Traición y magnicidio en 1410: Ixtlilxóchitl cae por un ardid tepaneca; Nezahualcóyotl sobrevive oculto y heredará la misión de reconstruir Texcoco con leyes y cultura.
Han pasado 57 años desde la masacre de Tlatelolco y, aunque las generaciones cambian, el eco del Movimiento Estudiantil de 1968 sigue presente en la memoria colectiva.
Socavones crecen en todo México, revelando fallas en drenaje, pavimento y agua; gobiernos priorizan obras visibles y descuidan mantenimiento estructural.
El 68 fue símbolo de lucha democrática y represión, pero también de manipulación ideológica. Su legado exige memoria, diálogo y participación ciudadana responsable.
El ecocidio desplaza a poblaciones, provoca crímenes contra defensores del medioambiente y se asocia al cambio climático, por lo que se asemeja al genocidio.
Lealtad hasta la muerte: El sacrificio del príncipe Cihuacuecuenotzin
En 1410, el príncipe Cihuacuecuenotzin asumió una misión imposible para auxiliar a su rey Ixtlilxóchitl y murió apedreado en Otompan. Su nombre quedó como emblema de lealtad y patria.
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