El suicidio entre jóvenes se ha consolidado como una de las expresiones más graves del deterioro de la salud mental en la Ciudad de México. Durante 2025, la capital del país registró 493 suicidios en total, una cifra que la coloca entre las entidades con mayor número de casos a nivel nacional. Dentro de ese universo, los datos oficiales muestran que una parte significativa corresponde a adolescentes y adultos jóvenes: principalmente mujeres de entre 15 y 19 años y hombres de 20 a 24 años, rangos de edad donde el suicidio se ha convertido en una de las principales causas de muerte no accidental.
Aunque la tasa de suicidios por cada 100 mil habitantes en la Ciudad de México se mantiene por debajo del promedio nacional, el tamaño de su población hace que, en números absolutos, el problema tenga un peso considerable. Además, especialistas advierten que las cifras oficiales no siempre reflejan la magnitud real del fenómeno, debido al subregistro y a la dificultad para clasificar correctamente algunas muertes, especialmente cuando ocurren en contextos de violencia o consumo de sustancias.
Antes de que un joven llegue a una decisión extrema, suelen aparecer señales de alerta que, en muchos casos, pasan inadvertidas por familiares, docentes o círculos cercanos. Entre las más comunes se encuentran cambios drásticos de comportamiento, como el aislamiento social, la pérdida de interés en actividades que antes resultaban significativas o un descenso abrupto en el rendimiento escolar. También son frecuentes las alteraciones en el sueño y el apetito, episodios de irritabilidad constante, estallidos de enojo o, por el contrario, una aparente apatía emocional.
Las expresiones verbales de desesperanza, culpa excesiva o frases que aluden a la muerte, incluso cuando se presentan en tono de broma, son otro indicador relevante. A ello se suman factores estructurales que aumentan el riesgo, como la depresión y la ansiedad no tratadas, el acoso escolar, la violencia familiar, el abuso sexual, la discriminación y el consumo de alcohol u otras sustancias. En contextos de precariedad emocional, estas variables pueden converger y generar una sensación de encierro, fracaso o falta de futuro que empuja a algunos jóvenes a considerar el suicidio como una salida.
Frente a este escenario, el gobierno de la Ciudad de México puso en marcha una campaña de atención temprana enfocada en identificar y atender casos de alto riesgo antes de que evolucionen hacia conductas autolesivas. La estrategia, denominada “Vida Plena, Corazón Contento”, comenzó a operar en marzo de 2025 con un énfasis particular en adolescentes y jóvenes que cursan la secundaria y el nivel medio superior en escuelas públicas de la capital.
El programa despliega equipos integrados por más de 200 profesionales de la salud mental que realizan visitas periódicas a los planteles educativos. A través de talleres, charlas y espacios de escucha activa, buscan generar confianza entre el estudiantado y detectar señales tempranas de riesgo emocional. En su primer año de operación, la campaña logró identificar y canalizar a 75 jóvenes con alto riesgo suicida, quienes recibieron atención psicológica especializada y acompañamiento continuo.
La intervención no se limita a la atención individual. Uno de los ejes centrales de la estrategia es la capacitación de docentes, madres y padres de familia para reconocer señales de alarma y saber cómo actuar ante una posible crisis. El objetivo es romper con la lógica de atención tardía y trasladar la prevención al entorno cotidiano de los jóvenes, donde suelen manifestarse los primeros indicios de malestar emocional.
Hasta ahora, la campaña ha alcanzado a cerca de 700 mil personas entre estudiantes, personal educativo y familias, mediante más de once mil actividades realizadas en escuelas de toda la ciudad. Las autoridades capitalinas han señalado que la meta es lograr una cobertura total del sistema público de educación básica y media superior, con la intención de institucionalizar la atención a la salud mental como parte del proceso educativo.
Además de la detección de riesgo suicida, la estrategia aborda problemáticas asociadas como la depresión, la ansiedad, el acoso escolar, la violencia y el consumo de sustancias, bajo la premisa de que el suicidio no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una acumulación de factores personales y sociales no atendidos. En los casos más graves, los jóvenes son canalizados a servicios de salud especializados para recibir atención continua fuera del ámbito escolar.
Pese a los avances, especialistas advierten que el reto sigue siendo enorme. La demanda de servicios de salud mental supera la capacidad instalada, y el estigma alrededor de los padecimientos emocionales continúa siendo un obstáculo para que muchos jóvenes pidan ayuda. No obstante, la experiencia de la Ciudad de México apunta a que la detección temprana, el acompañamiento profesional y la construcción de redes de apoyo pueden marcar la diferencia entre una crisis silenciosa y una intervención oportuna que salve vidas.
Con “Vida Plena, Corazón Contento”, la capital busca sentar las bases de una política pública que reconozca que la salud emocional de las juventudes no es un asunto secundario, sino un componente central del bienestar social y del futuro de la ciudad.
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