La persecución religiosa en México revela qué ocurre cuando se niegan dignidad y libertad. Desde la DSI, su legado ético sigue interpelando al presente.
1992: cuando México reconoció la libertad religiosa
En 1992, México reformó su Constitución y reconoció la libertad religiosa. Tres décadas después, el pluralismo creció y el conflicto histórico quedó atrás, aunque persisten retos locales.
De 1930 a 1992, México vivió una “persecución silenciosa”: la Iglesia operó tolerada, sin derechos legales, mientras la práctica se suavizaba y la ley permanecía intacta.
Entre 1926 y 1929, México vivió una guerra civil por la libertad religiosa. La Ley Calles detonó la Cristiada, un conflicto con miles de muertos y heridas abiertas.
La Constitución de 1917 marginó jurídicamente a la Iglesia. Entre leyes y controles, millones de creyentes quedaron en la incertidumbre, preludio de la crisis cristera.
La persecución religiosa en el siglo XIX no fue solo contra católicos. Comunidades protestantes también sufrieron violencia, expulsiones y asesinatos en un México intolerante.
Entre 1855 y 1876, México vivió una persecución legal y armada contra la Iglesia. Las Leyes de Reforma redefinieron al Estado, pero fracturaron al país.
México vivió dos siglos de persecución religiosa que marcaron su historia. De la Reforma a la Cristiada y la reconciliación de 1992, esta es la memoria de una fe perseguida.
México fue elegido el segundo país más bello del mundo según World Travel Awards y Rough Guides. El reconocimiento revela riqueza natural, cultural y humana.
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