El mapa de la persecución religiosa en 2026

El mundo se apresura a cumplir sus metas de año nuevo, una realidad silenciosa pero devastadora se extiende por los cinco continentes: la libertad religiosa está en caída libre. Lo que alguna vez se consideró un pilar inamovible de las democracias modernas se ha transformado en un “derecho de lujo” o, peor aún, en una sentencia de muerte en decenas de naciones.

Según el Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2025 de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), más de 5,400 millones de personas viven en países donde este derecho es violado de forma sistemática. Pero más allá de las estadísticas, el inicio de 2026 nos obliga a preguntarnos: ¿por qué la fe se ha vuelto tan peligrosa para el poder?

El Mapa del Dolor: Los Retos Globales

A nivel global, el panorama es sombrío. En la región del Sahel, en África, el fundamentalismo violento ha convertido la identidad religiosa en una diana. Países como Burkina Faso, Nigeria y Somalia encabezan la lista de “persecución extrema” de organizaciones como Open Doors. Aquí, ser cristiano o un musulmán moderado que se opone a la radicalización es, literalmente, vivir con el tiempo prestado.

En Asia, el panorama no es más alentador. El informe bienal de 2025 destaca que en países como China y Corea del Norte, el Estado percibe cualquier lealtad que no sea hacia el partido gobernante como una amenaza a la seguridad nacional. Las iglesias son demolidas, los sistemas de reconocimiento facial vigilan a quienes asisten a un culto y los nombres de comunidades enteras son borrados de la geografía oficial para eliminar su identidad histórica.

Incluso en las democracias occidentales, donde no hay hogueras ni cárceles para los fieles, la libertad religiosa enfrenta una “persecución de guante blanco”. El Dr. Mons. Enrique Benavent señalaba recientemente que en Europa se cuestiona cada vez más el derecho a vivir según las propias convicciones en el espacio público, restringiendo la objeción de conciencia en temas éticos fundamentales.

México: El foco rojo que no queremos ver

Al aterrizar en suelo mexicano, la narrativa de un “país de fe” choca con datos brutales. Para el inicio de 2026, México se consolida como uno de los países más peligrosos del mundo para los ministros de culto. No se trata solo de persecución ideológica, sino de una pinza asfixiante compuesta por el crimen organizado y un autoritarismo creciente.

  1. El Crimen Organizado como censor: En estados como Michoacán, Guerrero y Zacatecas, el narcotráfico ha asumido el papel de “Estado paralelo”. Los sacerdotes y pastores que intentan pacificar a sus comunidades o denunciar el reclutamiento forzado de jóvenes se convierten en objetivos. La libertad de culto en estas zonas está supeditada al permiso del “capo” local. “Ya no es solo que te dejen dar misa, es que te dicen qué puedes decir y qué no en la homilía”, relata el testimonio anónimo de un párroco desplazado de la Tierra Caliente.
  2. Intolerancia en comunidades indígenas: Un fenómeno que ha repuntado a finales de 2025 y principios de 2026 es el desplazamiento forzado por “usos y costumbres”. En comunidades de Oaxaca e Hidalgo, familias enteras de confesión evangélica han sido expulsadas de sus hogares, sus tierras confiscadas y sus templos quemados bajo el pretexto de no participar en fiestas patronales que contravienen su conciencia. El caso de San Juan Lalana, en Oaxaca, sigue siendo una herida abierta con desplazados que este enero aún no pueden regresar a sus casas.

La Libertad Religiosa no es una concesión

La libertad religiosa no es un “favor” que el gobierno nos concede. Es un derecho humano pre-político, anterior al Estado, que emana de la dignidad intrínseca de la persona. El artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y nuestra propia Constitución son claros: cada individuo tiene derecho a vivir su fe en público y en privado.

Para los Millennials y Centennials, este tema suele sonar distante, pero es la base de todas las libertades. Si el Estado tiene el poder de entrar en el recinto más sagrado de un ser humano —su conciencia— y decirle qué puede creer o cómo debe orar, entonces tiene el poder de controlarlo todo. La libertad religiosa es el “canario en la mina”: cuando esta muere, la libertad de prensa, la libertad de asociación y la libertad de expresión son las siguientes.

Un llamado a la solidaridad y la acción

Este 2026 debe ser el año en que los mexicanos recuperemos la valentía cívica. Los valores que nos definen —la hospitalidad, la fe profunda y la resiliencia— deben volcarse hacia la solidaridad con las comunidades perseguidas. ¿Qué podemos hacer?

 * Visibilizar: No permitamos que la persecución en Chiapas o en el Sahel sea una nota a pie de página. Informarse es el primer paso para proteger.

 * Exigir legalidad: La libertad religiosa no debe estar sujeta a asambleas ejidales ni a pactos con la delincuencia. El Estado mexicano debe garantizar el libre ejercicio de la fe en cada rincón del país.

 * Vivir con coherencia: La mejor defensa de la libertad religiosa es ejercerla. Una fe que se traduce en acciones de Bien Común es mucho más difícil de erradicar.

Al cerrar este análisis, recordamos que la historia de México está escrita con la sangre de quienes defendieron su derecho a creer. En 2026, la persecución ha cambiado de rostro, pero la esencia es la misma: el intento de silenciar la esperanza. Como sociedad, nuestra respuesta debe ser la unidad. No importa si eres católico, protestante, judío o no creyente; la defensa de la conciencia ajena es la única garantía de que la nuestra permanezca libre.

La fe no es un privilegio del pasado, es el motor de libertad del futuro.

Fuentes y Referencias:

 * Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN). Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2025.

 * Open Doors (Puertas Abiertas). Lista Mundial de la Persecución 2026.

 * Observatorio de Libertad Religiosa en América Latina y El Caribe (OLIRE).

 * Declaración Universal de los Derechos Humanos, Artículo 18.

 * Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Artículo 24.

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