La educación en México avanza, pero lo hace con el freno puesto. El más reciente informe Education at a Glance 2025, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), confirma que el país ha logrado ampliar la cobertura educativa en las últimas décadas, aunque sigue atrapado en rezagos estructurales que lo colocan en los últimos lugares del bloque en inversión, resultados y nivel educativo de su población joven.
El diagnóstico de la OCDE es claro: México educa a más personas que antes, pero no logra que permanezcan ni concluyan sus estudios, particularmente en los niveles medio superior y superior. Apenas alrededor de dos de cada 10 jóvenes entre 25 y 34 años han terminado una licenciatura, una proporción que coloca al país en el último sitio entre las economías miembros de la organización. El contraste es fuerte frente al promedio de la OCDE, donde casi la mitad de los jóvenes adultos cuenta con estudios universitarios.
La brecha se amplía aún más en los niveles de posgrado. Sólo una fracción mínima de la población joven en México ha concluido una maestría o un doctorado, muy lejos de los estándares internacionales. Para la OCDE, este rezago tiene efectos directos en la productividad, la innovación y la capacidad del país para insertarse en sectores de mayor valor agregado.
Uno de los factores centrales detrás de este desempeño es la inversión. México se mantiene como uno de los países que menos recursos destina a la educación por estudiante. En los niveles básico y medio superior, el gasto anual por alumno es varias veces inferior al promedio de la OCDE, una diferencia que no sólo se refleja en infraestructura y materiales, sino también en condiciones laborales del personal docente, atención individualizada y servicios de apoyo escolar. En educación superior, el patrón se repite, la inversión por estudiante se ubica muy por debajo de la media internacional.
Aunque el país destina poco más del cuatro por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) a la educación, la OCDE advierte que este esfuerzo resulta insuficiente cuando se combina con el tamaño del sistema educativo y el nivel de desarrollo económico. En términos reales, los recursos disponibles por estudiante siguen siendo limitados, lo que condiciona la calidad de la enseñanza desde los primeros años de escolaridad.
El informe también exhibe tensiones en la organización del sistema educativo. En educación primaria, México imparte menos horas de clase al año que el promedio de la OCDE, mientras que en secundaria la carga horaria es mayor. A esto se suma el tamaño de los grupos, que en primaria supera la media internacional, un factor que incide en la atención personalizada y en los procesos de aprendizaje, especialmente en contextos de alta desigualdad social.
A pesar de este panorama, la OCDE reconoce algunos avances. En los últimos años se ha reducido el porcentaje de jóvenes que no concluyen la educación media superior, un indicador clave para el acceso al empleo formal y a estudios posteriores. Sin embargo, el nivel sigue siendo elevado en comparación con otros países, lo que confirma que la deserción escolar continúa siendo uno de los principales cuellos de botella del sistema educativo mexicano.
Las desigualdades sociales siguen marcando el trayecto educativo. El origen socioeconómico pesa de manera decisiva en la permanencia y conclusión de los estudios. Los jóvenes que provienen de hogares con mayor nivel educativo tienen muchas más probabilidades de llegar a la universidad que aquellos que crecen en contextos de pobreza o rezago. Esta reproducción de la desigualdad, advierte la OCDE, limita la movilidad social y profundiza las brechas de ingreso a lo largo de la vida laboral.
Otro punto crítico es la limitada internacionalización del sistema educativo. México sigue siendo un destino marginal para estudiantes extranjeros y, al mismo tiempo, enfrenta dificultades para retener talento altamente calificado. La baja proporción de estudiantes internacionales en sus universidades refleja una inserción débil en los circuitos globales del conocimiento, un aspecto que otros países han utilizado como palanca para fortalecer sus sistemas de educación superior.
El informe subraya que los beneficios de la educación siguen siendo claros incluso en México. A mayor nivel educativo, mejores ingresos y menores tasas de desempleo. No obstante, también advierte que el premio salarial por estudiar se reduce cuando la calidad es baja o cuando los títulos no se traducen en competencias pertinentes para el mercado laboral, un riesgo latente en sistemas con escasa inversión y débil articulación con el sector productivo.
La radiografía que ofrece Education at a Glance 2025 coloca a México frente a una disyuntiva. El país ha logrado ampliar el acceso a la educación y sostener la matrícula, pero no ha sido capaz de cerrar las brechas en calidad, inversión y resultados. Para la OCDE, el desafío no es solo gastar más, sino gastar mejor: fortalecer la educación media superior, reducir la deserción, elevar la calidad de la enseñanza y asegurar que el origen social no determine el destino educativo.
En un contexto de transformación tecnológica y cambios acelerados en el mercado laboral, el informe advierte que mantener el actual ritmo de avance podría dejar a México rezagado frente a otras economías. La educación, concluye el organismo, sigue siendo una de las herramientas más poderosas para el desarrollo, pero solo si se convierte en una prioridad sostenida y efectiva de política pública.
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