La resurrección del Cutzamala

El sonido del agua corriendo con fuerza por las compuertas de la Presa Valle de Bravo no es solo un fenómeno hidráulico; a principios de 2026, es el sonido de un suspiro colectivo. Tras un 2024 agónico, donde el “Día Cero” parecía una sentencia inevitable y el Sistema Cutzamala languidecía por debajo del 27% de su capacidad, las lluvias atípicas del verano y otoño de 2025 han obrado lo que muchos especialistas y ciudadanos consideran un alivio providencial. Hoy, con un almacenamiento récord del 97.4%, el Valle de México respira. Sin embargo, detrás de la cifra triunfalista se esconde una infraestructura que cruje bajo el peso de los años y una gestión que pierde, literalmente, millones de litros por segundo.

El Milagro de 2025: Un Respiro para el Valle

El Sistema Cutzamala, una de las obras de ingeniería civil más complejas del mundo, suministra aproximadamente el 25% del agua que consume la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM). Verlo hoy al borde de su capacidad total es una imagen que contrasta radicalmente con los suelos agrietados de hace apenas 18 meses. Según datos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), este nivel garantiza, bajo un manejo prudente, hasta dos años de suministro continuo.

Para “Ximena”, una joven diseñadora de 27 años que vive en la alcaldía Iztapalapa, el cambio es tangible, pero no absoluto. “Pasamos meses dependiendo de pipas y lavando los trastes con botes. Ver que las presas están llenas te da paz, pero a mi colonia el agua sigue llegando café o con poca presión. Me pregunto: si hay tanta agua allá arriba, ¿por qué no llega bien aquí abajo?”, cuestiona. El cuestionamiento de Ximena toca la médula del problema: la disponibilidad no es lo mismo que la eficiencia.

El Enemigo Invisible: El 40% que se Desvanece

La paradoja mexicana es dolorosa: mientras el Cutzamala rebosa, la Ciudad de México y el Estado de México desperdician casi cuatro de cada diez litros que reciben. La red de distribución, en tramos con más de medio siglo de antigüedad, padece de una “hemorragia” constante de fugas.

Especialistas del Instituto de Ingeniería de la UNAM y organismos como la Red de Agua de la Universidad han sido enfáticos: sin un plan agresivo de sectorización y sustitución de tuberías, el récord de almacenamiento de 2025 será un esfuerzo desperdiciado. La pérdida por fugas no es solo un fallo técnico; es una falta de respeto al bien común y a la dignidad de quienes carecen del recurso. El agua es un derecho humano fundamental que exige una administración responsable, pues su desperdicio es, en esencia, un robo a los pobres.

Infraestructura Envejecida y la “Asignatura Pendiente”

Inaugurado a principios de la década de los 80, el Sistema Cutzamala fue diseñado para una realidad demográfica que ya no existe. El sistema bombea agua a través de más de 330 kilómetros y la eleva a más de mil metros de altura, consumiendo una cantidad de energía eléctrica equivalente al consumo de una ciudad pequeña.

Uno de los puntos más críticos señalados por los expertos es la cuarta etapa del sistema, proyectada en la zona de Temascaltepec. Esta obra, que permitiría captar mayores volúmenes y dar flexibilidad al sistema, ha permanecido en el tintero por décadas debido a conflictos sociales, falta de presupuesto y falta de voluntad política. “Seguimos operando con un sistema que tiene 40 años. Es como intentar correr un maratón con un cuerpo que no ha ido al médico en décadas”, comenta el Ing. Raúl Rodríguez, especialista en recursos hídricos. La falta de conclusión de estas obras muestra una miopía en la agenda nacional: preferimos reaccionar a las crisis que invertir en la prevención.

El Valor de la Resiliencia Mexicana

Si algo ha demostrado esta crisis —y su posterior alivio— es el valor y la solidaridad del pueblo mexicano. Durante los cortes de agua de 2024, vimos a vecinos organizarse para compartir tinacos, a jóvenes creando apps para monitorear el paso de pipas y a familias enteras redescubriendo el valor de cada gota.

Esa misma energía social es la que ahora debe canalizarse hacia una “conciencia hídrica” permanente. El hecho de que las presas estén llenas no es una licencia para volver al consumo desmedido de los años 90. Los Centennials y Millennials, generaciones marcadas por la eco-ansiedad pero también por el activismo, tienen aquí una oportunidad de oro. No se trata solo de cerrar la llave al cepillarse los dientes; se trata de exigir transparencia en el cobro del agua, denunciar fugas de forma activa y presionar por políticas públicas que prioricen el mantenimiento sobre la construcción de nuevas obras “de relumbrón”.

Hacia una Gestión Integral: Más allá de la Lluvia

Para que el 97.4% de almacenamiento no sea solo un dato estadístico, México debe transitar hacia un modelo circular. Esto incluye:

  1. Inversión en Mantenimiento: Destinar presupuestos históricos no a grandes tubos, sino a reparar los miles de micro-fugas en las colonias.
  2. Captación Pluvial: Aprovechar que las lluvias son intensas para recolectar agua a nivel doméstico y escolar, reduciendo la presión sobre el Cutzamala.
  3. Tratamiento de Aguas Residuales: Solo tratamos una fracción mínima de nuestra agua. Reutilizarla para riego y procesos industriales es vital.
  4. Justicia Hídrica: Asegurar que el agua llegue de forma equitativa, eliminando el “huachicoleo” de agua que beneficia a grandes intereses en detrimento de las zonas marginadas.

Las lluvias de 2025 nos han dado una segunda oportunidad. En un mundo donde el cambio climático hace que los patrones de lluvia sean cada vez más erráticos, tener las presas llenas es casi un milagro moderno. Pero el respeto a la legalidad y el amor a nuestra patria nos obligan a no ser complacientes.

El agua es el hilo que teje nuestra sociedad. Si permitimos que se escape por las tuberías rotas de la indiferencia y la corrupción, habremos fallado como generación. El Cutzamala rebosa hoy, pero la verdadera “presa” que debemos llenar es la de la conciencia ciudadana. Los valores de los mexicanos —la familia, la solidaridad y el esfuerzo— deben verse reflejados en cómo cuidamos este recurso sagrado.

El 97.4% no es una meta alcanzada; es el punto de partida para que nunca más volvamos a mirar al cielo con desesperación, sino con la gratitud de quien ha aprendido a cuidar lo que más importa.

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