El dinamismo del consumo en México vive una nueva etapa impulsada por las plataformas Fintech, los pagos diferidos y el llamado “compra ahora, paga después”. De acuerdo con datos del Banco de México, las ventas minoristas han encontrado en el crédito digital un motor de crecimiento, particularmente entre jóvenes de 18 a 35 años. Sin embargo, detrás de esta aparente bonanza se esconde una tendencia preocupante: el sobreendeudamiento temprano, que erosiona la libertad financiera, deteriora la vida familiar y compromete proyectos de largo plazo.
“La tecnología no es neutra: amplifica lo bueno, pero también acelera los riesgos cuando no hay formación previa”, advierte Banco de México en diversos informes sobre estabilidad financiera y crédito al consumo. El acceso inmediato al dinero, sin mediaciones humanas ni educación suficiente, plantea un desafío ético y social que va más allá de la economía: toca el corazón de la paz en los hogares.
Un contexto de crédito al alcance de un clic
En la última década, México ha visto una expansión acelerada del ecosistema Fintech. Plataformas de pago, billeteras digitales y esquemas de financiamiento inmediato han democratizado el acceso al crédito, especialmente para jóvenes sin historial bancario. Según la CONDUSEF, más del 60% de los usuarios de aplicaciones de pago digital son menores de 35 años, y una proporción creciente utiliza esquemas de financiamiento con tasas variables y comisiones poco transparentes.
Este acceso, aunque inclusivo, no siempre es responsable. “El problema no es el crédito, sino la falta de información clara y la ausencia de educación financiera desde edades tempranas”, explica Mario Di Costanzo, expresidente de la CONDUSEF, en entrevistas recientes. En muchos casos, los jóvenes aceptan condiciones sin comprender el Costo Anual Total (CAT), las penalizaciones por atraso o el impacto acumulado de pequeñas compras financiadas.
La economía debe estar al servicio de la persona y la familia, no al revés. Cuando el crédito deja de ser un instrumento para el desarrollo y se convierte en una trampa de consumo impulsivo, se rompe el principio de la centralidad de la persona y se debilita el bien común.
La ilusión de la “facilidad tecnológica”
Uno de los fenómenos más visibles es el marketing del crédito fácil. Mensajes como “sin intereses”, “aprobación inmediata” o “paga después” apelan a la gratificación instantánea. Sin embargo, especialistas advierten que muchas de estas ofertas esconden costos indirectos.
La economista Gabriela Siller, directora de análisis económico en Grupo Financiero Base, ha señalado que “las tasas efectivas de algunos esquemas digitales superan ampliamente las de la banca tradicional cuando se consideran comisiones y recargos”. Esta práctica, aunque legal, plantea preguntas éticas sobre la transparencia y la corresponsabilidad entre proveedor y consumidor.
Un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) muestra que los jóvenes endeudados tempranamente retrasan decisiones clave como independizarse, formar una familia o emprender un negocio. Es decir, el crédito mal utilizado hipoteca el futuro.
Cuando la educación financiera sí funciona
No todo es alarma. Existen experiencias positivas que demuestran que el crédito puede ser una palanca de desarrollo cuando va acompañado de formación. Programas de educación financiera impulsados por universidades, organizaciones civiles y algunas empresas responsables han logrado reducir la morosidad y mejorar la planeación económica de miles de jóvenes.
Un ejemplo es el programa de talleres comunitarios impulsado por Cáritas y universidades privadas en zonas urbanas, donde se enseña a elaborar presupuestos familiares, distinguir entre deuda buena y mala, y planear el ahorro. “Aprendí que no todo lo que puedo comprar lo necesito”, cuenta Andrea, de 27 años, egresada de uno de estos programas. “Hoy uso el crédito solo para invertir en mi formación, no para gastos impulsivos”.
Estas iniciativas reflejan el principio de subsidiariedad: fortalecer a las personas para que tomen decisiones libres y responsables, sin depender de soluciones externas que terminan generando dependencia.
Visión humana: cuando la deuda entra al hogar
María y José (nombres cambiados) son un matrimonio joven en la periferia de la Ciudad de México. Ambos trabajan y, atraídos por promociones digitales, comenzaron a financiar electrodomésticos, ropa y vacaciones. “Eran pagos chiquitos”, recuerda María. “Pero cuando sumamos todo, más los intereses, ya no alcanzaba para la despensa”.
La tensión financiera pronto se tradujo en discusiones constantes. “No dormíamos tranquilos”, dice José. “La deuda se metió hasta en nuestra relación”. Con apoyo de un asesor financiero comunitario, reestructuraron sus pagos y aprendieron a vivir con mayor sobriedad. “No fue fácil, pero recuperamos la paz”, coinciden.
Este testimonio ilustra una verdad central de la ética cristiana: una familia endeudada es una familia bajo presión. La sobriedad, lejos de ser una renuncia, es una forma de libertad que protege la dignidad y fortalece los vínculos.
El desafío del crédito fácil no se resuelve prohibiendo la tecnología, sino humanizándola. Algunas propuestas clave incluyen:
- Educación financiera obligatoria en niveles medio y superior, con enfoque práctico y ético.
- Mayor transparencia regulatoria, fortaleciendo el papel de la CONDUSEF para que los usuarios comprendan claramente costos y riesgos.
- Corresponsabilidad empresarial, donde las Fintech integren criterios de impacto social y no solo de rentabilidad.
- Promoción de la sobriedad y el ahorro como valores culturales mexicanos, alineados con la solidaridad y el bien común.
Como recordó el papa Francisco en Laudato Si’, “comprar es siempre un acto moral”. En la economía digital, esta afirmación cobra nueva vigencia. El consumo responsable no es un freno al desarrollo, sino la base de una prosperidad auténtica que protege la paz en el hogar y construye futuro.
Facebook: Yo Influyo
comentarios@yoinfluyo.com






