Ignacio Allende, por citar a alguno.

También se debe reconocer que si hubo excesos del lado de Iturbide durante su carrera militar no fueron mayores a los que sucedían en cual ejército de aquellos años. Y que el bando insurgente también los cometió y muchos.

Asimismo, las circunstancias en las que se hallaba España en 1810 no eran las mismas hacia 1820 y tampoco en la Nueva España después de tantos años de derramamiento de sangre. Es en ese marco, que Iturbide se reincorpora al ejército del cual se había separado en 1816.

Quizá sí hubo una conspiración formal en la Profesa, cosa que algunos ponen en duda, e Iturbide regresa al ejército en la posición adecuada con la intención de acabar con Guerrero —el último reducto del movimiento insurgente— o negociar su anexión a la causa. O quizá al regresar vio que la reconciliación era el mejor camino. El hecho es que integra y da a conocer el Plan de Iguala, el cual es aceptado gradualmente por todos los grupos políticos, religiosos, militares, económicos y, claro, por Guerrero.

La maestría de ese plan radica precisamente en hermanar intereses disímbolos a través del rescate de los que sí articulaban a todos, las tres garantías: unión, religión católica e independencia que se representan con los tres colores que se vuelven los nacionales.

Debemos ser los mexicanos de hoy, los de a pie, quienes debemos no recuperar al héroe que fue Agustín de Iturbide, porque el gobierno lo sepultará todo lo que pueda. Pero lo más importante, aprender la lección que nos dejó: es a través de los puntos en común en favor de México como se pueden reconciliar los que están enfrentados, y sólo así se puede tener un objetivo común que motive a todos para trabajar en su construcción. Es por ahí donde la ciudadanía debe comenzar desde ya para dar la vuelta al divisionismo que se nos quiere imponer y recuperar el curso de nuestra historia.


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