Moda ética y duradera

Durante décadas, la industria de la moda ha operado bajo una lógica lineal que parecía no tener fin: producir, consumir y desechar. Sin embargo, al inicio de este 2026, México ha decidido cortar ese hilo. Con la aprobación de la Ley General de Economía Circular por parte del Senado, el país entra en una nueva era donde la ropa deja de ser un residuo potencial para convertirse en un activo de larga duración.

Esta legislación no es solo un conjunto de normas técnicas; es una respuesta contundente a una crisis ambiental que asfixia nuestras ciudades. En la Ciudad de México, se generan diariamente cientos de toneladas de residuos textiles que terminan en vertederos, tardando siglos en degradarse. Hoy, la ley exige un cambio de paradigma: pasar del descarte a la trascendencia.

El Corazón de la Ley: La Responsabilidad Extendida

El cambio más disruptivo de esta nueva normativa es la Responsabilidad Extendida del Productor (REP). Este concepto rompe con la idea de que la relación entre la marca y el producto termina en el ticket de compra. A partir de ahora, las empresas son legalmente responsables de lo que ocurre con la prenda cuando el consumidor decide dejar de usarla.

Bajo este esquema, las marcas deben asumir el impacto ambiental de todo el ciclo de vida de sus productos. Esto implica tres pilares fundamentales:

  1. Ecodiseño: Diseñar prendas que sean intrínsecamente duraderas, fáciles de reparar y, finalmente, reciclables.
  2. Logística Inversa: Implementar sistemas de recolección o devolución donde el ciudadano pueda entregar su ropa usada para que la empresa le dé un tratamiento adecuado.
  3. Transparencia: Registrar ante las autoridades ambientales un plan de manejo detallado que explique cómo cumplirán con estas metas.

Como señala la Dra. Elena Ruiz, especialista en derecho ambiental: “La ley obliga a las empresas a ver la basura no como un problema ajeno, sino como un error de diseño que ellas mismas deben corregir. Es devolverle la ética a la producción”.

Desafíos y Oportunidades: ¿El fin del ‘Fast Fashion’?

Para los Millennials y Centennials, que han crecido viendo el impacto devastador del fast fashion en regiones como el desierto de Atacama o los ríos de Asia, esta ley representa una victoria moral. No obstante, su implementación será gradual. Las marcas enfrentarán costos iniciales para ajustar sus cadenas de suministro y procesos de fabricación.

Sin embargo, donde algunos ven obstáculos, el espíritu emprendedor mexicano ve oportunidades. La Ley de Economía Circular fomenta la innovación en nuevos materiales —como fibras orgánicas o textiles a partir de residuos agrícolas— y potencia modelos de negocio que ya estaban ganando terreno entre los jóvenes: la reventa (resale), el alquiler de prendas y los talleres de reparación.

Las empresas que logren adaptarse no solo evitarán sanciones, sino que obtendrán reconocimientos oficiales que mejorarán su posicionamiento en un mercado donde el “consumidor consciente” es cada vez más exigente. La sostenibilidad ha dejado de ser una estrategia de marketing para convertirse en una obligación legal y un valor competitivo.

Desde una perspectiva de valores, esta ley se alinea profundamente con el concepto del Cuidado de la Casa Común. El respeto por la creación y la administración responsable de los recursos naturales son principios que resuenan en la identidad mexicana. Los mexicanos siempre hemos tenido una cultura de “sacarle provecho” a las cosas, de heredar la ropa entre hermanos y de valorar el trabajo artesanal. Esta ley, en cierto sentido, formaliza ese valor de la sobriedad y el cuidado que ya vivía en muchas de nuestras familias.

El respeto a la legalidad es otro pilar fundamental aquí. Al establecer reglas claras y sanciones para quienes las ignoren, México fortalece su estado de derecho en materia ambiental. No se trata solo de proteger el suelo o el agua, sino de proteger a las personas que sufren las consecuencias de la contaminación.

La Ciudadanía como Motor de Cambio

El éxito de la Ley General de Economía Circular no depende únicamente de las empresas o del Ejecutivo Federal, que ahora tiene la tarea de su publicación y reglamentación. El papel del ciudadano es vital. La ley abre la puerta para que el consumidor exija calidad y responsabilidad.

A medida que las marcas implementen sus planes de recolección, nosotros, como sociedad, debemos adoptar el hábito de devolver y reciclar. El valor de la solidaridad se manifiesta aquí en el pensamiento generacional: cuidar hoy lo que otros usarán mañana.

Vestir el Futuro

La aprobación de esta ley es una “buena noticia” que demuestra que México puede liderar cambios profundos en América Latina. Estamos ante la oportunidad de dignificar la industria de la moda, transformándola en un sector que respete tanto al trabajador que hilvana la prenda como al ecosistema que provee la materia prima.

El 2026 inicia con un mensaje claro: la era del descarte ha terminado. Hoy elegimos la permanencia sobre lo efímero, la responsabilidad sobre la indiferencia y la vida sobre el desperdicio.

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