La noticia de la captura y posterior traslado del expresidente venezolano Nicolás Maduro fue una auténtica sorpresa a nivel internacional que millones hemos recibido como el mejor regalo de Año Nuevo que hayamos recibido en nuestras vidas.
El hecho de que Maduro haya perdido el poder no implica que Venezuela se haya liberado del populismo.
Donald Trump, artífice de una operación, que bien puede ser calificada como magistral, ha dejado muy {en claro que no permitirá que María Corina Machado, principal lideresa de la oposición y Premio Nobel de la Paz, acceda a la Presidencia.
Y no lo permitirá porque sea un capricho personal sino más bien porque Trump -gracias a la información que le ha proporcionado la CIA- sabe mejor que nadie que el chavismo es tan poderoso que si Corina llegase en estos momentos al Palacio de Miraflores no duraría ni un mes en su puesto.
Y no podría ser de otra manera puesto que durante más de un cuarto de siglo (27 años para ser exactos) que los seguidores de Hugo Chávez han detentado el poder han tenido tiempo más que suficiente para desintegrar las fuerzas armadas reemplazándolas por elementos dóciles. Asimismo, los chavistas controlan también el Parlamento, el Poder Judicial y los principales medios de comunicación.
Y lo que es aún peor: Durante todo este tiempo, toda una generación de venezolanos, al no conocer otra realidad, ha crecido con el criterio deformado por el chavismo.
Esa es la razón por la cual Trump permite que Delcy Rodríguez sea la nueva presidencia y a cambio de dicha concesión le pide petróleo y tolera que tanto ella como Diosdado Cabello se desahoguen insultando a los Estados Unidos y pidiendo la liberación de Maduro.
Por lo pronto, Delcy Rodríguez -ala moderada del chavismo- en oposición a Diosdado Cabello ha decretado que un buen número de presos políticos sean sacados de la prisión del Helicoide y puestos en libertad.
Lo más probable es que -sumisos a Trump- los nuevos dirigentes venezolanos empiecen a desmontar las estructuras del chavismo en una operación que será difícil y que habrá de llevarles mucho tiempo.
Y así hasta que Venezuela recupere la Democracia perdida puedan celebrarse elecciones libres y que, con toda seguridad, María Corina -a salvo ya de peligrosos obstáculos- se convierta en la nueva presidenta.
Entretanto, si logra imponerse el ala moderada del chavismo, lo más probable es que acaben arrinconando a un Diosdado Cabello que terminará sus días en el exilio.
A pesar de que un amanecer de libertad ha llegado para su patria, los venezolanos han sido cautos al no salir a las calles a festejar pues saben muy bien que si lo hicieran ello podría costarles la vida.
Otra consecuencia -quizás a mediano plazo- sería que al no darle petróleo a Cuba, Rusia, China e Irán, esto podría significar una esperanza para los cubanos cuyos gobernantes, al haberse quedado ya sin energéticos, verían que no las tienen todas consigo al ver como la miseria desespera al pueblo empujándolo a cometer los peores excesos.
Las consecuencias habrán de sentirse a corto plazo en Colombia en donde el presidente populista Gustavo Petro no las tiene todas consigo por aquello de que “cuando veas las barbas de tu vecino quemar pon las tuyas a remojar”
Si echamos un vistazo a lo ocurrido en Hispanoamérica de un par de meses a la fecha, observamos como el mapa se ha teñido de azul puesto que, después de celebrarse libres, tres países se han pasado a la derecha: Honduras, Bolivia y Chile.
Y dentro del mismo análisis que habla del posible fin del populismo en Hispanoamérica, tenemos un país cuyo gobernante ha de estar padeciendo diarrea en estos momentos.
Nos referimos a Daniel Ortega, presidente de Nicaragua y aún peor dictador que el narcotraficante Maduro.
¿Qué ocurrirá con Nicaragua? ¿Permitirá Trump que un asesino se perpetúe en el poder?
Interesante cuestión que prometemos tratar con mayor detalle en nuestro próximo comentario.
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