Davos 2026: La batalla final de las élites

El Foro Económico Mundial de este año no pasará a la historia por las vanas promesas de cada año, sobre un mundo interconectado, sino por el eco ruidoso de un portazo: el de Donald Trump sobre la mesa de Davos. Lo que durante décadas fue la catedral del pensamiento globalista se ha transformado en un escenario donde Europa se pasan en una rendición preventiva. Estamos ante la “batalla final del globalismo”, y el diagnóstico de analistas como Pablo Muñoz Iturrieta es demoledor: la élite transnacional ya no está liderando el futuro, está intentando negociar sus fichas con el cambio de ruta que ha planteado Washington: no más subsidios a los experimentos de Europa que se resquebraja en distintos frentes.

Contrario a las lecturas de los medios de comunicación hegemónicos, Trump está replegando a Estados Unidos a su área de influencia: América. Y en los hechos, reconoce que más que un poder global que conduce planeta, hay una triada de poder que comparte con la grandiosa manufactura China y la maquinaria de guerra de Rusia. 

Estados Unidos tiene enormes desafíos económicos en su interior y no puede seguir subsidiando a organismos globalistas diseñados después de la caída del muro de Berlín. Es realismo crudo y duro. En Davos, el mismísimo Larry Fink, copresidente del Foro Económico Mundial y director ejecutivo de BlackRock, reconoció abiertamente que las élites globales han perdido la confianza pública: “El mundo confía mucho menos en nosotros para contribuir a definir el futuro”. Admiten la pérdida de confianza pública, pero omiten que esa desconfianza es el fruto de años de agendas desconectadas de la realidad del ciudadano de a pie.

El globalismo, por ahora se pasma, la soberanía ha vuelto al centro del tablero y no parece tener intención de marcharse en el corto plazo, mientras Trump este al mando del gobierno de EU. La tesis de Trump es clara: si quieres acceso al mercado más grande del mundo, debes pagar un peaje, ya sea en dólares o en concesiones estratégicas, en esa fase se enmarca el control de Groenlandia.

El uso del arancel como herramienta de presión diplomática ha dejado en evidencia que las instituciones multilaterales como la ONU, la OMC, el propio World Economic Forum, son hoy meros espectadores de una partida de ajedrez donde solo juegan los fuertes.

En este punto, toma relevancia el uso de la Inteligencia Artificial. Antes los líderes del globalismo proyectaban un futuro distópico con mil millones de desempleados, desplazados por la tecnología, y para ello se necesitaba el control (la gobernanza) mundial. Frente a esta idea, ahora la IA no se va a regular para salvar empleos en otros continentes; se va a acelerar para ganar la guerra comercial contra China.

Es el anuncio de una competencia descarnada. La paradoja es que mientras la élite de Davos llega en sus jets privados a pedirnos sacrificios energéticos, el motor del mundo cambia de combustible.

La batalla final en está en marcha: El modelo de un mundo dirigido por “expertos” a los que nadie ha elegido está colapsando, ante la fuerza de EU que no pide permiso para avanzar en la repartición del mundo. 

El mundo que surge de este 2026 es fragmentado, volátil y, para muchos, aterrador. Pero es, sobre todo, un mundo donde las naciones vuelven a mirarse al espejo antes de mirar a Suiza. Davos ya no es el futuro; es el museo de una utopía que olvidó preguntar a los pueblos si querían formar parte de ella.

En la foto de Yalta, cuando los líderes ganadores de la segunda guerra mundial se repartieron al mundo, aparecen Winston Churchill, por Europa; Franklin Delano Roosevelt, por Estados Unidos; y Iósif Stalin, por la ex Unión Soviética. Ahora esa foto se ha transformado dramáticamente: Europa ya no está, perdió su sitio, entretenida por utopías globalistas; en su lugar aparece China, con su poderío militar y su gigantesca fabricación de productos. Rusia mantiene su asiento y también Estados Unidos. 

Podemos seguir hablando del enorme ego de Trump, de su terrible actitud que insulta a todos, o mirar más allá de las emociones y entender lo que realmente sucede en nuestro planeta. Mientras Trump puede perder poder en noviembre por las elecciones intermedias; Xi y Putin se mantienen pacientes esperando aprovechar los acontecimientos que se vivirán al interior de Estados Unidos. Ellos no tienen oposición en sus áreas de influencia, vamos ni pierden tiempo en la democracia, y a la disidencia se le castiga con violencia.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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