Y qué quieren los centennials

Para la generación de nuestros abuelos, la ruta hacia la realización personal estaba trazada con una precisión casi arquitectónica: graduarse, casarse antes de los 25, comprar una casa y llenar las habitaciones con hijos. Sin embargo, en el México de 2026, ese mapa parece haber sido devorado por una realidad que no admite nostalgias. Hoy, los mexicanos menores de 35 años están redibujando el significado de la “buena vida”, no por un rechazo caprichoso a la tradición, sino por una necesidad de supervivencia y una búsqueda de congruencia en un mundo volátil.

La Seguridad: El Nuevo Lujo Mexicano

No es casualidad que, según datos recientes de México Pragmático, el 73% de los encuestados coloque la seguridad y la integridad personal como su prioridad máxima. En un país donde la narrativa cotidiana está marcada por la incertidumbre social, el joven mexicano ha dejado de soñar con castillos en el aire para enfocarse en el blindaje de su propia realidad.

“Ya no pienso en qué coche quiero, sino en qué ruta es más segura para volver a casa”, comenta Sofía, una diseñadora de 27 años residente en el Estado de México. Esta percepción subraya que la paz no es solo la ausencia de guerra, sino la protección de la dignidad humana y el derecho a vivir sin temor. Para la Generación Z y los Millennials, la seguridad es la base sobre la cual se construye cualquier otro sueño.

Del Altar al Escritorio: El Título como Escudo

El desencanto por los moldes tradicionales es evidente. Mientras que hace tres décadas el éxito se medía en descendencia, hoy solo el 8% de los jóvenes considera tener hijos como una prioridad. El matrimonio o la vida en pareja también han caído en el radar de intereses, siendo prioridad apenas para el 9%.

¿A dónde se fue esa energía? Al desarrollo profesional. El 47% de los jóvenes busca la titulación y el 44% se desvive por encontrar un trabajo estable. En un mercado laboral caníbal, el título universitario no es solo un diploma; es un escudo contra la precariedad.

El doctor en sociología y experto en demografía, Juan Carlos Martínez, señala: “Estamos ante una generación que ha entendido que, sin una base económica sólida, el proyecto de familia es inviable. No es que no quieran amar, es que no quieren ser irresponsables con ese amor”. Esta visión resuena con el valor mexicano del esfuerzo: el joven actual es resiliente y trabajador, pero también profundamente realista.

El Sueño de la Casa Propia: ¿Una Utopía Inmobiliaria?

Hubo un tiempo en que el patrimonio se medía en ladrillos. Hoy, solo el 23% de los menores de 35 años ve la compra de una vivienda como una prioridad creciente. La razón es matemática y dolorosa: el aumento del costo de vida y la inflación han convertido el crédito hipotecario en una montaña rusa emocional.

En su lugar, el 48% de los jóvenes se inclina por el ahorro y las inversiones. Hay una transición del “tener” al “asegurar”. Se prefiere una cuenta de inversión diversificada que una deuda a 30 años. Este cambio refleja una madurez financiera forzada por las crisis recurrentes, pero también una libertad de movimiento que las generaciones anteriores no conocieron.

El Hilo Invisible: El Cuidado de los Mayores

A pesar de que los hijos y el matrimonio pierden peso, el tejido familiar mexicano no se ha roto; se ha transformado. El 51% de los jóvenes considera el cuidado de sus familiares mayores como una prioridad fundamental. Aquí es donde el valor de la solidaridad mexicana brilla con más fuerza.

Incluso si deciden no tener hijos, los jóvenes no abandonan la responsabilidad hacia sus raíces. Es muy relevante enfatizar la importancia del respeto a los ancianos como pilar de la civilización. Los Centennials mexicanos están asumiendo este rol con una entrega que desmiente el mito del “egoísmo generacional”. Son jóvenes que cuidan a sus padres mientras luchan por su propio espacio en el mundo.

Un Futuro Basado en la Realidad

Este cambio de enfoque evidencia que los jóvenes mexicanos no están perdidos; están recalibrando. Se enfrentan a retos que sus padres nunca imaginaron: el cambio climático, la digitalización extrema del empleo y una crisis de seguridad persistente.

La estabilidad laboral y la integridad no son solo metas económicas; son el reclamo de una generación que quiere vivir con dignidad. Al priorizar el desarrollo personal, los jóvenes están intentando romper ciclos de dependencia y buscando una autonomía que les permita, en el futuro, ser ciudadanos más participativos y conscientes de la legalidad.

México es un país de contrastes, y su juventud es el reflejo más fiel de esta complejidad. No estamos ante el fin de la familia, sino ante la pausa necesaria para reconstruirla sobre cimientos más firmes. El respeto a la legalidad y la búsqueda de un entorno justo son los nuevos motores.

Los jóvenes mexicanos siguen creyendo en el futuro, pero lo construyen con las herramientas que tienen a mano: educación, ahorro y una prudencia que es, en última instancia, un acto de amor hacia sí mismos y hacia su país. El reto para el Estado y la sociedad civil es garantizar que este esfuerzo no caiga en saco roto y que la seguridad que tanto anhelan deje de ser un privilegio para convertirse, finalmente, en un derecho ejercido.

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