México llega a 2026 en una encrucijada histórica: la que separa la democracia liberal, construida durante 30 años de transición, de un nuevo sistema político basado en la concentración de poder, la opacidad y la erosión sistemática de contrapesos.
El Reporte “Mexico Country Outlook 2026” del Centro Estados Unidos–México del Instituto Baker (Rice University) advierte que la democracia mexicana está entrando en su etapa más delicada desde el año 2000. El informe señala que, aun sin un quiebre formal, las condiciones democráticas se están deteriorando a un ritmo acelerado, especialmente tras las elecciones de 2024, que otorgaron al oficialismo un poder legislativo y territorial sin precedentes.
El diagnóstico coincide con estudios de Freedom House, que en 2025 calificó a México como un país “parcialmente libre” por sexto año consecutivo, y con el Latinobarómetro 2024, donde solo el 25% de los mexicanos dijo estar satisfecho con la democracia, el nivel más bajo desde 2004.
Pero más allá de los indicadores, el retroceso se siente en la vida diaria: periodistas intimidados, ciudadanos desinformados, fiscales presionados políticamente y poderes públicos incapaces de ejercer autonomía real. Así lo expresa Mariana López, maestra de preparatoria en Iztapalapa, quien confiesa: “Mis alumnos creen que la política es puro pleito. No sienten que su voto sirva de algo. Cuando ven que todo el poder está en manos de un solo grupo, se preguntan para qué participar.”
La desafección democrática juvenil no es un fenómeno aislado: está directamente relacionada con la percepción de que el sistema ya no responde a la ciudadanía, sino a un proyecto político hegemónico.
Concentración de poder: la presidencia como eje absoluto
Con la llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum, México vive la mayor concentración de poder desde 1994. MORENA y sus aliados alcanzaron, según el Baker Institute, una supermayoría del 73% en ambas cámaras, aun con solo el 54% del voto popular.
Este desequilibrio entre voto y poder legislativo permitió:
- Reformas constitucionales aceleradas
- Desaparición de organismos autónomos
- Reconfiguración del sistema judicial
- Cambios estructurales sin contrapesos reales
Entre los órganos absorbidos por dependencias del Ejecutivo destacan:
- INAI
- IFT
- COFECE
- CONEVAL
- CRE
- CNH
Organismos que representaban décadas de construcción institucional y protección a los derechos ciudadanos. El constitucionalista José Antonio Aguilar Rivera describió el momento con contundencia en Nexos: “Estamos frente a un proceso de desinstitucionalización. No es un golpe, pero sí una regresión profunda: un presidencialismo sin frenos.”
Este modelo no solo cancela equilibrios formales, sino que también genera incentivos para que los gobiernos estatales y municipales imiten prácticas centralistas o clientelares.
La reforma judicial: la justicia como herramienta partidista
El cambio más grave —según el Baker Institute y múltiples organizaciones como México Evalúa— es la sustitución del modelo profesional de selección de jueces por uno de jueces electos. Riesgos principales:
- Politización extrema: los candidatos dependerán de partidos.
- Pérdida de profesionalización: los requisitos disminuyeron.
- Cooptación: muchos candidatos electos están afiliados a MORENA.
- Uso de la justicia para castigar disidencias.
La jueza federal retirada Luz María Aguilar, en entrevista con El País, advirtió: “Cuando la justicia depende del humor político, no hay justicia. Solo queda el miedo.” Para ciudadanos y empresas, esto significa que decisiones administrativas, contratos, litigios fiscales o permisos podrían quedar sujetos a la voluntad política, no a la ley. Un emprendedor de Querétaro, Jorge Hernández, describe el clima así: “Hoy nadie sabe si un juez decidirá por derecho o por presión. Y cuando inviertes tu patrimonio, esa incertidumbre pesa más que cualquier impuesto.”
Militarización: el actor que todo lo hace, todo lo controla y nadie vigila
El informe destaca otro punto crítico: la militarización multifuncional del Estado mexicano. Para 2026, las Fuerzas Armadas:
- Controlan puertos, aduanas y aeropuertos
- Operan trenes, hoteles, aerolíneas y constructoras
- Administran obras públicas estratégicas
- Ejercen labores de seguridad pública
- Reciben presupuestos crecientes, sin transparencia
El ejército opera empresas estatales como Mexicana de Aviación y participa en megaproyectos como el Tren Maya, generando un conflicto de rol:
- juez (seguridad)
- árbitro (regulador)
- competidor económico (empresas militares)
Esto, como advierte la investigadora R. Graciela Rodríguez de CIDE, abre la puerta a “opacidad estructural” y distorsiones de mercado que inhiben la inversión privada y consolidan a los militares como un “poder fáctico paralelo”.
Desinformación, polarización y postverdad: la democracia emocional
La erosión institucional se combina con un fenómeno cultural profundo: la normalización de la polarización. El discurso público —intencionalmente diseñado desde el poder, según varios analistas— mezcla:
- Adversarios imaginarios
- Narrativas de “pueblo vs. élite”
- Estigmatización de críticos
- Propaganda centralizada
- “Datos alternativos” para justificar reformas
Todo esto genera una democracia emocional donde la verdad deja de importar, y lo que pesa es la lealtad al grupo.
El Informe 2024 de Reporteros Sin Fronteras ubicó a México como uno de los países más peligrosos para la prensa, y Artículo 19 documentó más de 750 agresiones contra periodistas en 2023–2024 vinculadas a autoridades. La estudiante de comunicación Renata Villaseñor, 22 años, lo resume así: “Sentimos que si dices algo que no le gusta al gobierno, te van a exhibir. Muchos prefieren callar. Y eso también mata la democracia.”
El diagnóstico es claro:
- La autoridad existe para servir, no para dominar.
- El poder debe ser limitado por la ley.
- La justicia no puede depender de partidos.
- La dignidad humana exige transparencia y participación.
México tiene una tradición ciudadana fuerte —barrio, comunidad, familia, esfuerzo— que históricamente ha frenado abusos del poder. Hoy, frente al desgaste democrático, esa reserva moral vuelve a ser esencial.
Conclusión: 2026, un año decisivo que exige ciudadanía despierta
El deterioro democrático de México no es súbito, pero sí profundo. Las señales están ahí: concentración de poder, judicialización partidista, militarización, opacidad, polarización.
Sin embargo, ningún retroceso es irreversible. La historia mexicana demuestra que la sociedad civil, las familias, los jóvenes y los ciudadanos pueden corregir el rumbo cuando participan activamente.
La pregunta no es solo qué hará el gobierno en 2026. La pregunta es qué haremos los ciudadanos para defender nuestra libertad, nuestra dignidad y nuestra democracia.
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