En medio de un mundo atravesado por guerras prolongadas, tensiones geopolíticas y una creciente desconfianza hacia las instituciones internacionales, Estados Unidos eligió uno de los escenarios más influyentes del planeta para lanzar una nueva apuesta diplomática: el “Board of Peace”. El anuncio se realizó durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, un espacio donde cada año convergen jefes de Estado, líderes empresariales, organismos multilaterales y voces influyentes de la sociedad civil.
La iniciativa, presentada como un mecanismo para promover el diálogo internacional y la resolución pacífica de conflictos, despertó de inmediato reacciones encontradas. Para algunos, se trata de un intento serio por recuperar el liderazgo global en materia de paz; para otros, de una propuesta cargada de contradicciones, especialmente cuando se observa el historial reciente de la política exterior estadounidense.
Más allá del anuncio, el “Board of Peace” reabre una pregunta de fondo: ¿puede una potencia militar encabezar con credibilidad un nuevo esfuerzo global por la paz?
¿Por qué Davos? El escenario no es casual
Davos no es un foro diplomático tradicional. No es la ONU ni una cumbre regional. Es un espacio donde economía, política y poder simbólico se entrelazan. Presentar ahí el “Board of Peace” significa colocar la paz como un tema estructural, inseparable de la estabilidad económica, la inversión y el desarrollo.
“Hoy los conflictos no solo se miden en muertos o desplazados, sino en inflación, cadenas de suministro rotas y pobreza creciente”, afirmó en un panel paralelo Antony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, al defender la necesidad de nuevas plataformas de diálogo. “La paz ya no es un asunto idealista, es un imperativo económico y humano”, subrayó.
Desde esta lógica, Davos se convierte en un amplificador global. Lo que ahí se dice no queda en el terreno de lo simbólico: impacta mercados, decisiones corporativas y agendas gubernamentales.
¿En qué consiste el “Board of Peace”?
De acuerdo con el Departamento de Estado, el “Board of Peace” busca conformar un consejo permanente de líderes políticos, diplomáticos, exjefes de Estado, expertos en resolución de conflictos y figuras con legitimidad internacional, con capacidad de intervenir como mediadores en conflictos activos o latentes.
Entre sus objetivos declarados se encuentran:
- Facilitar canales de diálogo entre actores enfrentados.
- Impulsar soluciones diplomáticas antes de que los conflictos escalen.
- Fortalecer mecanismos multilaterales existentes, sin sustituirlos.
- Integrar enfoques humanitarios, económicos y sociales en la resolución de disputas.
Funcionarios estadounidenses insistieron en que no se trata de un organismo coercitivo, sino de un espacio de concertación moral y política, capaz de generar confianza donde hoy predomina la ruptura.
Algunos líderes y analistas recibieron positivamente la propuesta. Desde Europa, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, señaló que “toda iniciativa que apueste por la prevención de conflictos merece ser escuchada, especialmente en un momento de fragmentación global”.
En Davos, representantes de organizaciones humanitarias destacaron que la diplomacia preventiva suele ser menos costosa —en vidas y recursos— que la guerra. Según datos del Banco Mundial, los países afectados por conflictos pierden en promedio 2% de su PIB anual, además de sufrir retrocesos sociales de décadas.
Para países pequeños o medianos, un mecanismo de mediación internacional puede significar una oportunidad de voz frente a potencias militares o económicas.
Las críticas: autoridad moral en entredicho
Pero el entusiasmo no fue unánime. Varias delegaciones y analistas cuestionaron abiertamente la legitimidad moral de Estados Unidos para liderar un esfuerzo global por la paz.
“El problema no es la idea, sino el mensajero”, señaló en entrevista con medios internacionales la politóloga francesa Delphine Allès. “Estados Unidos habla de paz mientras mantiene presencia militar en decenas de países y continúa siendo uno de los mayores exportadores de armas del mundo”.
De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Estados Unidos concentró más del 40% de las exportaciones globales de armas en los últimos años. Para críticos del “Board of Peace”, esta cifra contradice el discurso pacifista que ahora se impulsa desde Davos.
Un rostro humano del conflicto
Para entender la dimensión real de estos debates, basta escuchar a quienes viven la guerra lejos de los foros internacionales. Nadia, una joven refugiada ucraniana de 27 años, relató desde Polonia: “Cuando los líderes hablan de paz, para nosotros significa volver a casa, no vivir de discursos. Ojalá este consejo sirva, pero necesitamos hechos, no solo anuncios”.
Su testimonio refleja una verdad incómoda: la paz no se mide en comunicados, sino en vidas reconstruidas. La dignidad humana debe ser el centro de toda acción política, y la paz es fruto de la justicia, no solo de la negociación.
Implicaciones globales: ¿nuevo liderazgo o reposicionamiento estratégico?
El “Board of Peace” también debe leerse en clave geopolítica. En un contexto donde potencias como China y Rusia disputan influencia global, Estados Unidos busca reposicionarse como actor indispensable en la gobernanza internacional.
Para América Latina, África y Medio Oriente, la iniciativa abre interrogantes: ¿será un espacio verdaderamente plural o un instrumento más de influencia occidental? ¿Tendrá voz el Sur Global o solo será consultado?
Desde la perspectiva de los valores mexicanos —diálogo, soberanía y respeto a la legalidad—, cualquier iniciativa de paz debe garantizar equilibrio, inclusión y respeto a los pueblos, evitando imposiciones disfrazadas de buenas intenciones.
Escenarios futuros: entre la esperanza y el escepticismo
El verdadero impacto del “Board of Peace” dependerá de su implementación concreta: quiénes lo integren, qué conflictos atienda, y si sus recomendaciones se traducen en acciones reales.
Como recordó el Papa Francisco en diversas ocasiones, “la paz no se improvisa, se construye”. Y esa construcción exige coherencia entre discurso y práctica, entre poder y servicio.
El anuncio en Davos es apenas el primer paso. El mundo observará si este consejo se convierte en un instrumento eficaz de reconciliación o en una más de las promesas que se diluyen entre cumbres y declaraciones.
El lanzamiento del “Board of Peace” coloca nuevamente a Estados Unidos en el centro del debate sobre la paz global. En un mundo cansado de guerras interminables, la iniciativa despierta esperanza, pero también una legítima exigencia de coherencia. La paz, como recuerda la Doctrina Social de la Iglesia, no puede construirse sin verdad, justicia y respeto a la dignidad humana.
Davos escuchó el anuncio. Ahora, el mundo espera resultados.
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