Hackeando el sistema desde la banqueta

Enero de 2026 marca un punto de inflexión en la psicología colectiva de México. Tras los intensos ciclos electorales de años recientes, ha quedado al descubierto una verdad que las nuevas generaciones —Millennials y Gen Z— han comenzado a digerir con crudo realismo: depositar una boleta en una urna cada tres o seis años es un mecanismo necesario, pero profundamente insuficiente para garantizar una vida digna. La democracia, si no se ejerce a diario, se oxida.

Hoy, el desencanto con la “clase política” tradicional ha dado paso a un fenómeno mucho más potente: la ciudadanía de proximidad. Se trata de entender que la política no es ese espectáculo lejano que ocurre en el Congreso o en los palacios de gobierno, sino la gestión de lo que nos es común: el agua que llega a nuestras casas, la seguridad de la plaza donde corren nuestros perros y la transparencia en el uso de los impuestos que pagamos cada mes.

Desmitificar la política: Un asunto de todos

Para muchos jóvenes de entre 18 y 35 años, la palabra “política” tiene una connotación negativa, asociada a la corrupción o a la retórica vacía. Sin embargo, el politólogo Giovanni Sartori recordaba que “la política nos afecta a todos, incluso si nosotros no nos ocupamos de ella”. En 2026, desmitificar este concepto es urgente.

Participar no es necesariamente militar en un partido o buscar un cargo público. Participar es ejercer la soberanía ciudadana. Según datos del Índice de Desarrollo Democrático de México (IDD-Mex), los estados con mayores niveles de bienestar no son necesariamente los que tienen presupuestos más altos, sino aquellos con redes de sociedad civil más robustas. La organización ciudadana actúa como un contrapeso vital: donde hay ciudadanos vigilantes, hay gobiernos más honestos.

Los Observatorios Ciudadanos: El ojo del experto social

Una de las herramientas más poderosas y menos utilizadas en México son los Observatorios Ciudadanos. Estas organizaciones, conformadas por especialistas, académicos y vecinos interesados, se encargan de monitorear datos reales sobre seguridad, justicia, medio ambiente y finanzas públicas.

En 2026, la tecnología ha facilitado esta labor. Plataformas digitales permiten hoy que cualquier ciudadano consulte el ejercicio del presupuesto en tiempo real. Entidades como el Observatorio Nacional Ciudadano (ONC) han demostrado que, cuando la sociedad tiene datos duros en la mano, el discurso oficial no tiene más remedio que ajustarse a la realidad. Involucrarse en un observatorio es pasar del “yo creo que las cosas están mal” al “aquí están las pruebas de lo que falta por hacer”.

La trinchera más importante: La junta vecinal

Si los observatorios son la macro-vigilancia, las juntas o comités vecinales son la micro-resistencia por la calidad de vida. Es aquí donde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) encuentra su aplicación más pura a través del principio de Subsidiaridad. Este principio dicta que las decisiones deben tomarse lo más cerca posible del ciudadano, y que las autoridades superiores solo deben intervenir cuando la comunidad local no pueda resolverlo por sí misma.

El valor de un mexicano se manifiesta históricamente en su capacidad de tejer lazos ante la adversidad. Lo vimos en los sismos y lo vemos hoy en las colonias que se organizan para instalar cámaras de vigilancia vecinal o para rescatar un bosque urbano. “Al principio, a las juntas solo iban personas mayores. Hoy, vemos a jóvenes que entienden que si no se involucran en el comité de su edificio o colonia, su plusvalía y su seguridad caen”, comenta Regina, arquitecta de 29 años y presidenta de un comité vecinal en Querétaro.

Legalidad y Estado de Derecho: El ciudadano como garante

La participación ciudadana real no opera fuera de la ley, sino que es su principal defensora. En un México donde la impunidad sigue siendo un reto, el ciudadano activo es quien exige el cumplimiento del Estado de Derecho. Esto implica conocer la Constitución, los reglamentos municipales y los mecanismos de denuncia.

El respeto a la legalidad empieza por no ser cómplice de la pequeña corrupción. Pero escala hacia la exigencia de rendición de cuentas. En 2026, participar significa también participar en los Presupuestos Participativos, donde los ciudadanos deciden directamente en qué se gasta un porcentaje del dinero municipal. Es ejercer la “auditoría social” para asegurar que los recursos lleguen a donde se prometieron.

Una responsabilidad ética

Para Yo Influyo, la participación ciudadana no es un pasatiempo, es un deber moral derivado de nuestra dignidad humana. El Bien Común no es la suma de los bienes individuales, sino el conjunto de condiciones sociales que permiten que todos y cada uno alcancen su plenitud.

Cuando nos organizamos para exigir una calle iluminada, no solo estamos buscando nuestra seguridad, estamos protegiendo al trabajador que regresa tarde, a la mujer que camina sola y al niño que juega fuera de casa. Estamos construyendo justicia social desde la base. El Papa Francisco, en su encíclica Fratelli Tutti, nos invita a una “caridad política” que sea capaz de organizar las instituciones para que la vida social sea más humana.

3 Acciones concretas para ser un ciudadano activo hoy

Si quieres influir en el rumbo de México este 2026 más allá de las próximas elecciones, aquí tienes por dónde empezar:

 * Identifica tu causa y tu grupo: No intentes arreglar todo el país a la vez. Elige un tema que te apasione (seguridad, movilidad, educación, medio ambiente) y busca una organización o colectivo que ya trabaje en ello en tu localidad. La fuerza está en la unión.

 * Infórmate con fuentes oficiales y ciudadanas: Consulta el portal de transparencia de tu municipio y compáralo con los reportes de observatorios ciudadanos. El conocimiento es el primer paso para una crítica constructiva y efectiva.

 * Asiste a tu junta vecinal (y propón): Deja de ser el vecino que solo se queja en el chat. Asiste a la próxima reunión, conoce los reglamentos de tu zona y propón una solución pequeña pero tangible. La credibilidad se construye con la presencia.

El poder de la sociedad organizada

La historia de México nos ha enseñado que los grandes cambios no vienen de un solo hombre o de una sola mujer en el poder, sino del empuje de una sociedad que deja de ser espectadora para convertirse en protagonista. En 2026, el reto es pasar de la indignación en redes sociales a la incidencia en la vida real.

Participar es un acto de esperanza. Es creer que nuestra voz tiene peso y que nuestras manos pueden transformar el entorno. Más allá del voto, la ciudadanía es un ejercicio diario de libertad y solidaridad. Al final del día, el país que queremos no es el que nos prometen, sino el que construimos juntos, calle por calle, acuerdo tras acuerdo.

México te necesita presente, no solo frente a la urna, sino frente a tu propia comunidad. ¡Es momento de influir!

Fuentes y Referencias:

 * Índice de Desarrollo Democrático de México (IDD-Mex) 2025.

 * Observatorio Nacional Ciudadano (ONC) – Reporte sobre Incidencia Delictiva y Participación Social.

 * Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: El principio de subsidiaridad y la vida política.

 * Ley de Participación Ciudadana (CDMX y Federal).

 * Encíclica Fratelli Tutti, Papa Francisco (Capítulo V: La mejor política).

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